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¿Contextualizamos?

He aquí una nueva composición para preparar la parte de la identificación textual dentro del comentario histórico-literario. Debemos prestar especial atención al procedimiento retórico predominante en todo el texto y plantear una interpretación en clave intertextual. No olvidemos que, en los exámenes prácticos de oposición, deberéis explicar los fenómenos “en función de su relevancia para el sentido del mensaje”, planteamiento que siempre hemos seguido.

  
Doliente cierua, que, el herido lado		
de ponçoñosa y cruda yerua lleno,		
buscas la agua de la fuente pura,		
con el cansado aliento y con el seno		
bello de la corriente sangre inchado,	 	
débil y descayda tu hermosura,		
ay, que la mano dura,		
que tu neuado pecho		
ha puesto en tal estrecho,		
gozosa va con tu desdicha, quando,	 	
cierua mortal, viuiendo, estás penando,		
tu desangrado y dulce compañero,		
el regalado y blando		
pecho passado del veloz montero:		
   Buelue, cuytada, buelue al valle donde	 	
queda muerto tu amor, en vano dando		
términos desdichados a tu suerte;		
morirás en su seno reclinado		
la beldad que la cruda mano esconde		
delante de la nube de la muerte.
	 	
Que el passo duro y fuerte,		
ya forçoso y terrible,		
no puede ser possible		
que le escusen los cielos, permitiendo		
crudos astros que mueras padeciendo	 	
las asechanças de vn montero crudo,		
que te vino siguiendo		
por los desiertos deste campo mudo.
		
   Mas, ay, que no dilatas la inclemente		
muerte q[ue] en tu sangriento pecho lleuas,	 	
del crudo amor vencido y maltratado;		
tú, con el fatigado aliento, prueuas		
a rendir el espíritu doliente,		
en la corriente deste valle amado.

Estuvimos comentando en la pasada sesión la significación y el sentido de esta composición. Se trata de un fragmento de la Canción 2 de Francisco de Torre (aprox. 1534-1594). Es muy frecuente encontrar en su obra diferentes símbolos extraídos de la naturaleza: la tórtola, la cierva, etc… que apuntan a la idea de la amada.

Para desarrollar la alegoría de la vivencia amorosa, dolorosa y desgarradora, recurre a tres elementos compositivos: la “cierua”, una naturaleza recreada según el canon de época y el “veloz montero”, “cruda mano”, representación de la propia muerte. Conjugánse de forma magistral en una estampa dramática, desapacible y desgarradora.

La compañera Mónica Gallego defiende la idea de que la “cierua” abandona desgarradoramente al amante “muerto” (de dolor??) porque también ha sido herida. Esta idea podría situarse en la base de la organización semántica del texto.Otras interpretaciones expuestas en clase abogan por una interpretación que pasa por considerar elementos diferenciados.

La “cierua” herida busca el refugio del agua

He aquí que esta primera secuencia, que sirve de preámbulo, presenta el germen de una acción que va ganando en dramatismo. La “cierua” herida busca el refugio del agua (no olvidemos su filiación simbólica con la vida), huyendo de la mano de la muerte (“mano dura”).

La “mano dura”

Encontramos representaciones de la idea de muerte en “mano dura”, “montero” y, de forma explícita, al final: “inclemente muerte”. A medida que avanzamos en la lectura el tiempo se consume de forma rauda y vertiginosa, la capacidad del movimiento se acelera y la virulencia del sufrimiento se intensifica.

Una naturaleza desapacible y tópicos

Apreciamos signos evidentes de una nueva temática: el decaimiento de la hermosura, el paso del tiempo (un tiempo que se consume rápidamente), la muerte, el abandono amoroso, etc. En la transición del primer Renacimiento al Barroco apreciaremos esta progresión temática que impulsará el manierismo en el tránsito temático y formal hacia el Barroco pleno.

Desde el comienzo textual, la naturaleza comparte el dramatismo de la acción y se torna desapacible (en contraste con la recreación natural equilibrada de la estética renacentista): “campo mudo” (una naturaleza que no se inmuta ni conmueve ante el estado de sufrimiento que contempla. Compárese, como comentamos, con arreglo a la Égloga III de Garcilaso) o “crudos astros”, impasibles testigos de la escena y símbolo del destino mortal.

El “cieruo”

Precisamente esta alusión subtiende la idea de abandono y rechazo. El montero apostrofa a la “cierua” para que vuelva junto a su amado, ya muerto. Esta huye despavorida, herida y agonizante en su intento por escapar de sus garras mortales. Y esta huida representa el tránsito hacia la muerte de la que intenta escapar.

Mas, ay, que no dilatas la inclemente		
muerte q[ue] en tu sangriento pecho lleuas,	 	
del crudo amor vencido y maltratado;

Estos versos son reveladores de cómo la “cierua” acoge en su “sangriento pecho” la forma vencida del amante . Invitan, asimismo, a un reflexión sobre la organización compositiva de semántica puramente amorosa, como ha señalado la compañera de preparación, Mónica Gallego.

1 comentario en «¿Contextualizamos?»

  1. Al enfrentarme a la contextualización del texto propuesto, lo cierto es que no he conseguido entresacar una idea clara. Lo que expongo a continuación son diversas ideas que he ido percibiendo, cuya interpretación puede que sea equivocada, pero, de todos modos, las expongo para que las podamos comentar en clase:

    El texto presenta un marco o medio natural poetizado, que podría ser indicio de las reminiscencias del bucolismo grecolatino que se dejan sentir con profusión en la literatura renacentista. Es el “valle amado” el lugar de vida, el agua de la “fuente pura” que busca la cierva en evidente conexión con la asociación literaria metafórica entre el manantial y el origen de la existencia, y, paradójicamente, el lugar donde llega la muerte.
    Quizás la idea que se intenta transmitir es la de la imposibilidad de escapar al destino ineludible de la muerte, pues, a mí juicio, el fragmento utiliza la figura de la cierva, con sus claras implicaturas de [+dinamismo] y [+vitalidad], como ente incapaz de escapar a la “beldad que la cruda mano esconde / delante de la nube de la muerte”. No en vano se unen los términos “cierva” y “mortal” como si de una unidad indisoluble se tratase.
    Me ha llamado la atención la constante adjetivación, muy en la línea humanista, y que se diferencia con claridad del conceptualismo abstracto de la poética medieval.
    Me han parecido igualmente llamativos los juegos de conceptos, fronterizos con la paradoja. Así, por ejemplo, se dice “gozosa va con tu desdicha”. O más claro aún: “cierva mortal, viviendo, estás penando”. Esta última referencia me ha recordado a la vinculación conceptista que ya analizamos a propósito del poema “¡Ay, Floralba!” de Quevedo, soneto que se cierra de la siguiente manera: “y vi que estuve vivo con la muerte, / y vi que con la vida estaba muerto”. No sé si esto que aquí señalo podría ser una pista en clave intertextual.

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