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¿Contextualizamos?

    Debemos profundizar en el conocimiento de las bases humanísticas del Renacimiento. La techné hará posible que apliquéis el conjunto de conocimientos teóricos a un texto de la época. Apreciemos los rasgos sobresalientes que nos ayuden a situar el texto dentro del periodo que estamos estudiando. Este importantísimo ejercicio debe justificar siempre los rasgos que fundamentan la hipótesis contextualizadora, ejemplificados en el texto.

     Entonces las tinieblas se extendieron
    por la haz de la tierra poco a poco;
    y el templo do los dos amantes eran
    tomó la escuridad que convenía
    al caso que tratamos, y aun a todos
    los casos que enredar suele Cupido.
    Leandro desque vio oportuno el tiempo,
    a Hero se llegó, con tanto miedo,
    que apenas pudo Amor obrar su fuerza;
    probó a callar y estarse padeciendo
    su miseria entre sí; pero no estaba
    tan despacio, que estar callando osase;
    y así empezó de hablar su voz temblando,
    sus rodillas también, que no podían
    la carga sostener del triste cuerpo, 
    dijo mal su razón y por mal cabo;
    mas éste su decir tuvo más fuerza,
    y pudo más de sólo poder poco,
    que si fuera el mejor y el más ornado,
    el más ardiente y copioso estilo,
    que fue el de cuantos fueron celebrados
    en Roma y en Atenas en el tiempo
    que la dulce elocuencia competía
    con el furor de las lucientes armas.
    Su embarazo fue tal y su turbarse,
    que con sólo mostrar muestras de miedo,
    mostró con puro amor puro deseo;
    y mostró más, estar determinado
    a la muerte que Amor quisiese dalle.
    Ella que esto entendió tan a la letra,
    que ni fue menester querer creello
    ni atenerse a testigos ni a argumentos,
    ni discurrir razones necesarias
    para alcanzar una verdad tan grande.
    Como en un punto vio el alma tendida
    de su amador y vio todas sus llagas,
    así también vencida fue en un punto,
    y en un punto fue hecho lo que el tiempo
    jamás pudiera hacer por más que pueda
    volver y revolver la mortal gente.
    En Leandro volvió a encenderse el fuego
    con el calor que en Hero vio movido;
    y así se fue esforzando entre sí mismo,
    y su pasión templando por un rato;
    sus ojos revolvió por todo el templo,
    y viendo bien que nadie no le vía,
    aseguróse lo mejor que pudo;
    y con acatamiento convenible
    comenzó a hablar con corazón más firme,
    no diciendo regalos ni dulzuras,
    no requiebros según la vulgar gente
    los llama, no razones bien compuestas,
    no palabras pensadas en la noche,
    no mentiras en forma de verdades,
    ni verdades en forma de mentiras;
    no decía sino puras llanezas
    habladas llanamente y con descanso:
    que siempre la verdad es descansada.
    Ella estaba escuchando todo aquesto
    con un callar atento a las palabras
    que oía, con volverse algunas veces
    agora colorada, ora amarilla,
    de amarillez que apenas se mostraba;
    señalaba otra vez algún empacho,
    con varios y confusos movimientos
    componía sin tiempo sus cabellos;
    la mano alzaba a concertar su toca,
    no hallaba lugar para su manto,
    acá y allá le andaba revolviendo, 
    sin saber cómo estar, cómo ni dónde.
    Mesuraba tras esto su semblante,
    no por hacerse grave o desdeñosa,
    mas por quitar de sí el desasosiego
    que el temor y el empacho le traían.
    Entre estos acidentes en fin hubo
    de dejarse ir y de entregarse un poco
    al blando amor, al dulce sentimiento,
    que a formarse en su alma comenzaba.

    Nos encontramos ante una recreación del famoso mito de Hero y Leandro desde una perspectiva claramente simbólica, apta para plasmar la vivencia amorosa de los amantes. Se trata de un fragmento extraído del poema Hero y Leandro de Juan Boscán (1474-1542), perteneciente a la primera etapa del Renacimiento. En él observamos rasgos evidentes del incipiente humanismo.

    Como ha dejado señalado el compañero Pablo, apreciamos rasgos inconfundibles que nos informan de su adscripción al humanismo renacentista.

    El tratamiento amoroso

    En Diálogos de amor el amor cristaliza en deseo, pero este sentimiento no puede llegar a resolverse en el contacto carnal, pues deviene en deseo concupiscible y apetito finito.

    La estrofa

    Ya estuvimos analizando su relevancia siguiendo a Navarro Tomás. En su famosísimo Prohemio e carta el Marqués de Santillana ya mostró su preferencia por los metros italianos.

    La lengua literaria

    No podemos obviar la importancia de la elocución suave y equilibrada que traduce el pensamiento y el sentimiento en belleza artística (observemos la estilística del adjetivo).

    Otros rasgos ya apuntados en la clase fueron los de las oposiciones, el dramatismo, la huellas perceptibles del amor cortés y la lírica de cancionero, etc.

    1 comentario en «¿Contextualizamos?»

    1. El texto, pese a comenzar en un punto temporal que no se corresponde con el inicio de la historia, algo que nos confirma el adverbio «entonces», y, por ende, ocultar unos precedentes que podrían ayudar en gran medida a su comprensión, deja claro desde el inicio, con la referencia a los «enredos de Cupido», que la amorosa será la temática del fragmento.
      Cabe preguntarse, en este punto, cómo aparece tejido dicho amor. Esta composición nos presenta a Leandro, quien, paralizado y temeroso, decide acercarse a Hero, objeto amoroso, y referirle unas palabras, las cuales, intuimos, constituyen una declaración. Estamos, por tanto, en el ámbito del cortejo amoroso.
      La dinámica del galanteo aparece representada con una gran carga emocional. Observamos a un «turbado» Leandro, «determinado a la muerte que el Amor quisiese dalle», cuyas palabras van a «colorar» el rostro de Hero. En última instancia, los últimos versos, a modo de tesis que confirma la hipótesis amorosa planteada al inicio, manifiestan que tal amor es correspondido a través del «dulce sentimiento» que empieza a formarse en el «alma» de Hero.
      La consumación del deseo amoroso viene aquí representada desde el ámbito de la espiritualidad y la pureza y su final feliz rompe la lógica del amor cortés que la voluntaria disposición de Leandro al sufrimiento parecía dibujar. Estamos, por ende, ante una realidad amorosa de corte humanista, más renacentista que medieval. Incluso el hecho de que los amantes se encuentren en un «templo» podría ser indicio de la concepción pura, alejada de la carnalidad, del amor.
      Existen, en todo caso, otros referentes temáticos que apoyan esta afirmación. En primer lugar, la manera que tiene Leandro de ganarse el favor de Hero es empleando «puras llanezas habladas llanamente», su «decir» tiene más fuerza que «el más ornado, ardiente y copioso estilo». La máxima de depuración y sencillez lingüística que postula la «Gramática» de Nebrija (1492) se muestra aquí de un modo explícito.
      Hay, además, referencia al mito de Cupido y una recreación alegórica del Amor, lo que demuestra las conexiones con la estética grecolatina propia de la literatura del Renacimiento.

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