¿Contextualizamos?

Os propongo un nuevo texto para preparar el ejercicio de encuadre y contextualización.

Se trata de un texto bastante conocido, inconfundible por su temática y su estilo.

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.
Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.
Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.
Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

El texto pertenece a La destrucción o el amor (1933) de Vicente Aleixandre. En esta composición apreciamos una de las constantes temáticas del poeta: el amor como forma de fusión absoluta que lleva a la propia destrucción de los amantes. Notemos la preferencia por la imagen y la metáfora. La generación del 27, como sabemos, se volcará en el culto a la imagen audaz e insólita, por influencia directa de las vanguardias artísticas. Ya comentamos en otra entrada este asunto. Como sabemos, esta poesía está emparentada con el surrrealismo en lo que afecta a la imagen irracional, el automatismo, la sensación formal, el impulso vital, la “rehumanización” y la recreación de un universo poético particular. La solidaridad amorosa del hombre con todo lo creado es uno de los ejes sobre los que gira la poética de Aleixandre. En la primera etapa esta solidaridad respecto al cosmos lo conduce a a un panteísmo en el que el amor no solo es la sustancia unificadora, sino también una correlativa elementalización del hombre pues en virtud de lo amado este se ha hecho uno con lo amado, la naturaleza.

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