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¿Contextualizamos? 24-4-2020

    Os dejamos un nuevo texto para la preparación del ejercicio de contextualización literaria. En esta secuencia literaria podéis apreciar el influjo de la corriente existencialista, que irrumpe con fuerza en la literatura de inicios de siglo. Asimismo, son muy elocuentes los rasgos de estilo que se apartan de la estética del movimiento o escuela al que pertenece, habida cuenta de que la producción poética de su autor evoluciona a lo largo de una trayectoria apartada de lo común, genuina e individual.

    Cómo llenarte, soledad,
    sino contigo misma…
    De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
    quieto en ángulo oscuro,
    buscaba en ti, encendida guirnalda,
    mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
    y en ti los vislumbraba,
    naturales y exactos, también libres y fieles,
    a semejanza mía,
    a semejanza tuya, eterna soledad.
    Me perdí luego por la tierra injusta
    como quien busca amigos o ignorados amantes;
    diverso con el mundo,
    fui luz serena y anhelo desbocado,
    y en la lluvia sombría o en el sol evidente
    quería una verdad que a ti te traicionase,
    olvidando en mi afán
    cómo las alas fugitivas su propia nube crean.
    Y al velarse a mis ojos
    con nubes sobre nubes de otoño desbordado
    la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
    te negué por bien poco;
    por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
    por quietas amistades de sillón y de gesto,
    por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
    por los viejos placeres prohibidos
    como los permitidos nauseabundos,
    útiles solamente para el elegante salón susurrado,
    en bocas de mentira y palabras de hielo.
    Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
    que yo fui,
    que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
    por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
    limpios de otro deseo,
    el sol, mi dios, la noche rumorosa,
    la lluvia, intimidad de siempre,
    el bosque y su alentar pagano,
    el mar, el mar como su nombre hermoso;
    y sobre todo ellos,
    cuerpo oscuro y esbelto,
    te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
    y tú me das fuerza y debilidad
    como el ave cansada los brazos de la piedra.
    Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
    oigo sus oscuras imprecaciones,
    contemplo sus blancas caricias;
    y erguido desde cuna vigilante
    soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
    por quienes vivo, aún cuando no los vea;
    y así, lejos de ellos,
    ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
    roncas y violentas como el mar, mi morada,
    puras ante la espera de una revolución ardiente
    o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
    cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.
    Tú, verdad solitaria,
    transparente pasión, mi soledad de siempre,
    eres inmenso abrazo;
    el sol, el mar,
    la oscuridad, la estepa,
    el hombre y su deseo,
    la airada muchedumbre,
    ¿qué son sino tú misma?
    Por ti, mi soledad, los busqué un día;
    en ti, mi soledad, los amo ahora.

    La originalidad poética de Luis Cernuda

    Apreciamos en esta hermosa composición de Luis Cernuda , La realidad y el deseo (1924), algunas vetas características: influencias filosóficas de Heidegger, en el pórtico del siglo XX, del «Ser Nada en la Nada», la soledad radical del ser humano, la insatisfacción y el desaliento. Concretamente, se trata del famoso «Soliloquio del farero». Comparemos el carácter «cordial», amable, y el impulso hacia el amor del poema aleixandrino con la ruptura y el desgarro de esta otra.

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