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Prepárate a fondo

He aquí un nuevo texto para llevar a cabo el análisis de la contextualización y encuadre de textos literarios. Continuamos insistiendo en la idea de que situar un texto en el periodo, escuela o movimiento al que pertenece es uno de los ejercicios más importantes de la preparación, pues en él se dan cita niveles y planos que aprendemos a interrelacionar dentro de esta tipología especial de análisis.

En las oposiciones pasadas, algunos opositores de Madrid que identificaron el texto de Galdós obtuvieron una calificación inferior a la de otros que, sin llegar a atribuirle una autoría o situarlo dentro de Fortunata y Jacinta, supieron extraer los rasgos pertinentes, formales y temáticos, presentes en el mismo. Como sabéis, en el primer bloque de nuestras clases, desarrollamos este ejercicio de manera profunda y exhaustiva. Nuestro objetivo siempre ha sido el mismo: ofrecer la mejor elaboración que sirva realmente a nuestros opositores, con un planteamiento que ayude a adquirir y asimilar la forma óptima de desarrollar estos ejercicios. A título de ejemplo, podemos citar el caso particular de Soledad, que obtuvo un 9,8 en el examen práctico de Madrid a pesar de ser de la primera vez en que se presentaba a unos exámenes de oposición de Lengua castellana y Literatura.

El presente texto se presentó en el examen práctico de las oposiciones de Castilla y León de 2018.

Ya la distancia entre los dos abierta
Se lleva es sufrimiento, como una nube
Rota en lluvia olvidada, y en la alegría,
Hermosa claridad desvanecida;
Nada altera entre tú, mi tierra, y yo.
Pobre palabra tuya, el invisible
Fluir de los recuerdos, sustentando
Almas con la verdad de tu alma pura.
Sin luchar contra ti ya asisto inerte
A la discordia estéril que te cubre,
Al viento de locura que te arrastra.
Tan sólo Dios vela sobre nosotros,
Árbitro inmemorial del odio eterno.

Tus pueblos han ardido y tus campos
Infecundos dan cosecha de hambre,
Rasga tu aire el ala de la muerte,
Tronchados como flores caen tus hombres
Hechos para el amor y la tarea;
Y aquellos que en la sombra suscitaron
La guerra, resguardados en la sombra,
Disfrutan su victoria. Tú en silencio,
Tierra, pasión única mía, lloras
Tu soledad, tu pena y tu vergüenza.

Fiel aún, extasiado como el pájaro
Que en primavera hacia su nido antiguo
Llegaba a ti y en ti dejaba el vuelo,
Con la atracción remota de un encanto
Ineludible, rosa del destino,
Mi espíritu se aleja de estas nieblas,
Canta su queja por tu cielo vasto,
Mientras el cuerpo queda vacilante,
Perdido, lejos entre sueño y vida,
Y oye el susurro lento de las horas.

Si nunca más pudieran estos ojos
Enamorados reflejar tu imagen.
Si nunca más pudiera por tus bosques,
El alma en paz caída en tu regazo,
Soñar el mundo aquel que yo pensaba
Cuando la triste juventud lo quiso.
Tú nada más, fuerte torre en ruinas,
Puedes poblar mi soledad humana,
Y esta ausencia de todo en ti se duerme.
Deja tu aire ir sobre mi frente,
Tu luz sobre mi pecho hasta la muerte,
Única gloria cierta que aún deseo.

Identificación del texto

Como comenta Pablo, identificamos en el texto alusiones al sufrimiento que provoca la distancia, la marcha al exilio y la consecuente pérdida de la Patria . Esto genera soledad una de las constantes temáticas de la poética de Luis Cernuda, como ya dejamos dicho en una entrada pasada.

El presente poema, “Elegía española, II” , perteneciente al libro Las Nubes (1937-1940), participa, a nivel temático, de lo que José Luis Abellán denomina: “El tema de España en el pensamiento del exilio” (en Ynduráin, D. (Coord.).(1981): Historia y crítica de la literatura española. Época contemporánea. Barcelona: Crítica). Señala el crítico que uno de los iniciadores de esta reflexión sobre España desde la distancia fue Fernando de los Ríos en su conferencia «Sentido y significación de España», pronunciada en el Círculo Socialista «Pablo Iglesias», de México, el 17 de enero de 1945. Su discurso empieza con un recorrido histórico acerca de lo que se ha pensado sobre España y los españoles hasta llegar a una definición de su drama más íntimo: la existencia de dos Españas, aparentemente irreconciliables, que describe así: «La primera diciendo: homogeneizar a España por la fe; España una por la unidad de la fe. La otra, en lucha dramática permanente, y con un heroísmo constante, sacrificando la vida por mantener la libertad del espíritu como esencia de la dignidad». Y Fernando de los Ríos se identifica precisamente con éstos, con « todos aquellos españoles fieles al principio de la libertad de espíritu, la libertad de conciencia, la libertad del hombre» , y en lucha contra la otra tendencia : «la tendencia a eliminar al discrepante y, por consiguiente, a impedir una integración de todos los elementos existentes en España».

La poesía trasterrada

La poesía trasterrada representa una veta de creación literaria que nace, precisamente, como consecuencia de la Guerra (in)Civil española. Las poéticas que se inscriben bajo este rótulo experimentan tres momentos fundamentales que transitan desde el dolor y la rabia iniciales a la vivencia reflexiva de la idea de Patria para, finalmente, desembocar en remanso de resignación. Es fácil constatar que la composición se sitúa en el primer momento de desesperación, dolor y sufrimiento provocados por el exilio. Las alusiones son inconfundibles. La distancia de la Patria perdida (“ya la distancia entre los dos abierta”) provoca un intenso sufrimiento en el yo lírico (“… se lleva el sufrimiento…”). Fernando de los Ríos (op. cit.) señala lo siguiente:

La distancia y el dolor son grandes maestros, y contemplando a España desde lejos y en la profundidad de sus siglos, he aprendido que es falso que haya dos Españas. La dualidad de que se habla es resultado de un espejismo, la mejor ilustración de un delirio siniestro, en el que el asesinado pretende asesinar a ,su doble, y en realidad se suicida. Cada uno mata en el otro al perverso y al inútil que lleva en sus entrañas. Mas había que despertar del letargo sangriento y rencoroso, y emprender la noble lucha de las cosas, de nuestras pobres cosas siempre abandonadas, y cuyo abandono es causa mayor de la miseria y del resentimiento que nos corroe.

Debemos estudiar la poesía del exilio como un conjunto de creaciones independientes en lo temático-formal. Nos servirá esta actitud para comprender y elaborar de forma óptima un trazado de obras y autores que tratan esta temática en sus obras con independencia del género.

Algunas intertextualidades

Es muy interesante apreciar las similitudes con el archiconocido texto de Juan Goytisolo en Señas de identidad (1966). Un sentimiento de decepción y pena se apodera del autor, cuando contempla el estado en el que se encuentra España. Dos polos vivenciales generan una brecha de insatisfacción: la realidad frente a la imagen nostálgica del país, que el recuerdo ha conservado. La realidad externa destroza en mil pedazos esa otra realidad interna. Las cosas ya no están como las dejó. La visión escéptica no oculta una crítica indisimulada. Las similitudes con el poema de Cernuda son evidentísimas. El texto refleja la relación sentimental entre el narrador y su país, y el estado emocional en que se encuentra. De ahí el lenguaje fuertemente expresivo, consecuencia de su carácter subjetivo y lírico. El contacto de los dos componentes fundamentales del relato, el protagonista y su patria, alberga momentos distintos de encuentro, desencuentro y desapego, perfectamente estructurados en los tres párrafos: el recuerdo, la añoranza, la separación y el profundo dolor final por una pérdida irrecuperable. Esto último se traduce en desarraigo.

Es necesario detenerse a reflexionar sobre el sentido de los textos y sus relaciones dialógicas como quería Bajtín. La intertextualidad, hija de nuestras lecturas, es la mejor aliada para realizar un análisis histórico-literario profundo y exhaustivo. Relacionaremos esta temática con la poesía del exilio de autores como Machado, Juan Ramón, Alberti, Ramón J. Sénder, Paulino Masip, etc.

Habías amado aquella tierra con el espasmo lento, ardoroso del volcán -íncubo tú y sumisa ella, la rica ofrenda de su miseria como preciosa dote para ti, unidos, creías, en una misma lucha contra el destino amargo.

Varios años han transcurrido desde entonces y si, esperanzado y andrajoso Ayer se fue, Mañana no ha llegado. La tierra sigue allí, sometida a la ley idéntica, inexorable; lejos tú de ella, distraído ya, sin dolor ni reparo, de tu absorbente amor de antes. La suerte os burló a los dos. El Norte obeso puso los ojos en ella y una infame turba de especuladores en sol (agotados sucesivamente el oro, la plata y los ricos filones de sus entrañas; los bosques, los regadíos, las dehesas; la rebeldía, el orgullo, el amor a la libertad de los hombres por la usura avariciosa de los siglos) ha caído sobre ti (oh nueva, abrasada Alaska) para acumular y enriquecerse a costa de tu último don gratuito (el celeste chivo enardecedor y violento), fundar colonias, chalés, snacks, paradores de turismo, tabernas andaluzas, hoteles, afeando el país sin mejorar al habitante: expertos alemanes, peritos en playas solitarias, cazadores de fortuna, laureados y canosos combatientes de la Cruzada y hasta una dama gárrula tocada con un turbante hindú que lee gravemente Mío Cid sobre la inhóspita giba de un camello (una doncella, en la otra, la sustrae del flujo solar con una descolorida sombrilla).

Tierra pobre aún, y profanada; exhausta y compartida; vieja de siglos, y todavía huérfana. Mírala, contémplala. Graba su imagen en tu retina. El amor que os unió sencillamente ha sido. ¿Culpa de ella o de ti? Las fotografías te bastan, y el recuerdo. Sol, montañas, mar, lagartos, piedra. ¿Nada más? Nada. Corrosivo dolor. Adiós para siempre, adiós. Tu desvío te lleva por nuevos caminos. Lo sabes ya. Jamás hollarás su suelo.

2 comentarios en «Prepárate a fondo»

  1. Cuando en el curso VII ya nos adentramos en los fecundos terrenos del modernismo, hablábamos de cómo la respuesta de muchos ante la crisis finisecular, la crisis de la conciencia burguesa, tomaba en muchos poetas tintes evasivos, forrados de ornamentación formal, casi nihilistas en ocasiones. Incluso los irreverentes jóvenes del 98, quienes para muchos críticos formaron un subgrupo especial dentro del mundo modernista, terminaron derivando en sus composiciones hacia un escepticismo notorio y preocupaciones de índole filosófica, existencial y metafísica.

    Vemos aquí una actitud lírica distinta. La forma poética sirve al autor para expresar un fuerte sentimiento que no se esconde, que se deja ver a las claras, embellecido por la disposición poética, pero no escondido por imágenes difíciles de desentrañar. No estamos ante el Juan Ramón Jiménez preocupado por la identificación mística entre poesía y realidad. De forma elegíaca, el poeta llora la destrucción de su tierra por la guerra y, también, la distancia que se abre entre ambos.

    Podríamos pensar en una composición enmarcada dentro de la poesía comprometida, que, por su temática particular, es perfectamente encuadrable en los años de la Guerra Civil o inmediatamente posteriores, muy posiblemente perteneciente a un poeta del exilio.

    Quizá por la gravedad del asunto, el yo lírico desdeña la reciente tradición de experimentación versal iniciada por el modernismo y encumbrada por las vanguardias y apuesta por un metro clásico, el endecasílabo. Empero, dicha tradición se deja sentir, por ejemplo, en el verso libre que domina la composición, sin un esquema de rima fijo. Estilísticamente, podríamos apuntar que este hecho responde a la correspondencia entre lírica y sentimiento, pues ambos fluyen desde la interioridad, como un torrente que no respeta cauce alguno. Por poner otro ejemplo de la gravedad de la materia abordada y, a su vez, la gravedad con que es sentida, mencionaremos la profusión del encabalgamiento sirremático (aquel que une agrupaciones léxicas entre las que no puede aparecer una pausa): “como nube / rota”; “tus campos / infecundos”; “el pájaro / que…”; “estos ojos / enamorados”.

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