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Tabla de Contenidos
ToggleEl análisis intertextual como herramienta valiosa para el comentario de textos
El análisis y explicación de las fuentes literarias es una herramienta muy preciada, que complementa, enriquece e impulsa el comentario lingüístico y literario de textos.
Dedicamos una nueva entrada al personaje de Angélica, cuyo tratamiento y significación ha cambiado de unos autores a otros a lo largo de diferentes épocas literarias.
Las lágrimas de Angélica (1586) de Luis Barahona de Soto
Se trata de un poema caballeresco en doce cantos de Luis Barahona de Soto (1548-1595), publicado en 1586. Su título completo es la primera parte de la Angélica, pero es más conocido con el de Las lágrimas de Angélica.
Esta obra quiere ser una continuación del Orlando furioso . En este sentido, narra las aventuras de la bella Angélica después de su matrimonio con Medor, sus esfuerzos para huir de la persecución de Orlando. Asimismo, relata las prisiones, encantamientos y la difícil reconquista del reino de Catay, del que se apoderó una reina rival.
Las aventuras son más extravagantes que fantásticas y el poema carece de la menor unidad, reduciéndose a un frágil tejido de episodios que se enlazan unos con otros sin conseguir nunca un relieve decisivo.
Con lo heroico-caballeresco alterna lo fabuloso, sin fundirse. Abunda una constante de estilo demasiado espeso, duro y amanerado. De este parecer no fueron los contemporáneos de Barahona, que elevaron las obras hasta las nubes. “Hubiese llorado”, dice el Cura en el sexto capítulo del Quijote «si hubiese hecho quemar este libro (La Angélica), porque su autor ha sido uno de los grandes poetas, no solo de España, sino del mundo …» . De la segunda parte del poema solo quedan fragmentos citados en otras obras.
La hermosura de Angélica (1602) de Lope de Vega
Es un poema en veinte cantos y en octavas reales, inspirado en los mismos personajes. Escrito en un periodo en que el poeta servía en la Armada Invencible, el poema fue publicado, con algunas adiciones de actualidad, en 1602. También el gran dramaturgo quiere, imitando a Ariosto, continuar el Orlando furioso por lo que se refiere a las aventuras de Angélica y Medoro. Pero el poema carece de impulso épico y tiene el desarrollo de una novela de aventuras.
Un rey de Andalucía deja en testamento que su trono ha de ser ocupado por la pareja más hermosa del mundo. Naturalmente, en los primeros cantos del poema, este honor corresponde a dicho matrimonio. Pero, después del triunfo inicial, Angélica y Medoro se ven acosados por la suerte y envueltos en una serie de aventuras complicadas. Angélica, entre otras, es raptada por Cerdaro. Medoro la rescata. En esta parte, que es la más amplia del poema, Lope de Vega sin utilizar los adecuados resortes de la fantasía, cae en lo extraño juicio y lo vacío.
Salvan a la obra del juicio negativo la exquisitez de la factura, algunos episodios muy bellos y pasajes de valor autobiográfico, con rasgos felizmente humoristas. Están añadidos al poema, en forma completamente externa y ocasional, 200 sonetos. Algunos de ellos figuran entre los más bellos de Lope como el que reproducimos a continuación:
Angélica la bella resucita,
y el amor con su hermosura a todos ciega;
Marte la espada esgrime, el asta juega,
Porque ella a Venus la corona quita.
Apolo pone duda en si está escrita,
O pintada su historia, aunque no niega
Que escribe con pincel Lope de Vega,
Y con la pluma la pintura imita.
Si habla, cuando pinta, cuando escribe
Con letras el retrato de colores
De Angélica, que es gloria de su canto,
Y tan hermosa en su memoria vive,
Que el mundo vuelve a henchir de armas y amores,
Que con tanta hermosura pudo tanto.
Angélica en el Catay (1604)
Así se titula otra obra dramática en tres actos de Félix Lope de Vega Carpio (1562-1635), procedente de la Parte octava (1604). Según Menéndez Pelayo se trata de una de las antiguas obras de Lope de Vega. Es posterior a Los celos de Rodamonte, de la que repiten escenas y situaciones. Se trata de una dramatización de algunos de los episodios del Orlando furioso de Ariosto, especialmente, de los referentes a las aventuras de Angélica y Medoro, Cervino e Isabela, Rodamonte, Mandricardo, Doralice y de otros personajes del poema italiano.
El asunto principal de la obra son los amores de Angélica y Medoro. Otra veta temática es su coronación como reyes del Catay (hecho que se anuncia, pero no se realiza en el Orlando). Los episodios en que Lope sigue Ariosto apenas si han sido alterados. Esto ha permitido a Ludwig estudiar las diferencias entre ambas obras. Solo en algún momento consigue Lope una auténtica interpretación de los temas del Orlando, como por ejemplo cuando nos cuenta en forma de un bello romance morisco el rapto de Doralice. Lope sintetizó en su obra especialmente los cantos I, XIV, XIX, XX XXI, XXIII, XXIV XXVII. En conjunto la obra aparece como una sucesión de episodios aislados, sin ilación entre ellos. Esta circunstancia obliga al poeta a una rápida sucesión de escenas y a dar un aspecto de irregularidad total al poema dramático, de la que se salva solo el segundo acto.
Angélica y Medoro de Góngora (1602)
Angélica y Medoro es uno de los más bellos y famosos romances de Luis de Góngora. Lo escribió en 1602, según la fecha del mejor manuscrito. La acción del romance, en 136 versos octosílabos, es muy simple. Al inicio narra el encuentro de Angélica, reina de Catay, con Medoro, herido de muerte. A continuación relata el enamoramiento de ambos y su felicidad una vez curado Medoro. Este argumento deriva nuevamente, como es sabido, del Orlando furioso estrofas 16-37. Concretamente del canto XIX. Se trata, por tanto, de un tema muy conocido, pero desarrollado con toda su artificiosidad en el Barroco, por lo que fue muy admirado por Gracián.
Estudio crítico del poema de Dámaso Alonso
Con relevancia para el análisis literario del texto, Dámaso Alonso estudió primorosamente este romance con la intención de demostrar cómo en una pieza de 1602, que siempre los críticos habían elogiado por su «naturalidad, abundan sobremanera los artificios más complicados.
Halla, por ejemplo, numerosas contraposiciones ( “las venas con poca sangre, / los ojos con mucha noche”). Abundan paralelismos ( «el lunado arco suspende / y el corvo alfanje depone»). Localiza alusiones y perífrasis (“aquella / vida y muerte de los hombres”, para designar a Angélica). Documenta metáforas curiosas y originales ( “ya es herido el pedernal, / ya despide al primer golpe / centellas de agua”). No están ausentes los cultismos sintácticos ( «plumas les baten veloces»). Prodigan los conceptos, ingeniosidades y chistes ( «un mal vivo con dos almas – Medoro – / y una ciega [ de amor] con dos soles [por ojos]»).
A pesar de todo, y aun quizá por esta misma artificiosidad, el romance es muy bello. Una de las más logradas estilizaciones barrocas de la pasión amorosa, donde la estallante sensualidad y el gozo de la naturaleza que sirve de fondo a esa pasión, son las notas dominantes. Así, por ejemplo, describe a Angélica: «Desnuda el pecho anda ella, / vuela el cabello sin orden; / si le abrocha es con claveles, / con jazmines, si le coge.» Y todo está al servicio de esa pasión: «Cuevas do el silencio apenas / deja que las sombras moren / profanan con sus abrazos/a pesar de sus horrores.» Aunque deriva del Orlando, Góngora ha embellecido con extraordinaria sensualidad y delicadeza, con esa sensualidad tan característica del cordobés, lo que en Ariosto está más cercano a un plano realista.
Reproducimos un fragmento del romance.
Romance de Angélica y Medoro