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¿Contextualizamos?

    Contextualizado el texto de la entrada pasada, iniciamos una nueva semana de trabajo con un nuevo ejercicio orientado a mejorar la técnica del comentario literario, centrado en identificar los rasgos de carácter temático, filosófico, cultural, formal y estético de los textos literarios.

    En el examen práctico de las oposiciones de Madrid de 2015 propusieron un fragmento perteneciente a la misma obra. Podéis consultarlo aquí:

    Secuencias de esta categoría son muy fáciles de incardinar por sus alusiones a la mujer, causadoras de todos los males y pecados mortales, acorde con el retrato peyorativo que la corriente a la que pertenece el texto hace de ellas. Otros elementos de estilo y la lengua literaria confirman su pertenencia a la obra, corriente o movimiento.

    Asimismo, notemos que, en el momento al que pertenece el texto, la prosa no ha alcanzado la perfección y la modernidad artística de obras tan señeras como El Lazarillo de Tormes (1554) de la que extrajimos un fragmento muy representativo a propósito de su aplicación didáctica.

    Demás te digo que non es oy mujer que se fartase de ser mirada e deseada e sospirada, loada e del pueblo fablada: éste es su deseo, ésta es su femençia e éste es todo su dios, placer, goso e alegría. Por ende, es su vida salir e andar arreadas; cada qual con la mayor vanagloria e ponpa que puede; e quando las gentes las miran e por ellas sospiran, o dellas fablan, o por la calle las motejan, fazen de desaire, como que se enojan o demuestran las tales mala cara, mostrando poca paçiençia; pero Dios sabe la verdad, que son coçes de mula: que ellas querrían que nunca fiziesen sinon desearlas e fablar dellas e motejarlas. E aunque dicen: “Verés qué nesçio?¿Verés qué loco? ¿Vistes qué onbre sinple?”; esto dicen con su rostro segurado, pero so’l mantillo ríense como locas. E quando la mujer paresçiente está donde non es mirada, muere e revienta. Quando hay logar donde la miren, non se vee nin conosçe: más continencias e jestos fase que nuevo justador. Todo esto proviene de vanagloria e loçanía.

    Dize la fija a la madre, la muger al marido, la hermana a su hermano, la prima a su primo, la amiga a su amigo: “¡Ay, cómo estó enojada! Duéleme la cabeça; siéntome de todo el cuerpo; el estómago tengo destenprado estando entre estas paredes. Quiero ir a los perdones; quiero ir a Sant Françisco; quiero ir a misa a Santo Domingo; representación fazen de la Pasión al Carmen; vamos a ver el monesterio de Sant Agustín. ¡O que fermoso monesterio! Pues, pasemos por la Trenidad a ver el casco de Sant Blas; vamos a Santa María, veamos cómo se pasean aquellos gordos -¡landre, pecueços que tienen gordos!- ricos e bien vestidos; vamos a Santa María de la Merçed, oiremos el sermón”. Todos estos caminos e otros semejantes, segund sus tierras, mueven a fin de ser vistas e miradas.

    Algunas notas para el comentario

    La correcta contextualización literaria de esta secuencia reclama, en primer lugar, una primera toma de contacto con lo temático. Para comprender la mentalidad y la absurda doctrina antifemenina es necesario desentrañar la urdimbre conceptual del marco ideológico que lo subtiende. Para ello es necesario comprender la mentalidad de la corriente de rechazo a la mujer, que presenta a las mujeres como incitadoras al deseo pecaminoso y a la carnalidad concupiscible.

    Frente a la mujer fin d’amors , idealizada y elevada a la categoría de “donna angelicata” por el estilnovismo, la imagen de mujer que aquí se ofrece se dibuja como la causante de todos los vicios y pecados.

    Para comprender mejor el desarrollo contextual de este ejercicio, os ayudará bastante la visualización del vídeo del profesor Juan Victorio en el que analiza diferentes imágenes de mujer en la evolución de las literaturas medievales.

    Podéis dejar vuestros comentarios en la página de Facebook o en Twitter.

    Comentario literario

    La insistencia de Alfonso Martínez de Toledo en presentar a las mujeres como incitadoras al amor y, por tanto, causantes de todos los males, le ha valido la calificación de misógino. Frente a la mujer idealizada del amor cortés, la que aquí se dibuja es susceptible de todos los vicios y pecados. Sin embargo, los cuadros no retratan a todas las mujeres, sino a las clases urbanas burguesas, siendo a nuestros ojos sátira a la vez que retrato de su vida. He aquí desarrolladas las posibles diversiones fuera de casa de una mujer de estos grupos sociales: ir a oficios religiosos (los perdones, el sermón), visitar iglesias (las reliquias, el edificio), o asistir a acontecimientos ligados a la vida religiosa (la representación, los abades paseando).

    El procedimiento descriptivo es la acumulación, de modo que se mencionan todas las posibilidades, obsérvense las series sinonímicas por medio de palabras simples: “mirada, deseada, sospirada, loada, fablada”, “su dios, placer, gozo, alegría”; o de sintagmas: “verés qué nesçio/loco/ombre simple”. Este es el estilo que se ha dado en llamar escritura pleonástica.

    Ejercicio de literatura comparada: la corriente misógina

    Según el Diccionario literario de obras y personajes de todos los tiempos y de todos los países  de Porto-Bompiani una de las obras más madrugadoras que inauguran esta corriente misógina que recorre la Alta y Baja Edad Media es, precisamente, El misógino, conjunto de narraciones satíricas, con inclusión de algunos versos, del judío español Yéhudá ben Ishaq ha-Levi ben Sabbatay de finales del siglo XII, principios del XIII, escritas hacia 1218, y a las que se han dado cuatro títulos, uno de ellos Minhat Yĕhudá sóné ha-nasim (Ofrenda de Yéhudá enemigo de las mujeres). Fueron publicadas por vez primera en Constantinopla en 1543. Compuestas a la manera de las maqãnat (“sesiones”) árabes, relatan la historia de Zérah, a quien su padre, Tahkemoní, le aconsejó que no se casara. A la muerte de su padre, el héroe se va a vivir con tres amigos, pero luego se le ocurre casarse y lo hace con una mujer fea y orgullosa, de la que pronto quiere divorciarse. El juicioi del divorcio se plantea ante el rey, y actúan de fiscal las mujeres, y lo hacen con tal habilidad que el rey está a punto de condenarle. En aquel momento surge el autor y jura ante el rey que tanto Tahkemoní como Zérah, como el matrimonio de este, son productos de su fantasía. La obra dio pie a dos réplicas en defensa de las mujeres.