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Prepárate a fondo

Iniciamos una nueva semana de trabajo con el CURSO IX, el penúltimo curso de preparación del CURSO COMPLETO.

Analizados los rasgos generales de contextualización del texto de la semana pasada, os dejamos un nuevo texto para elaborar este ejercicio semanal . Para su correcto análisis es necesario que acomodemos su sentido al del universo poético del emisor. De esta manera llegaremos a comprender mejor el pensamiento que este encierra.

No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente,
las huellas de unos besos,
ese resplandor que aun de día se siente si te acercas,
ese resplandor contagioso que me queda en las manos,
ese río luminoso en que hundo mis brazos,
en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero.

No quiero que vivas en mí como vive la luz,
con ese ya aislamiento de estrella que se une con su luz,
a quien el amor se niega a través del espacio
duro y azul que separa y no une,
donde cada lucero inaccesible
es una soledad que, gemebunda, envía su tristeza.

La soledad destella en el mundo sin amor.
La vida es una vívida corteza,
una rugosa piel inmóvil,
donde el hombre no puede encontrar su descanso,
por más que aplique su sueño contra un astro apagado.

Pero tú no te acerques. Tu frente destellante, carbón encendido que me arrebata a la propia conciencia,
duelo fulgúreo en que de pronto siento la tentación de morir,
de quemarme los labios con tu roce indeleble,
de sentir mi carne deshacerse contra tu diamante abrasador.

No te acerques, porque tu beso se prolonga como el choque imposible de las estrellas,
como el espacio que súbitamente se incendia,
éter propagador donde la destrucción de los mundos
es un único corazón que totalmente se abrasa.

Ven, ven, ven como el carbón extinto oscuro que encierra una muerte;
ven como la noche ciega que me acerca su rostro;
ven como los dos labios marcados por el rojo,
por esa línea larga que funde los metales.

Ven, ven, amor mío; ven, hermética frente, redondez casi rodante
que luces como una órbita que va a morir en mis brazos;
ven como dos ojos o dos profundas soledades,
dos imperiosas llamadas de una hondura que no conozco.

¡Ven, ven, muerte, amor; ven pronto, te destruyo;
ven, que quiero matar o amar o morir o darte todo;
ven, que ruedas como liviana piedra,
confundida como una luna que me pide mis rayos!

Los ejes más destacados de identificación y del estudio preliminar

Destacamos tres elementos fundamentales para la contextualización del texto elaborada en clase. El poema pertenece a La destrucción o el amor (1935), poemario de Vicente Aleixandre en el que se nos ofrece una cosmovisión particular de la vida, el amor y el universo. Ya tratamos la cosmovisión amorosa alexandrina en una entrada pasada.

Estos tres ejes fundamentales son los siguientes:

a) La temática amorosa según el tratamiento que adquiere dentro del universo poético del poeta malagueño.

b) La métrica (sonoro versículo).

c) Los referentes poéticos y su función en la proyección anímica del yo lírico.

La destrucción o el amor (1935) como una forma de alcanzar el supremo conocimiento del ser amado a través de la unión amorosa total

En su etapa surrealista el poeta prepara un mundo simbólico y alegórico plagado de imágenes en el que identificamos una personalidad lírica total y acabada así como la grandeza de un estilo propio, logros que lo conducirían a un reconocimiento absoluto con la concesión del Premio Nobel (1977), premio a toda una generación poética. Rasgos de su retórica particular presentes en el texto son: el sonoro versículo, navegando a cambiante velocidad; la tendencia a una bella retórica discursiva.; la frecuente comparación y la ausencia de artículo en metáforas aposicionales (“Tu frente destellante, carbón encendido”); la abundancia de vocativos presididos, la abundancia de negaciones; las indeterminaciones adjetivas con esa, alguna, etc. Todos esos recursos que hacen tan misteriosa su poesía desde el lenguaje (y a veces tan retórica). Y está ya plenamente desarrollada su visión del mundo en un surrealismo que ha sido llamado por Leopoldo de Luis existencial, y que es un surrealismo bajo control, del que se aprovechan el espíritu de rebeldía , y las técnicas de imaginación y libertad de lenguaje.

El impulso central es el “del amor-pasión, como impulso destructor que arrebata a los seres y los unifica en la universal comunión con la Naturaleza”. La conjunción disyuntiva del segundo libro ha de tomarse como identificación. Y esta concepción del amor como muerte está en evidente relación con la de los místicos, siendo la de Aleixandre una mística panteísta. El supremo preliminar de la fusión amorosa, en efecto, se ansía en los cuerpos y no en las almas, en lo físico del universo, desde la superficie del mar hasta la piel del hombre. Por eso, todos los seres, desde los que no tienen vida hasta el hombre, comunican amor en el universo, y de ahí la frecuentísima aparición de animales mezclados con pasiones que vemos en La destrucción o el amor.

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