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Prepárate a fondo

Arrancamos una nueva semana de estudio y trabajo, última semana del CURSO IX mensual y IV semana del CURSO COMPLETO.

Analizados los rasgos fundamentales del fragmento de La familia de Pascual Duarte (1942), de la semana pasada, nos proponemos identificar y encuadrar este nuevo texto, siguiendo las pautas de nuestro entrenamiento cotidiano. En esta ocasión, nos encontramos ante una secuencia diferente a la que la semana pasada trabajamos en clase.

En el presente ejercicio de encuadre y contextualización literaria debemos apreciar las diferencias que dimanan de varios planos: sistema de referencias, elementos de narratología, lengua literaria y procedimientos innovadores.

Y así me había encontrado con la Maga, que era mi testigo y mi espía sin saberlo, y la irritación de estar pensando en todo eso y sabiendo que como siempre me costaba mucho menos pensar que ser, que en mi caso el ergo de la frasecita no era tan ergo ni cosa parecida, con lo cual así íbamos por la orilla izquierda, la Maga sin saber que era mi espía y mi testigo, admirando enormemente mis conocimientos diversos y mi dominio de la literatura y hasta del jazz cool, misterios enormísimos para ella. Y por todas esas cosas yo me sentía antagónicamente cerca de la Maga, nos queríamos en una dialéctica de imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared. Supongo que la Maga se hacía ilusiones sobre mí, debía creer que estaba curado de prejuicios o que me estaba pasando a los suyos, siempre más livianos y poéticos. En pleno contento precario, en plena falsa tregua, tendí la mano y toqué el ovillo París, su materia infinita arrollándose a sí misma, el magma del aire y de lo que se dibujaba en la ventana, nubes y buhardillas; entonces no había desorden, entonces el mundo seguía siendo algo petrificado y establecido, un juego de elementos girando en sus goznes, una madeja de calles y árboles y nombres y meses. No había un desorden que abriera puertas al rescate, había solamente suciedad y miseria, vasos con restos de cerveza, medias en un rincón, una cama que olía a sexo y a pelo, una mujer que me pasaba su mano fina y transparente por los muslos, retardando la caricia que me arrancaría por un rato a esa vigilancia en pleno vacío. Demasiado tarde, siempre, porque, aunque hiciéramos tantas veces el amor, la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad. La Maga no sabía que mis besos eran como ojos que empezaban a abrirse más allá de ella, y que yo andaba como volcado en otra figura del mundo, piloto vertiginoso en una proa negra que cortaba el agua del tiempo y la negaba.

En esos días del cincuenta y tantos empecé a sentirme como acorralado entre la Maga y una noción diferente de lo que hubiera tenido que ocurrir. Era idiota sublevarse contra el mundo Maga, cuando todo me decía que apenas recobrara la independencia dejaría de sentirme libre. Hipócrita como pocos, me molestaba un espionaje a la altura de mi piel, de mis piernas, de mi manera de gozar con la Maga, de mis tentativas de papagayo en la jaula leyendo a Kierkegaard a través de los barrotes, y creo que por sobre todo me molestaba que la Maga no tuviera conciencia de ser mi testigo y que al contrario estuviera convencida de mi soberana autarquía; pero no, lo que verdaderamente me exasperaba era saber que nunca volvería a estar tan cerca de mi libertad como en esos días en que me sentía acorralado por el mundo Maga, y que la ansiedad por liberarme era una admisión de derrota.

Encuadre lingüístico-literario

Este fragmento pertenece a Rayuela (1963) de Cortázar, obra magistral e innovadora. La alusión al personaje omnipresente de la Maga es inconfundible. Esta personaje, enigmática y misteriosa, se nos presenta desde el inicio mismo de la obra: “Encontraría a la Maga? .

Cortázar nos ofrece en Rayuela una teoría de la novela que se pone en práctica en el mundo imaginario que presenta (el momento, el ambiente, los personajes, las acciones) y en el modo de presentarlo. En dicha presentación tiene primordial importancia la estructura narrativa porque Cortázar da a elegir dos lecturas del libro (entre otras muchas que serían posibles). En este sentido, la doble posibilidad de lectura y, sobre todo, las incomodidades materiales de la lectura salteada que indica el tablero fueron uno de los mayores motivos de escándalo, cuando se comentó la aparición de Rayuela1.

Los dos ejercicios de lectura y aprendizaje posibles

Podemos decir que la novela “de lectura corrida” se presenta con menor tensión lírica, notablemente aligerada de planteamientos teóricos y mucho más compacta en el relato de los acontecimientos ocurridos en París y en Buenos Aires ( sin el paroxismo de fragmentación que introducen en ella los «capítulos prescindibles» con sus citas y las remisiones del tablero).

Pero estas diferencias anotadas, lo son solo de grado. Aunque en proporción menor, también la versión corrida muestra una tensión lírica, unas discusiones filosóficas y literarias y un extraordinario fragmentarismo, que prepara el terreno del caos y la desorientación y nada en la denominada «novela rollo» .

Lo más importante es apreciar que el orden del relato no sigue siempre la sucesión cronológica (como apreciamos en el fragmento seleccionado) porque los pasajes de uno a otro capítulo, aun sin las intercalaciones, varían en sus formas (bruscas, ligadas o aparentemente aisladas) y en el interior de cada capítulo se multiplican las referencias a diversos tiempos y espacios o series temáticas, y se producen también saltos de tono muy acusados, del humor al patetismo.

Identificación de las partes de la novela

Rayuela consta de una primera y una segunda parte que corresponden a los dos ambientes o escenarios en que se desenvuelve la novela. Por otra parte, el hecho de que la novela se convierta en la mejor guía de lectura, y aparezca, más que de forma continua, fraccionada tan netamente en dos bloques, destaca una de las formas de simbolización de nuestro mundo fragmentado (París/Buenos Aires) constantes en Rayuela. Debido a las alusiones que constatamos, este fragmento pertenece a la primera parte (capítulo 2).

En este sentido, entre estos dos polos hay que tender puentes sutiles. Por tanto es necesario separarlos bien para poder unirlos luego. La tercera parte agrupa materiales muy heterogéneos porque incluye citas de varios autores, textos sobre problemas literarios o filosóficos atribuidos a Morelli, así como escenas que podrían haber sido incluidas en la I o en la II parte. Cortázar los subtitula «Capítulos prescindibles»2.

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1Ana María Barrenechea, «La estructura de Rayuela de Julio Cortázar», en J. Lafforgue, ed., Nueva narrativa latinoamericana, II, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1972, pp. 230-238.

2Jaime Alazraki, «Introducción: hacia la última casilla de Rayuela», en J. Alazraki et al., eds., Julio Cortázar: la isla final, Ultramar, Barcelona, 1983, pp. 38-43.

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