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La Atlántida: mito y originalidad literaria

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    La Atlántida de Jacint Verdaguer: notas argumentales

    Analizamos una obra de obligada explicación en el tema 72 del temario de oposiciones, enmarcada en la evolución de las Literaturas Hispánicas.

    Con el título de La Atlántida [L’Atlántida] apareció en 1877 y, en redacción definitiva, en el año siguiente, uno de los mejores poemas del poeta catalán Jacint Verdaguer (1845-1902).

    Náufrago de una galera genovesa hundida en combate frente a las costas de Lusitania, el joven Colón es recogido por un viejo ermitaño. Este, viéndole contemplar, pensativo, desde un promontorio, las aguas del Océano, le cuenta la historia de las tierras que un día sepultaron. De esta guisa, se nos traslada a los tiempos míticos.

    El nacimiento de las nuevas regiones

    Arden los Pirineos de un extremo a otro. Hércules, que está luchando contra los gigantes de la futura Provenza, acude y saca de entre las llamas a Pirene. Descendiente de Tubal y reina de España, ha sido destronada por Gerión, el monstruo tricéfalo de Libia. Este, después de incendiar los bosques a donde ha huido Pirene, se retira a Gades. Muere la reina, legando su corona a Hércules a cambio de la venganza. El héroe se dirige hacia Gades. Gerión, para librarse de él, le propone arteramente que aspire a más digno solio: el de la Atlántida, cuya reina Hesperis, viuda de Atlas, dará su mano a quien le ofrezca un brote del naranjo de oro del jardín de las Hespérides.

    Después, mata al dragón que lo custodia, pero las Hespérides lloran, pues la hazaña de Hércules señala el fin de la hermosa patria donde nacieron, maldita por sus pecados. Multiplícanse los presagios. Los Atlantes atacan a Hércules. Se entabla entonces una descomunal batalla. El héroe sube a Calpe, gigantesco muro de rocas que une Africa con Europa, y lo desintegra a porrazos. Es el Ángel del Exterminio: la Atlántida está condenada por el Altísimo a ser borrada del mundo y el mundo a quedar dividido en continentes.

    Papel de Hércules: pintura y representación del mito

    Las aguas se precipitan por el recién abierto freo. Hércules entra, junto con el mar, en las tierras que van a desaparecer. Busca a Hesperis a través del caos y la muerte, mientras los Atlantes construyen, en lo alto de las sierras, un colosal edificio donde guarecerse del nuevo diluvio. Hesperis sale al encuentro de Hércules, le cuenta sus amores y casamiento con Atlas y cómo, una vez viuda, sus propios hijos, los Atlantes, se inflamaron en incestuoso deseo de ella. Hércules se desposa con la reina y la lleva, desfallecida, a Iberia. Los Atlantes los persiguen. El rayo incendia su gran ciudad. El nivel de las aguas sube sin cesar, uniéndose para siempre las del Mar del Norte con las del Mediodía, las de Occidente con las del Mediterráneo. Al correrse las de este último, surgen nuevas tierras e islas ante los ojos maravillados de Grecia, que dormía ajena a la ingente catástrofe.

    Los atlantes y la furia de los elementos

    De nuevo en Gades, Hércules da muerte al traidor Gerión y limpia la tierra de otros monstruos. Los Atlantes, perdida la esperanza de alcanzarle, se revuelven contra Dios y amontonan escollos y trozos de montaña para escalar el cielo. Pero el Exterminador desencadena contra ellos los elementos y con su espada de fuego acaba de abrir el abismo del Atlántico. Los Atlantes se hunden en él y de su sepulcro surge el volcán del Teide. Al despertar de su desvarío, Hesperis reconoce el brote del naranjo que allí trasplantara Hércules, y muere, en la aurora de una nueva patria, Iberia, cuya grandeza eclipsará la de la sumergida Atlántida.

    Hércules, satisfecho de su obra, la recorre con los hijos que tiene con Hesperia, fundando pueblos y ciudades, entre ellas Barcelona. Así marca los límites de la tierra con dos gigantescas columnas que levanta en el extremo de la Península.

    Cristóbal Colón: la visión del Nuevo Mundo

    El relato del solitario engendra en la mente de Colón la visión de un nuevo mundo que buscar y cristianizar allende el oscuro mar occidental. Animado por las razones del sabio, verdadera personificación del Genio del Atlántico, en vano recurre a Génova, Venecia y Portugal. Es Isabel de Castilla la que, advertida por un sueño, acoge el proyecto y da sus joyas para que el insigne navegante pueda realizarlo.

    Los dos temas del poema: la división del mundo y la vocación de Colón por unir sus dos mitades

    La Atlántida es, pues, un poema de dos temas: el de la escisión catastrófica del mundo en dos mitades y el de la vocación de Colón a unirlas de nuevo. Este envuelve, por así decirlo, a aquel. Penetra, implícito, desde la introducción, el relato del cataclismo, desarrollado en diez cantos, para hacerse explícito, breve y enérgico en el epilogo. Una idea de finalidad providencial preside el poema. Se trata de la desaparición de un pueblo que determina el nacer de otro de más egregios destinos. El castigo se supera en redención. Lo geológico y mítico confieren grandeza y misterio a lo histórico en que se resuelven. Lo histórico garantiza razón, concreción y verdad a lo legendario. De aquí la viva unidad del poema en su conjunto, episodios y tono.

    Visión crítica de la obra

    Los modernos métodos de la crítica, aplicados al estudio de la composición de La Atlántida, harían sin duda resaltar lo orgánico de su movimiento poético. Lo realmente flojo en el de Verdaguer es la caracterización psicológica de sus héroes: Hércules, atleta “con aire guerrero y rústico” ( “guerrer i pagesívol”), no es más que una fuerza apenas consciente entre fuerzas naturales desencadenadas. Ni Hesperis se destaca de sus lamentos, ni Colón de sus sueños y misión. De ello resulta cierta difusión en el desarrollo de los hechos y en las relaciones entre las figuras, que ningún lector deja de notar.

    La materia del poema en sí misma, por su origen libresco y erudito, produce una impresión de lejanía, inevitable, por lo demás, en la lectura de toda epopeya, cuando lo puramente humano y dramático no la trasciende.

    Las fuentes de La Atlántida: El Timeo de Platón

    Verdaguer confiesa deber la primera idea de su obra a Platón. El Timeo, como es sabido, se abre con el mito de una Atlántida prehistórica, inmenso imperio en pugna con los griegos y Atenas. «Vinieron grandes terremotos e inundaciones y en el breve espacio de un día y una noche la Atlántida se hundió bajo el mar y desapareció». Estas frases del diálogo platónico sirven de lema a la epopeya de Verdaguer. Este aspiró a realizar lo que, según la tradición recogida por Platón y Plutarco, fue proyecto de Solón en su vejez. Este trató de evocar en verso el enorme suceso geológico acaecido.

    La concepción del poema se remonta probablemente a la adolescencia del poeta, cuando cursaba sus estudios en el seminario de Vich. La elaboración del mismo puede calcularse en unos doce años. Se poseen varios autógrafos que permiten seguirla en sus diferentes fases.

    Si la lectura de Platón le estimuló a acometer esta empresa poética, ya antes de dedicarse a la poesía le había producido honda impresión un pasaje del libro del P. Nieremberg, Diferencia entre lo temporal y eterno, que cita el hundimiento de la Atlántida entre las grandes catástrofes con que Dios castiga a la humanidad.

    Algunas posibles fuentes de inspiración de Verdaguer

    El espectáculo de las terribles tormentas e inundaciones que afligieron el llano de Vich en el año 1863, procuró el primer pasto a su imaginación. Lo que tenía que ser simple episodio de una epopeya alrededor de la figura de Colón, fue adquiriendo mayor independencia y amplitud. Un manuscrito de 1867, probablemente el presentado a los Juegos Florales de 1868, sin merecer premio, bajo el significativo título de España naciente [L’Espanya naixent] contiene el poema de Hércules y el cataclismo en cinco cantos. La Atlántida, que obtuvo el más alto galardón en el certamen de 1877, los amplía hasta diez, más la introducción y conclusión colombinas.

    Se trata de una vasta refundición, que afecta conjunto, episodios y estilo del texto de 1867. En el intervalo entre ambas fechas, Verdaguer, para reponer su salud, había viajado durante dos años como capellán de un buque de la Compañía Transatlántica. Ello resultó decisivo para la última elaboración del poema. Siguiendo, una y otra vez, la ruta de Colón entre España y Cuba, el poeta contempló los paisajes que hasta entonces fueran solo nombres para él. Y también pasó por las calmas y las tempestades del mar de sus leyendas. Su don genial de representación auténtica de lo visto y vivido quedó incalculablemente sostenido y reforzado.

    En suma, una obra, la de Jacint Verdaguer no muy conocida y valorada en lengua castellana. Los opositores de lengua y literatura de Catalunya podrán apreciar en ella los valores de una «rara avis» de este género, gracias al genial Jacint Verdaguer.

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