¿Cómo gestionar el tiempo en las oposiciones de Lengua castellana y Literatura?

Hace poco estuvimos comentando en una clase la importancia de controlar el tiempo en la parte A de las oposiciones (práctico+tema).

El ajuste temporal en el desarrollo del tema pasa por considerar que, en dos horas, tengo que demostrar un conocimiento científico, exhaustivo y profundo del tema. Es preciso demostrarle al tribunal que soy un verdadero experto en ese tema concreto. Además, he dejar claro mi entusiasmo y originalidad en su desarrollo. Ya dijimos en otra entrada que algunos de los temas, como puedan ser el tema 3 o el tema 11, por poner algunos ejemplos, se asimilan a asignaturas completas anuales del plan de estudios de la Licenciatura o el Grado en Filología Hispánica. Por tanto, es harto complicado sintetizar en dos horas todo el saber que acoge una disciplina como la Dialectología (nada más que en el “Español en América” llegué a reunir más de 3.000 páginas de teoría).

En la parte del práctico de las oposiciones de Lengua , cuando ya has logrado llegar al fondo del sentido y en la significación del texto, llega el momento en el que el tiempo de la prueba concluye. Siguiendo el símil del maestro gallego-asturiano, Menéndez Pidal, al aproximarnos al estudio filológico del texto, hemos de entrar en él como el que entra en una catedral (¡Él sí nos legó una gran catedral para una lengua! como exclamaría su nieto Diego Catalán). El conjunto semiótico: el silencio, la verticalidad, la variedad poliédrica de luces tamizadas… nos trasladan una significación profunda y un mensaje claro. Todos los elementos se disponen a favor de la expresividad y el sentido textuales. Cuando ya nos encontramos tocando fondo y hemos logrado adentrarnos en su hermenéutica de sentido, llega el funesto momento en el que no podemos seguir escribiendo. Es en ese instante cuando afloran la impotencia, la rabia y la frustración por no haber podido desarrollar infinidad de aspectos que conocíamos. Se trata de una mezcla de emociones que giran en torno a la misma idea: no hemos tenido la oportunidad de demostrar lo mucho que sabíamos. Cuando uno va muy bien preparado a las oposiciones se encuentra con que su enemigo más dañino es precisamente el tiempo.

Uno de los pilares metodológicos de la preparación consiste precisamente en el objetivo de alcanzar las destrezas y habilidades necesarias para llegar a desarrollar un análisis profundo, exhaustivo y con la debida profundidad científica a propósito de los textos propuestos en cualquiera de los niveles de análisis que venimos trabajando. Por eso desarrollamos este bloque con tanta dedicación e intensidad. Nada más que en la parte de las prácticas de todos los niveles llegaremos a consolidar en junio un volumen de más de 3200 páginas de soluciones y más de 500 vídeos).

Como vengo diciéndoos , el control del tiempo se consigue. entre otros métodos, con la realización de simulacros adaptados a cada comunidad autónoma. Con su realización conseguiremos mimetizar el marco pragmático, en condiciones de adecuación, que encontrarás el día de los exámenes de oposición. No basta con poseer un alto nivel de conocimientos, también hay que demostrarlos en el tiempo asignado, tiempo que oscila entre los 90 min. y las 3 horas de Madrid. Precisamente porque tu nivel de conocimientos es muy alto el factor temporal representa una sombra funesta que planea por el aula desde el minuto 1.

Una compañera de Valencia nos trasladaba en una de las sesiones su inquietud y desasosiego por este mismo asunto. En Valencia dispone de 90 minutos para desarrollar el ejercicio práctico. Igualmente, en Madrid, 3 horas se quedan cortas para atender a la variedad de cuestiones que se plantean. Este mismo problema encontramos en Andalucía (pese a que en esta comunidad el reparto es algo más equilibrado) o Castilla-La Mancha (90 min. para dos análisis), por citar algunos ejemplos. El “tempus fugit” adquiere aquí un sentido real y palpable.

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