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La figura de Alejandro Magno y su evolución histórico-literaria

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    Introducción: entender la plasmación literaria del mito de Alejandro Magno y su transmisión

    Proseguimos con un nuevo capítulo de nuestro diccionario de literatura, con el ánimo de ilustrar sobre los aspectos más destacados de la historia de Alejandro Magno y cómo este inundó, a lo largo los siglos, el acerbo literario. Como sabéis, la competencia literaria intertextual es muy importante en la preparación de las Oposiciones de Lengua y Literatura. Acumular lecturas, cuantas más mejor, os ayudará a interpretar los textos literarios vivos de diferentes épocas y periodos. Tenemos la convicción y creencia de que la literatura universal responde a una reelaboración constante, de acuerdo a una continuidad emergente a lo largo de la historia literaria.

    Orígenes remotos y significado primigenio de la figura de Alejandro Magno: heroicidad, mito y gloria

    La figura del héroe macedonio ha aparecido en todas las épocas como una de las manifestaciones más insignes de la gloria y de la potencia humana, vivo aún, sus gestas maravillosas le envolvieron en una atmósfera de mito y se le rindieron honores casi divinos. Su muerte cerró el momento feliz de Grecia que había sido abierto por otro luminoso ejemplar de juventud,  Aquiles.

    Ya en los historiadores contemporáneos de Alejandro se advierte esta confusión entre historia y leyenda. La primera historia extensa que se atribuye al filósofo Calístenes, historiógrafo de la corte, mandado ejecutar después por Alejandro en la famosa conspiración. Es una novela heroica que tuvo mucho éxito en Oriente y fue traducida repetidas veces incluso al latín. En gran parte legendarias son las narraciones de Clitarco en doce libros, escritas en los últimos años del siglo IV a. de C., la de Aristóbulo de Casandra que había tomado parte siguiendo a Alejandro en la expedición a la India, y finalmente las de Tolomeo Lago de Nearco, Trogo y Justino (Historias Filípicas), Diodoro, etc., hasta Plutarco.

    Las Historias de Alejandro Magno

    En Clitarco se inspiran las Historias de Alejandro Magno [Historiae Alexandri Magni], narración de la vida de Alejandro en diez libros, de los cuales se han perdido los dos primeros. La parte que nos queda comienza con la preparación de la gran batalla junto a Isos entre Alejandro y Darío, rey de Persia (333 a. de C.) y, después de narradas las conquistas y aventuras sucesivas, llega hasta la muerte de Alejandro, a la división del reino y a su sepultura en Alejandría (323 a. de C.).

    Junto con las narraciones de Arriano, Anabasia de Alejandro, y Diodoro, en su Biblioteca Histórica, la de Curcio constituye una de las fuentes más difundidas para la historia de Alejandro. Está basada en fuentes más difundidas para la historia de Alejandro, pero antiguas y valiosas, como revela la circunstancia de que a veces su juicio sobre el héroe refleja el juicio desfavorable de los ambientes macedónicos. A Curcio, sin embargo, no le interesan los problemas políticos, e incurre de buen grado en la predicación moralista a la que era tan aficionado la historiografía helenística. 

    La exégesis: pasión e impetuosos impulsos

    También la exégesis de los hechos militares deja que desear, y esto, porque pone en primer término, las flaquezas humanas del héroe, que después de haberse embriagado de gloria y de placeres en la conquista fulminante del fabuloso Oriente, llegando hasta el punto de considerarse más que hombres, como Dios, murió en edad juvenil.

    En él se combaten desmesuradas pasiones y frío cálculo; se alternan impetuosos impulsos y desconsolados arrepentimientos, magnanimidad, bondad y crueldad demoníaca. Este drama se desarrolla, además sobre un fondo de batallas, carnicerías, orgías gigantescas, en países maravillosos por su diversa naturaleza, por sus ciudades legendarias y por la novedad de sus usos y costumbres. En todos estos elementos, ya recogidos en la vasta literatura novelesca que con el tiempo se formó en torno a Alejandro, Curcio aplica una técnica historiográfica de su tiempo, con discursos directos, disgresiones descriptivas, sentencias morales, pero sin resentirse excesivamente de los defectos de la retórica entonces imperante, ya que la exposición colorida, apasionada y dramática, cautiva por su estudiada sencillez.

    La Anábasis de Alejandro de Arriano

    De Tolomeo Lago y Aristóbulo A. Passerini deriva la Anábasis de Alejandro de Arriano de Nicomedia, Bitinia (95?-175? d. de C.). Dividida en siete libros, a imitación de la obra de Jenofonte, narra la historia de Alejandro desde el comienzo de la expedición al Asia hasta su muerte. Es una de las fuentes más seguras de la historia de Alejandro, aunque el autor sea un poco parcial a favor de su protagonista. Las fuentes de Arriano son como él mismo dice en su proemio, además de las obras de carácter militar de Tolomeo Lago  y de Aristóbulo, las de Erastótenes en la esfera geográfica, de Nearco, general de Alejandro, de quien con razón se fía mucho de Arriano de Megástenes. Cuando las fuentes le parecen discordes, él las discute y escoge las noticias que le parecen más plausibles, con discernimiento y buen sentido notables: distingue claramente la parte legendaria de la históricamente atestiguada (por más que la crítica moderna no esté aún muy segura del valor de esa distinción), pero sin descuidar tampoco la primera.

    Estilo y fuentes de la Anábasis de Alejandro

    Estilísticamente se propone como modelos, además de Jenofonte, a Tucídides y Herodoto y pertenece con Luciano y Plutarco a la corriente literaria que quiere imitar no solo a los áticos puros, los cuales gozaban en aquel momento de fama indiscutible, sino también a los grandes escritores no áticos, como Homero y Herodoto.

    Artísticamente Arriano es inferior a los grandes escritores de la época de los Flavio y de Trajano, como Plutarco, Díon y Luciano. Su estilo es sencillo, exento de ornamentos retóricos. No fue literato, sino un hombre de acción, que solo en edad madura se puso a escribir al modo de su constante modelo, Jenofonte.

     Obras que nos quedan, y que lo han hecho ilustre, no habían de ser, según él decía, sino un ejercicio preparatorio para su obra mayor, que se ha perdido, La Historia de Bitinia. De todos modos como historiador de Alejandro, Arriano es importantísimo y, en gran parte, gracias a él, conocemos la personalidad de Alejandro por una fuente más verdadera y digna de atención que las historias novelescas de Curcio, Rufo y Pompeyo Trogo.

    Empresas de Alejandro Magno de Julio Valerio

    Bajo el nombre de Julio Valerio (II-IV siglos d. de. C.) ha llegado hasta nosotros una traducción latina del pseudo Calístenes, Empresas de Alejandro Magno (Res gestae Alex Magni translatae ex Aesopo graeco J). La obra abundaba en relatos maravillosos, fantásticos, exóticos, habiendo experimentado cierto influjo de la novelística oriental, que precisamente la conquista de Alejandro había puesto en contacto con el mundo helénico. Esta novela, así como mereció en los pueblos orientales traducciones al armenio y siríaco, en Occidente se vertió primero al latín, y después, en lenguas vulgares, tuvo no pocas versiones. Julio Valerio fue el primero, por lo que puede saberse, que tradujo esa novela al latín, dividiendo toda su materia en tres libros: nacimiento, empresas y muerte. La latinidad de su estilo es muy decadente, con vulgarismos y provincialismos más que frecuentes. Su estilo es descuidado, y más de lengua hablada que escrita. Tal vez por anticipar en ciertos aspectos las características de la Edad Media, esta obra tuvo larga difusión y se abrevió en un epítome.

    Penetración de la leyenda de Alejandro Magno en el mundo islámico

    La leyenda penetraba al mismo tiempo en el mundo islámico y Alejandro, recordado en el Corán con el nombre de Dulcarnain, producía el fabuloso Libro de Iscandar o Aliscandar [Iskandarname], que cuenta varias transcripciones persas, turcas e indostánicas. La más famosa es el poema persa de Nizami de Gangiah, que fue el primero en dar forma autónoma de arte en las literaturas musulmanas a la leyenda oriental de Alejandro, después de las vagas alusiones del Corán y los capítulos del Libro de los Reyes, dedicados a Alejandro por Firdusi. En el poema de Nizami, Alejandro desciende, por parte de madre, de Abraham, y solo es hijo adoptivo de Filipo de Mecedonia. Educado por el sabio Aquwaqus (Nicómaco), padre de Aristóteles, sube al trono, y después de haber iniciado sus conquistas en Egipto, niega tributo a Darío, le vence en batalla, y se apodera de Irán. Siguen otras campañas fantásticas (hasta contra los rusos) y la primera parte del poema se termina con la expedición de Alejandro, junto con el profeta Khizr, para descubrir el agua de la vida.

    La segunda parte, más gnómica y moralizante, introduce junto a Alejandro un cortejo de sabios y filósofos griegos como Arquímedes, Sócrates, Platón, Tales, Apolonio de Tiana, Hermes Trismegisto, que disertan de cuestiones de ciencia, moral y cosmografía. Continúa luego la narración de los viajes de Alejandro a Oriente y Occidente. Entre ellos el que hace a Gog y Magog, cercados por el héroe con una gran muralla de hierro y el viaje al país de una gente primitiva y feliz, al lado de la cual el inquieto conquistador siente la inanidad de sus andanzas. La muerte en Babilonia lo eleva de allí al cielo. Confusos recuerdos y, sobre todo, estratos de leyenda helenístico-egipcia, oriental y especialmente musulmana, aparecen en esta elaboración de Nizami en este sugestivo poema.

    Entre los epígonos de Nizami, que tratan esta materia, son dignos de recordar el poeta persa de la India, Amir Jusrev de Delhi (m. 1324), y Yamí de Haràt (m. 1492). Este último desarrolló con preferencia los temas fabulosos a los que confiere carácter místico, y nos presenta un Alejandro que disputa con sus sabios acerca de la vanidad de las cosas humanas.

    Versiones occidentales de la leyenda de Alejandro Magno

    Una de las primeras versiones occidentales es el Alejandro (Li romans d’Alixandre). Los casi veinte mil versos alejandrinos publicados con este título por H. Michelant en Stuttgart en 1848, son un conglomerado que se fue formando a través de una serie de manipulaciones. En el último tercio del siglo XII, Lambert le Tort de Chateaudun había rimado en dialecto picardo las novelescas aventuras de Alejandro en la India, después de un poema anónimo pictavino, en decasílabos, que en el texto que ha llegado hasta nosotros no va más allá de las primeras gestas de Alejandro. A su vez se deriva de un poema de Alberic, tal vez de. Briançon (principios del siglo XII), del que solo poseemos un fragmento. 

    Con anterioridad al 1177, Alexandre de Bernay, culto letrado de París, amplió y refundió el poema pictavino en versos picardos cuya forma métrica se llamó, desde el siglo XV, alejandrina, precisamente por haberse usado en los poemas franceses acerca de Alejandro. Versificó igualmente los hechos relacionados con la muerte del protagonista y unió estos dos trabajos suyos, como principio y conclusión, con la obra de Lambert, la cual además amplió y rehizo.

    Página miniada del códice de Alejandro Magno
    Página miniada del Códice de Alejandro. Siglo XI . Venecia, Escuela de los Griegos

    Versión alemana: Poema de Alejandro

    La primera versión alemana de este célebre roman de la baja antigüedad es el Poema de Alejandro (Alexanderlied) del sacerdote Lamprecht. Basándonos en la comparación de los tres códices principales que nos lo transmiten es posible que solo la primera parte de la obra es de Lamprecht mientras el resto se debe a otro autor. Lamprecht parece haber escrito alrededor de 1138; y su continuador en los años de 1160 a 1170. La fuente de que se han servido ambos es la Alejandreida, del francés Alberiz de Besançon, escrito hacia finales del siglo XI, basándose en la obra de Julio Valerio y de la Historia de proeliis del Arcipreste León. Después de una introducción en la que resuena el grito de “vanitas vanitatum”, se narra la vida de Alejandro como se halla en las fuentes. Una amonestación a la penitencia y al temor de Dios cierra el poema. Todo el relato respira el clima milagroso-religioso de la Edad Media.

    Las aventuras religiosas son el argumento que más apasiona al autor. Bellísima es la fábula de las muchachas autógenas que en verano nacen del cáliz de las flores, beben el agua de las fuentes y cantan con los pájaros. Después, en otoño, mueren con las flores de las que han nacido. También es exquisito el Idilio amoroso entre Alejandro y la reina Candace, una especie de Circe que posee los más bellos tesoros del mundo. Lleno de admonición cristiana se nos ofrece después el viaje al Paraíso; tras de muchas aventuras. Alejandro llega junto al Eufrates a una alta muralla de piedras preciosas, de cuya puerta sale un anciano que le da una piedra preciosa del tamaño de un ojo, y le dice que ella le enseñará la mesura y que se vuelva atrás si quiere salvar su vida.

    Alejandro vuelve, en efecto a Grecia y ruega a un hebreo que le explique el significado de aquella piedra. El hebreo pone la piedra en el platillo de una balanza, y en el otro platillo pone oro, pero por mucho oro que pone no logra contrapesar la piedra. Entonces el hebreo sustituye el oro por un puñado de tierra y en seguida el platillo que contiene la piedra se levanta. El hebreo lo explica así: la piedra preciosa es Alejandro a quien no basta todo el oro del mundo, mientras que un puñado de tierra será bastante para cubrirlo. Alejandro reconociendo su ambición desmesurada cambia de pronto su vida.

    La Alexandreida de Gauthier de Châtillon

    Sigue en el orden del tiempo la Alexandreida [Alexandreis]  de Gauthier de Chatillón, que vivió en el siglo XII. Es el poema épico más logrado de entonación virgiliana que haya producido la Edad Media. Los 5464 hexámetros de la obra, compuesta en cinco años (1178-1182), dividida en diez libros, tratan de una «materia elevada, que ninguno de los antiguos poetas se atrevió jamás a describir». El poema, precedido de un modesto prefacio en prosa, se abre a la manera clásica con la invocación a la musa y la dedicatoria, a Guillermo, arzobispo de Reims, protector de Gauthier, y se cierra con una invocación a las Piérides y otro devoto homenaje a su protector. Su fuente principal son los diez libros de las Historias de Alejandro Magno de Curcio Rufo. 

    Gauthier toma de ellas con la libre fidelidad que todo poeta mantiene ante su modelo en prosa: unas veces sigue escrupulosamente aquel relato, otras veces lo coloca con mayor abundancia de pormenores; ya su fantasía o las reminiscencias de otros autores le elevan a añadir episodios enteros que se encuentran en Curcio, ya se siente obligado a suprimir ciertas narraciones de su modelo. Vinculado, pues, a la clasicidad, tanto por el contenido como por su métrica, el poema de Gauthier de Chatillon floreció en una época que experimentó bien el encanto del mundo milagroso de las gestas del Macedonio.

    La leyenda de Alejandro en España: El libro de Alexandre

    Al pasar esta leyenda a España, cristalizó en El libro de Alexandre, poema de más de diez mil versos, que en dos hemistiquios de siete silabas cada uno, se distribuyen en cuartetas monorrimas ( “cuaderna vía”). Fue obra del autor desconocido, sin duda un «clericus», que vivió a mediados del siglo XIII. El rimador se atiene a la Alejandreida de Gauthier y al Alejandro de Lambert Le Tort y Alexandre de Bernay. Toma también del Epítome de Julio Valerio, de la Historia del Arcipreste de León y del Alejandro del clérigo Simón. Para los detalles del asedio y la destrucción de Troya se sirve de la Historia de la destrucción de Troya de Guido delle Colonne.

    El autor inicia su exposición dando a conocer los prodigios que precedieron y acompañaron el nacimiento del gran conquistador. Cuenta que tuvo por maestro en las artes liberales al sabio Aristóteles y que al ser armado caballero recibió como regalo una espada fabricada por Vulcano. Después le presenta en sus viajes y en sus empresas militares de Oriente. Alejandro visita ante todo las ruinas de Troya cuya historia se narra minuciosamente; rinde homenaje a la tumba de Aquiles , y desde allí se pone en marcha contra el ejército persa de Darío, y lo derrota repetidamente. Así entra triunfante en la ciudad de Babilonia y apenas se entera de que Darío está a punto de caer víctima de una traición se apresura a socorrerle, aunque demasiado tarde. Alejandro se lamenta ante el cadáver del rey muerto; y en su memoria manda levantar un rico y grande monumento. Persigue y vence a los traidores del imperio y lo conquista, y finalmente se casa con Racena, hija de Darío. 

    Continuando sus conquistas hacia Oriente, Alejandro llega al mar, y queriendo visitar el reino de las aguas, se hace sumergir en la profundidad encerrado en una caja de cristal. La naturaleza se encoleriza por tal atrevimiento, que entra en su misterio para conocerlo y violarlo, y suscita contra Alejandro las iras del infierno. Pero Alejandro no se sacia en su sed infinita de saber, igual que la bondad generosa que la inspira.Después de haber explorado misterio de las aguas oceánicas y haber conocido otros prodigios y maravillas, anhela subir al cielo “por veer todo’I mundo, como yaz o en qual manera”. Dentro de un saco de cuero, dejando fuera solo la cabeza, Alejandro se levanta por el aire, transportado por dos grifos, ante los cuales, con una pértiga agita un pedazo de carne. En la tierra lo aguarda la traición.

    Mientras él explora el cielo, y contempla el movimiento de las estrellas y mide con la mirada la inmensidad de la tierra y del mar, en su palacio real los traidores, reducidos por Antipater se conjuran contra él y consiguen más tarde darle un veneno mortal.

    Este poema es la historia de un alma, que a través de la experiencia aventurosa se va mostrando progresivamente. Bondad generosa e inteligencia abierta. Con arte ingenuo y desnudo toma las cosas no por lo que valen por sí mismas, sino como medio para introducirse en el alma de Alejandro. Un medio en que historia y fantasía se identifican, pero en el cual es posible captar la vida de un gran espíritu en su doble actividad de inteligencia y de amor. A esta realidad autónoma tiende el poeta, aunque se disipe en detalles ociosos o en comentarios de erudición inútiles, perdiendo el hilo de la narración con daño de la armonía de todo el poema.

    Proyección en el teatro del Siglo de Oro

    En el teatro español del Siglo de Oro es notable la tragicomedia Las grandezas de Alejandro de Lope de Vega (1562-1635), representada el 1620. En ella, que al decir de K. Vossler, «no es, ciertamente; una obra maestra pero sí una verdadera pieza popular, vemos un Alejandro hijo de Júpiter, un vital y pagano semidiós, en cuyo arrojo y belleza física, decisión, caballerosidad, liberalidad, suerte con las mujeres y afición a la aventura hablan de complacerse los españoles cumplidamente. Pero, al final de la obra, en el apogeo de su poder, se arroja en el polvo ante las puertas de Jerusalén el hombre magnífico, a los pies del Sumo Sacerdote, por más que el propósito que allí se llevara fuese el de imponer obediencia a los judíos a sangre y fuego».

    Plasmación en las artes plásticas

    En las artes plásticas son muchas las obras inspiradas en la figura de Alejandro Magno. Entre las innumerables esculturas de la Antigüedad, que se han perdido en su mayor parte, la más conocida que nos queda es el Alejandro Hermes en el museo del Louvre y que se tiene por retrato auténtico del gran caudillo. Es famoso el mosaico del Museo Nacional de Nápoles que representa la Batalla de Isos entre Darío y Alejandro. Durante el Renacimiento se inspiran en la historia y en la leyenda del Macedonio Rafael (Galerías del Vaticano) y Sodoma (Farnesina). Entre las obras no italianas más conocidas figuran el bajorrelieve de Puget, Alejandro y Diógenes (Louvre, 1687) y la serie de cinco telas que representan las empresas de Alejandro de Charles Le Brun.

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