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Claves para entender el comentario filológico y el comentario lingüístico

    Aportamos una nueva entrada en la que trataremos de dejar clara la tenue división entre el comentario lingüístico y filológico. Nos interesa sobremanera definir los puntos de unión entre ambas modalidades. De esta forma, intentaremos arrojar luz sobre las dudas que nos habéis trasladado algunos opositores sobre el examen práctico de Madrid en relación a una de las cuestiones planteadas: realización de un análisis filológico de la letrilla de Lope: “Blancas coge Lucinda/ las azucenas…”.

    La cuestión es la siguiente: el texto pertenece a la modernidad lingüística y literaria, por tanto, ¿qué se puede comentar del plano filológico en un texto cuyo diasistema lingüístico coincide con el actual?

    Asociación única del análisis filológico con textos medievales

    Solemos asociar el comentario filológico de manera casi exclusiva a los textos medievales anteriores a la modernidad del siglo XVI. Lo cierto es que el comentario filológico abarca un campo más amplio que la mera datación del texto en base a fenómenos observables. Para entender satisfactoriamente esta cuestión hemos de preguntarnos: ¿Qué es Filología  y qué es Lingüística? Veremos que la Lingüística se inserta dentro del dominio más amplio de la Filología, más comprehensivo y abarcador.

    Diferencias entre Lingüística y Filología

    La Filología y la Lingüística son dos disciplinas afines. Sus finalidades no siempre están muy claras, o, mejor dicho, no aparecen bien diferenciadas. A menudo confundimos los dos campos. Siguiendo el acertado consejo de Voltarie de que para entendernos debemos precisar el significado de los conceptos que utilizamos, definiéndolos con el mayor rigor posible, diremos que la Filología comprende un análisis profundo de lo temático, lo genérico, lo conceptual, filosófico y cultural, y, sobre todo, lo lingüístico. Vemos, pues, que la lengua emerge como uno de los elementos comunes a este complejo. Esta se interrelaciona con lo temático, con el género, con la concepción y mentalidad, la filosofía, etc. Cada periodo lingüístico tiene su propia lengua, que debe estudiarse en relación a la escuela, movimiento, periodo o tendencia.

    La Filología en sentido amplio

    Es muy revelador el hecho de que en el ámbito de los estudios universitarios hablemos de Facultades de Filología. Los especialistas en Filología nos aplicamos en estudios literarios y lingüísticos de casi toda índole. La parcela filológica, por tanto, es muy amplia y abarca los estudios acerca de la lengua (la Lingüística) y los estudios acerca de la Literatura.

    El Diccionario de Autoridades (1773) la concebía como una especie de ciencia total: “Ciencia compuesta y adornada de la Gramática, Rhetórica, Historia, Poesía, Antigüedades, Interpretación de autores y generalmente de la Crítica con especulación de todas las demás ciencias”, justificando la afirmación de Francisco Cascales, casi a mediados del siglo XVII, de que “la filología tiene los brazos muy largos, pues se pasea por el campo de todas las ciencias y de todas las artes”.

    El texto es un documento de cultura, y no exclusivamente una emergencia lingüística de un determinado periodo. Pero, al mismo tiempo, la Filología se concibe como ciencia auxiliar de la lingüística; por ejemplo en la datación. Esta nos ofrece datos auxiliares, que no podríamos dilucidar solo y exclusivamente del material lingüístico, muy importantes en cuanto a su origen, circunstancias, género, mentalidad, cultura de época o escuela, etc.

    ¿Un comentario puramente lingüístico?

    Comentar los rasgos de carácter lingüístico sin considerar lo anterior es un error. Cada periodo, movimiento, época, tendencia o escuela tienen su propia lengua, que, asimismo, se acoge a una estética o tendencia. Un buen análisis lingüístico por niveles debe justificar dicha estética, explicando las invariantes de estilo comunes al periodo.

    Desde una perspectiva lingüística estudiamos aspectos especiales como la fonética, la morfología, la sintaxis, el léxico, la pragmática…lo que venimos considerando, en síntesis, los hechos de lengua o de lenguaje. En el comentario filológico nos interesamos por lo lingüístico, pero, sobre todo, por la información cultural que el texto nos transmite.

    ¿Es aconsejable trazar una línea de demarcación rígida entre comentario lingüístico y comentario filológico?

    En base a lo que hemos defendido, la respuesta, obviamente, es no. La interdependencia entre ambas ciencias se trasluce en una incuestionable imbricación de ambas tipologías analíticas. En el comentario lingüístico prestamos mayor atención a los fenómenos lingüísticos. Su interpretación conecta de manera directa con la expresividad y el estilo y, a su vez, estas últimas dimensiones lo hacen con la caracterización que define su contextualización amplia: literaria, cultural, temática, filosófica, etc. El comentario lingüístico es solo parte del filológico, en cuanto le ofrece a este los medios para la lectura y correcta interpretación y nos ayuda a fecharlo o  a situarlo en un contexto extralingüístico, al determinar la variedad diatópica o diacrónica por sus características.

    La cuestión de contextualización literaria es similar al ejercicio de comentario filológico

    Llámese contextualización razonada del texto en un periodo, movimiento o escuela, o análisis filológico, en realidad estamos hablando de lo mismo. Nos valemos de todos los instrumentos a nuestro alcance para comentar el texto desde una perspectiva mucho más amplia y globalizadora, que no se queda en lo meramente lingüístico, pues proporciona informaciones que van más allá de lo que podemos deducir del aspecto lingüístico. Este ejercicio, propuesto convocatoria tras convocatoria en el examen práctico de Madrid, podría plantearse, como de hecho se ha planteado en la prueba del sábado como: “Realización de un comentario filológico del texto”.

    Un buen comentario lingüístico debe tener un basamento filológico

    Para concluir, insistimos en la idea de que un comentario lingüístico puro, sustentado en el formalismo rígido del análisis de niveles en un texto, no aporta la suficiente relevancia si no lo conectamos con su dimensión filológica, más caracterizadora y rica. Asimismo, un buen análisis filológico debe apoyarse en la dimensión lingüística: la lengua y su caracterización.

    Como podemos apreciar nos encontramos ante dimensiones solidarias, cuyos campos de análisis se interpenetran e interrelacionan dentro de un todo indivisible.

    El análisis filológico del examen práctico de Madrid

    Como un ejemplo vale más que mil palabras, tratamos de delimitar ambos comentarios en relación al texto propuesto en la prueba práctica de Madrid.

    En el comentario filológico deberíamos tocar los siguientes puntos:

    • Contextualización del texto en el periodo literario barroco.
    • Temática del texto en relación a la época y, en su caso, el tratamiento dentro de la obra del autor.
    • Aspectos formales relacionados con la forma estrófica, la tendencia hacia la naturalidad y el equilibrio expresivos de Lope, tradición y folclore, revitalización de las formas populares (Lope contribuye a esta labor con el Romancero Nuevo), elementos de estilo y relación con la retórica del autor y de la época, etc.
    • Interrelación con otras artes. En lo pictórico: apreciemos la presencia del arte barroco en el contraste cromático: “Blancas/negras”; en lo musical a través del ritmo, basado en el acento, la rima, los efectos del timbre…etc., justificando su finalidad y propósito. Polimetría en el Arte nuevo de hacer comedias, lirismo puro, orígenes populares y relación con la poesía oral cantada, etc.
    • Añadimos, además, el análisis de los niveles lingüísticos.

    Niveles lingüísticos

    • Comentario lingüístico de los niveles gramaticales en relación con todo lo anterior. Por ejemplo (al hablar de la adjetivación):
      • “El sistema adjetival del texto contribuye a la expresividad del lirismo amoroso. Son especialmente significativos los adjetivos descriptivos que realzan el contraste cromático. Entendida la lengua barroca como arte de contrarios, el contraste de colores, surgido de la paleta del pintor lírico (en el Barroco, como así también lo fue en el Renacimiento, se revalorizará el tópico horaciano Ut pictura poiesis) se corresponde con una tensión emocional de carácter amoroso, que corresponde con un desequilibrio interno, anímico, en la misma línea de inestabilidad caracterizadora del Barroco “.

    Con este sencillo ejemplo acabamos de relacionar la dimensión lingüística (análisis de una unidad lingüística: los adjetivos) con una más amplia percepción y explicación filológica (época, estilística, estética, concepción, temas, mentalidad, filosofía, artes, etc.). El valor gramatical (lingüístico) conecta con otro más globalizador, cual es el filológico.

    Según vemos en este último apartado, debemos ser capaces de conjuntar el comentario lingüístico, centrado en los hechos de estilo y de lengua (niveles fonético-fonológico, morfológico, sintáctico, etc. ), con un análisis más amplio de carácter filológico. De esta manera, estaremos tratando ambas tipologías desde una óptica mucho más rica, profunda y abarcadora.

    ¡Muchísima suerte y ánimo para todos/as en lo que queda de proceso!

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