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ToggleLa educación en valores hoy
En la reciente entrega de los Premios Princesa de Asturias de 2025, el Rey Felipe VI ha defendido la necesidad de “educar en valores” con el objetivo de garantizar la convivencia democrática, como base para construir un futuro en un mundo que se debate entre dos extremos: el individualismo y la globalización.
En gran medida los profesores somos los misioneros encargados de impulsar este planteamiento en las aulas. La cultura y convivencia democrática lo es, primero, en las aulas, y, después, en la sociedad en la que se desarrollarán y desenvolverán los alumnos/as, ciudadanos en activo de una sociedad cada vez más globalizada y, al mismo tiempo, individualista.
¿Qué son los valores? Una perspectiva curricular
La pedagogía de los valores se caracteriza, en primer lugar, por la transversalidad. La axiología o estimativa, es decir, la filosofía de los valores, los aborda en cuanto elementos valiosísimos, en su propio valer.
Algunos valores transversales son: paz, amor, justicia, generosidad, diálogo, honradez, compromiso, diálogo, esfuerzo, etc. Estos valores se perciben mediante la estimación, operación no intelectual, caracterizada por su polaridad: puede ser positivo o negativo, valor o contravalor.
Los valores se descubren, estiman e incorporan en base a criterios de jerarquía, peso pedagógico e importancia. El concepto de valor, en sí, se relaciona con la existencia de la persona, afecta a su conducta, configura y condiciona sus propias representaciones mentales e ideas, así como sus propios sentimientos. Son cambiantes, dinámicos y se reconocen en el proceso convergente de la individualidad y la socialización.
Forman parte, pues, de un proceso de individualización, en tanto que se asumen como propios, y de socialización, en el obrar y puesta en práctica al servicio de la mejora del bien social.
Diferencias entre valor, actitud y norma
Según Rubíes, «Es imposible educar sin principios educativos y sin valores. Es impensable la existencia de una escuela de educación si no tiene unos principios, si esta escuela no se respetan unos valores que den sentido a la idea del hombre, del mundo, de la vida y del sentido de la historia … » (Rubíes, 1980).
La LOGSE planteó la Educación en valores y temas transversales de las competencias educativas básicas como un trabajo sistemático a través del cual, y mediante actuaciones y prácticas en nuestros centros educativos, los profesores y profesoras podamos desarrollar aquellos valores que vienen explicitados en nuestra Constitución, y que deben ser la base de la democracia.
En este contexto y desde esta perspectiva pedagógica, concretamos la definición de valor, actitud y norma.
El Valor es un objetivo que nos proponemos en la educación y que parte de la idea que se tenga del hombre y que le ayuda a ser más persona. Es sencillamente la convicción razonada de que algo es bueno o malo para llegar a ser más humanos.
Como consecuencia, entenderíamos como contravalor, todo aquello que dificultara llegar a ser más persona y le restara humanidad.
Actitud: Los profesores y profesoras de Lengua y de Secundaria, en general, hemos de suscitar esta dimensión en el estudiante. Esta le permitirá adquirir y asimilar un valor. Cuando la actitud llega a ser fácil de ejecutar se convierte en un hábito.
Norma: Es la explicitación a nivel colectivo de un valor. Se institucionaliza y cristaliza en las reglas que han de regir el comportamiento social.
¿Por qué educar en valores?
Desarrollar en los centros educativos una pedagogía de los valores es educar al alumnado para que se oriente hacia el valor real de las cosas. Para esta vertiente pedagógica los estudiantes creen que la vida tiene un sentido, y reconocen y respetan la dignidad de todas las personas.
Todos los valores, que configuran la dignidad del ser humano, son el fundamento de un diálogo apto para fomentar y afianzar la paz entre todos los pueblos. El “mundo de los valores” también es la mejor guía del individuo en sus deseos de autorrealización y perfección.
En este caso el objetivo de la educación es ayudar al educando a moverse libremente por un universo de valores para que aprenda a conocer, querer e inclinarse por todo aquello que sea noble, justo y valioso.
Educar en valores es educar moralmente, porque son los valores los que enseñan a establecer una jerarquía entre las cosas, llegar a la convicción de que algo importa o no importa; vale o no vale; es un valor o un contravalor.
Además, la educación moral tiene por objetivo lograr nuevas formas de entender la vida y de construir la propia historia personal y colectiva.
La educación moral promueve el respeto a todos los valores y opciones. No defiende valores absolutos, pero tampoco es relativista; no toma una posición autoritaria (una solución única) ni una posición libertaria («haz lo que te apetezca»). Por eso ante un conflicto de valores es necesario conjugar estos dos principios:
- La autonomía personal frente a la presión colectiva.
- La razón dialógica en oposición al individualismo que olvida los derechos de los demás.
Valores transversales para vivir en sociedad
Los criterios para vivir en sociedad desde el punto de vista moral perfilan un programa de valores ordenados y jerarquizados:
- La crítica, como instrumento de análisis de la realidad y el compromiso para cambiar todo lo que sea injusto.
- La alteridad, que nos permite salir de nosotros mismos para establecer unas relaciones óptimas con los demás.
- El conocimiento de los derechos humano y su respeto.
- Implicación y compromiso, perfilan la dimensión activa y evitan que los otros criterios queden reducidos a una simple declaración de buenas intenciones.
La doble dimensión de los valores: ¿convicción o suposición?
El valor, como hemos apuntado, es la convicción razonada de que algo es bueno o malo. Organizamos esta convicción en nuestro psiquismo en cuerpo de universo de preferencia (uno o varios valores predominan por encima de los otros). Es un trasfondo que se ha venido formando en nosotros desde la infancia.
Una vez interiorizados, los valores se convierten en guías y pautas de conducta en cuya ausencia quedamos a merced de criterios y normas ajenas.
Los auténticos valores se asumen libremente y nos permiten identificar con claridad los objetivos de la vida, dándole pleno sentido. Nos ayudan a aceptarnos y a valorarnos tal y como somos, facilitando una relación madura y equilibrada con las personas y las cosas.
En la escuela, pues, los profesores y profesoras debemos interesarnos y ocuparnos de la educación moral, que forma parte de la educación integral de la persona, ayudando a los alumnos y alumnas a construir sus propios criterios, permitiéndoles adoptar decisiones para saber cómo enfocar su vida y cómo vivirla y orientarla.
Hay criterios que debemos reconocer por sí mismos, como deseables para la convivencia pacífica y respetuosa con los demás, y que están situados por encima de los propios intereses personales.
El tratamiento de los valores transversales en las Oposiciones de Lengua y Literatura
Como vemos, los valores transversales son realidades ineludibles que debemos abordar, incluir y explicar en los programas educativos que defenderemos en las Oposiciones de Lengua y Literatura: programación, unidades didácticas y situaciones de aprendizaje. Desde la Pedagogía en valores, se aboga por una integración de los valores en el currículo académico.
En el tránsito de la LOGSE a la LOMLOE la preocupación por la identificación y transmisión de valores fundamentales ha ido in crescendo. El Diseño Curricular Base estableció la necesidad de que los profesores y profesoras seríamos los depositarios y mediadores de la educación en valores:
“La educación social y moral de los alumnos y alumnas, en la medida en que contiene una educación para las actitudes y valores, ha de permitir opciones responsables de los niños y adolescentes dentro del pluralismo característico de la sociedad moderna, respetando, al propio tiempo, los valores y creencias de otras personas y grupos sociales”.
Esta idea se muestra confirmada y afianzada en los preámbulos de las leyes orgánicas de educación que se han venido desarrollando desde los ochenta hasta hoy: LODE, LOGSE, LOCE (que no llegó a aplicarse), LOE, LOMCE y LOMLOE.