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Contextualización de textos literarios: rasgos de la novela existencialista

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    La importancia de la contextualización literaria en los exámenes prácticos de oposiciones

    Dedicamos este primer artículo de una serie orientada a enriquecer y clarificar una herramienta de análisis fundamental en la parte práctica de las oposiciones, cual es el de la contextualización literaria. Se trata de una dimensión que actúa como complemento sustantivo del comentario de textos literarios. Además de impactar en beneficio y calidad del análisis, es preceptivo utilizarla al abordar las tipologías que pueden presentarse en la prueba práctica:

    • Comentario lingüístico de textos literarios.
    • Análisis estilístico y crítico.
    • Dimensión pragmática.
    • Estudio de la intertextualidad y el dialogismo.

    Dada la magnitud y extensión de las literaturas hispánicas, es inviable leer todas las obras y autores de todos los tiempos. Es por esto que debemos ser capaces de utilizar herramientas que nos permitan hilar muy fino en el trabajo del comentario de textos, enfocado y concretado en su perspectiva de contextualización literaria. Se trata de actualizar las guías de lectura, la antología y la hermenéutica reflexiva en lo que denominamos el marco amplio de contextualización literaria.

    La corriente literaria de la novela existencial

    Entendemos, con J. Marías, que la novela existencial surge «como complemento o instrumento auxiliar de una filosofía, en forma de método parafilosófico». Esta definición no está exenta de dificultades, no ya para aplicar a las narraciones la denominación de existencialistas, sino también para bautizarlas como existenciales. En efecto, partimos de la base de que ninguno de sus cultivadores aspira a complementar ninguna filosofía previa, existencialista, religiosa o social. Por tanto, ¿hemos de renunciar a la localización de una cierta influencia del movimiento  existencialista, que, en los años cuarenta, se había extendido por Europa e Hispanoamérica? Se trata de un signo de un tiempo colectivo en que la persona pierde el norte de su brújula existencial. Además, trata afanosamente de encontrarse a sí mismo en medio de un universo caótico y hostil a su individualidad.

    Guillermo de Torre se preguntaba sobre la posible consideración del existencialismo como escuela o movimiento literario. Poco después, se respondía en estos términos: «Durante algún tiempo, al promediar la década del 40, pudo parecer así, pero no tardó en demostrarse la inanidad de tal supuesto» .

    Podrá discutirse el carácter específicamente existencialista de algunas novelas de posguerra. De ahí la cautela de no acogerlas bajo la omnipresente sombra del ismo. Las dificultades son evidentes. No solo por el silencio de la crítica sobre esta pretendida tendencia existencial de nuestra novela de posguerra, sino también por los muy distintos presupuestos que la inspiran en relación con su homóloga francesa.

    La influencia de Sartre

    Si Sartre «no pretende componer novelas psicológicas, [sino que] ambiciona crear novelas metafísicas» , la mayoría de estos relatos subsume lo existencial en lo psicológico, imbricando ambos aspectos de tal forma que deviene en tarea vana el deslindarlos. Pueden incluso referirse aspectos puntuales, como la inclinación de nuestra novela existencial al fatalismo, que alejan a esta notablemente de los presupuestos existencialistas franceses.

    Se trata de un rasgo inherente e inconfundible de novelas existenciales como La familia de Pascual Duarte, en la que, además, aparece bien retratada la figura del antihéroe.

    Explicación de los temas esenciales del género de la novela existencial

    Este género de novela se manifiesta en dos temas fundamentales:

    • La incertidumbre del destino humano y
    • la falta o trabas para la comunicación personal.

    La persona se encuentra sola en un universo falto de sentido. Afloran sentimientos de insolidaridad y no sabe a dónde dirigir sus palabras o acciones. El aislamiento y su incierta existencia afloran en estas novelas como si fuesen, además de circunstantes del hombre español de su tiempo, un cúmulo de condiciones de todo hombre en cualquier momento del tiempo.

    Además, el novelista, de acuerdo con una de las más fecundas premisas del existencialismo, presenta a esos personajes en su situación; en su contexto concreto. Casi todas estas novelas son novelas de situaciones e incluso de situaciones que experimentan un proceso de graduación a un máximo de tensión. Se ponen de relieve los límites del hombre: el vacío, la repetición y la náusea […]. Otras experiencias son la culpa, el sufrimiento y el combate. Todo ello conduce al inevitable asedio de la muerte.

    La influencia de Heidegger

    Enlazando con la idea anterior, durante el período bélico, un ser-para-la-muerte, atrajo al intelectual combatiente. Concluida la guerra y embargados por el nuevo proyecto de reconstrucción nacional, tanto en el terreno económico como en el moral e ideológico, estos presupuestos carecían de sentido. Nos encontramos en el contextos de una situación caracterizada por la recuperación de una nueva cultura que, pese a todo, no rompe amarras con la desazón y el pesimismo.

    La huella de Heidegger marcaría la «literatura filosófica del Movimiento». La revis­ta “Escorial”, por ejemplo, miraría con insistencia al existencialismo (y no solo al de Heidegger). De entre ellos, destacó el escrito de Heidegger «Hölderlin y la esencia de la poesía», publicado por dicha revista en 1943.

    El ser-para-la-muerte se revalorizó en ámbito de la crítica filosófica española de la década de los cuarenta, pero con un tratamiento algo distinto del recibido por Sartre. A Heidegger se caracterizó por ser un filósofo riguroso y profundo. De manera simultánea sus escritos se analizan en España y su influencia sobre nuestra la primera generación existencialista prepara el terreno para la incursión sartriana. Paralelamente, continúan publicándose artículos. En 1948, Gabriel Marcel, el más destacado representante del existencialismo católico, viene a España para impartir una serie de conferencias en Madrid, con motivo de las cuales su nombre aparece en las páginas de los periódicos. Se impulsa de esta manera una toma de contacto más estrecho con esta filosofía.

    El fenómeno de la novela existencialista en España

    Desde finales de los años treinta, un sentimiento generalizado de angustia parece impregnar, antes incluso del comienzo de la contienda mundial, la literatura del momento. Los ecos de la inquietud alcanzarán a la narrativa hispanoamericana en nombres como el de Ernesto Sábato en El túnel (1938), cuyos personajes caen en el pozo de la incomunicación y la falta de asidero existencial . Como hemos dicho, se trata de temas preferentes, que empiezan a tomar forma definida en la creación literaria de la época, aunque en España se dejaran notar en escasa medida.

    J. M. Martínez Cachero apunta caracterizaciones del sentir respecto a la generación del 98, tales como la «morbosidad decadente», la «actitud anárquica», los «desplantes negativos», el «criterio ácido y miope» y la «furia iconoclasta» de aquellos «hombres sombríos y estrafalarios» del 98, representantes, a su juicio, de «la España putrefacta» y censurables por su «obstinación maniática de colocar a la España tradicional sobre la mesa de disección, para descuartizarla sin pudor ni pena».

    El influjo de Baroja y el pesimismo existencial en estado puro: El árbol de la Ciencia

    Podemos afirmar que el antecedente inmediato de la novela existencial se encuentra en la generación del 98, hasta bien entrados los cincuenta. En épocas posteriores también se ha vuelto a manifestar, pero en sus rasgos más destacados. De entre los autores de aquella generación, el novelista existencial tiene como afín a su temperamento un tanto adanista y profundamente pesimista a Pío de Baroja.

    Nuestro autor no pretende perderse en la abstracción. No será la muerte, por poner un ejemplo, lo que suscite su interés, sino la de su personaje, Andrés Hurtado. De ahí que el sentimiento de angustia se plasme en el decurso de situaciones y sentimientos concretos, anexos a una realidad circunstancial. Mucho más que el orden metafísico de la condición humana, interesa plasmar el hastío vital del día a día.

    El novelista existencial de los años cincuenta rebusca en la tradición autóctona. Concretamente en el magisterio de Baroja.

    Algunos títulos de la novela existencial

    En este contexto, ciertas novelas tuvieron dificultades para ver la luz. Es el caso de  Lola, espejo oscuro, que tuvo dificultades para su reedición, o Lázaro calla. Solo una de nuestras novelas existenciales, La sombra del ciprés es alargada,  pudo calificarse por el censor de lectura «para todos». Otras como Buhardilla  se censuró por «no ser para jóvenes, por detalles desagradables y crudos»). Igual suerte corrieron Cama 36 («no debe leerse; cuenta la traición de una esposa al caer enfermo su marido»); Cuando voy a morir («realista, amoral, cruda; rechazable»); Con la muerte al hombro («algo áspera y cruda en descripciones de algunos horrores; para adultos») o Segunda agonía considerada «para adultos formados».

    Títulos de la narrativa existencialista del momento, en sus diferentes variantes, fueron: La gota de mercurio, La sombra del ciprés es alargada y Con la muerte al hombro. Otros títulos con rasgos existencialistas fueron Tiempo de silencio (1962), de Martín-Santos, y Cinco horas con Mario (1966), de Delibes, aunque se encuentren muy distantes de la fecha 1955 , considerada como un punto de inflexión de la primera generación existencial en España. Desde entonces la narrativa social sustituiría a la expresión individualista. Este fenómeno perdurará hasta que se manifieste la reacción contraria. Algunos críticos consideran existenciales, con matices, novelas como Con el viento solano (1956), de Aldecoa, o Juegos de manos (1954), de Goytisolo.

    Leamos un fragmento de La sombra del ciprés es alargada, en el que podemos apreciar algunos de los rasgos que acabamos de comentar. Nótense las similitudes del retrato de Doña Gregoria con el de la triste y enferma Lulú de El árbol de la ciencia.
    novela existencial en Delibes.
    La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes

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