¿Es necesario memorizar las fechas de todas las obras en la preparación de las oposiciones de Lengua y Literatura?

No es necesario memorizar todas las fechas del temario de oposiciones

Traslado al Blog la respuesta a una consulta que me han planteado algunos opositores sobre si es necesario memorizar los años de edición  de las distintas obras literarias que estudiamos tanto en la parte del comentario literario, filológico e histórico-literario como en el desarrollo y planteamiento del tema.

Es importante tener en cuenta la idea inicial de que no es viable ni operativo memorizar los años de edición de todas las obras de la Historia literaria. Por contra, sí debemos conocer las fechas fundamentales que representan cambios de tendencia literaria, estética o de época lingüística.

Cuando estudiamos la novela de posguerra, por ejemplo, nos sorprende un verdadero chaparrón de obras, fechas y autores. ¿Es necesario memorizar los años de edición de todas y cada una de las novelas? Obviamente no. Por el contrario, sí que debemos delimitar la datación de los distintos movimientos y escuelas así como los momentos cruciales en que se produce el cambio literario o lingüístico. Por ejemplo, destacamos 1962 como fecha fundamental del inicio de la experimentación narrativa a raíz de la publicación de Tiempo de silencio o 1944, el año de la publicación de Hijos de la ira y Sombra del paraíso, como testigo del cambio en la orientación temática y estética de la poesía de posguerra.

La relevancia de la periodización corta

Debemos considerar la importancia de manejar intervalos de periodización corta. Toda historia presenta una articulación temporal interna que de manera más o menos explícita ha estado considerada siempre. Menéndez Pidal aludió a esa consistencia interior al menos una vez, en los párrafos primeros de su divulgado artículo “El lenguaje del siglo XVI”:

“Concebimos tan cómodamente la historia dividida en siglos, ilustraba el maestro, que casi no podemos hacer otra división; sobre todo tratándose del lenguaje, cuya evolución conocemos sólo a grandes rasgos”. Se trataba ,pues, de poner en juego el más ajustado positivismo analítico, de llenar cualquier Historia del lenguaje y de la literatura de contenido empírico. Se trata así de quebrar una mera exposición de lo histórico por siglos, amplitud que el maestro gallego-asturiano califica de “descomunal” (‘monstruoso, enorme’). Por contra, pretendemos buscar porciones cuajadas internamente en sí mismas, es decir, delimitaciones de duración media que respondan a lo empírico de lo real y que intenten interpretarlo y traducirlo. Menéndez Pidal aboga por la articulación de cada centuria en varios segmentos temporales de caracteres individuales precisos de los que el estudioso deberá dar cuenta. Lo real tiene su propia lógica interna, lo idiomático diacrónico por supuesto la tiene, y se trata de dar cuenta de ellas.

¿Cómo tratamos este asunto en el temario?

De esta manera, nuestro temario (temario que, por cierto, ha sido valorado con calificaciones muy buenas y felicitado por algunos tribunales. “Gracias por el tema magistral que nos has regalado” fueron las palabras de un presidente de tribunal a una compañera que aprobó en Andalucía). El temario y los cuadros cronológicos recogen las fechas fundamentales que debemos memorizar. Trasladamos estas fechas a la parte de la contextualización y al análisis histórico-literario en la parte del práctico.

Asumimos como inoperante el hecho de aprender todas las fechas que jalonan la Historia literaria. En cambio, sí nos centramos en las más relevantes. Estas se insertan en el cuadro de datación cronológica de periodos literarios y épocas lingüísticas que manejamos. Contextualizar dentro de la Historia literaria exige conocer los años fundamentales y los hitos de su evolución. Identificados los rasgos y fundamentada la hipótesis de datación, llevar el texto al terreno de la localización en su periodo es pan comido.

Fechas clave en la evolución de la literatura

Cuando nos adentramos en el estudio de la novela, el teatro y la poesía de posguerra, incluso en los aledaños de la Guerra in(civil), veréis cómo el grupo de fechas, obras y autores crece de forma exponencial. En nuestro tema 66, por ejemplo, ofrecemos un desarrollo diacrónico de la evolución literaria de los novelistas que empezaron a publicar desde loas años anteriores a la contienda a nuestros días . Lo que no hacemos es explicar la evolución de sus producciones a lo largo del tiempo. El enfoque proporcionado gana así en viveza y dinamismo y es el más adecuado para explicar mejor la trayectoria de novelistas fundamentales a lo largo del tiempo (años 50, años 60, etc…). Óptica similar aplicamos al estudio de la poesía y del teatro.

También debemos considerar que las fechas clave, dentro del comentario filológico y la datación de textos de cualquier época, vienen determinadas por fenómenos de tipo estético o lingüístico. Por ejemplo: 1250, 1276 ó 1501, etc. Debemos asimilar, por tanto, estos años como verdaderos hitos en la evolución, verdaderos puntos de inflexión y cambio.

Tengamos presente la idea de que somos filólogos, pero también  estudiosos de la Historia de la Literatura y de la Lengua. En este sentido sí consideraremos necesario afrontar el trabajo memorístico de retener las fechas más importantes en la historia del cambio lingüístico, gramatical y literario.

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