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Introducción: la relevancia de los textos literarios medievales en la parte práctica
Enmarcamos este artículo dentro de la serie “contextualización literaria de textos”, que iremos actualizando con frecuencia. El objetivo es el de dilucidar las peculiaridades estéticas de diferentes periodos literarios y cómo estas emergen y se manifiestan en el texto, concebido como “forma en formación” , del periodo en que este se incardina. En esta ocasión nos centraremos en los textos literarios medievales oposiciones de lengua y cómo su contexto influye en su análisis.
En este sentido, la obra literaria se constituye a partir del hecho lingüístico. Consiste, por tanto, en una comunicación establecida dentro de los medios de la propia lengua entre un autor (a través de un intérprete o de la escritura) y un perceptor de su mensaje (sea oyente o lector). El objeto de la comunicación, establecida en un texto que mantiene un determinado grado de cohesión y permanencia lingüísticas, se reconoce, en su época, por su unidad de sentido contextualizado. Es el caso de los textos medievales, cuyas particularidades es necesario explicar adecuadamente en el ejercicio práctico de las oposiciones.
La lengua literaria de las obras medievales
la lengua literaria de las obras medievales se instituye como un aspecto del variado conjunto del lenguaje de la época. La historia de la lengua aúna la abundancia de fenómenos lingüísticos en constante evolución. Su estudio, pues, se establece siguiendo la evolución de los mismos en el tiempo y en el espacio de los hombres que los hablaron y escribieron.
El origen cultural de la medievalidad se produjo en el reinado de Alfonso X (de 1252 a 1284). El Rey Sabio estableció un sistema de escritura o sistema gráfico. Se basó en la representación de los sonidos con letras del alfabeto latino. Con ligeras modificaciones y variantes, sirvió, aun a través de la transformación del castellano en el siglo XVI hasta que la Real Academia Española aseguró en el XVIII las bases de la actual ortografía.
Desde una perspectiva filológica, los escribientes, amanuenses y copistas de la Edad Media no se ciñeron a unas reglas únicas. Continuaron, empero, los hábitos del uso, con una oscilación relativa, propia de la lengua literaria. El establecimiento de una correspondencia entre signo y sonido ha de entenderse a través de un término medio en el uso de las letras.
En los diferentes casos acababan formándose sistemas de relativa uniformidad, modelados por convencionalismos del grupo lingüístico. Por tanto, resulta aventurado enmendar el texto de un manuscrito literario, según el patrón de un lenguaje medieval arquetípico y uniforme. Los lectores actuales tenemos que habituarnos a la flexibilidad de la lengua antigua. Toda adaptación o corrección debe fundamentarse en motivos suficientemente justificados.
El problema lingüístico del léxico
Una de las partes con mayor dificultad en la lectura de la obra medieval es el léxico. Si bien en las ediciones comentadas esto se salva en las notas aclaratorias, citaré algunas obras que pueden orientaros sobre esto.
- El Diccionario de la Real Academia Española. Contiene las palabras medievales bajo la indicación de «anticuadas»; el número recogido no es muy grande y sujeto a revisión.
- El Diccionario Histórico de la Lengua Española, sería el específico para estas consultas. Dado que las palabras difíciles de los textos medievales implican problemas de interpretación en los que interviene la etimología, es conveniente la consulta de otros diccionarios de apoyo como el que explicamos a continuación.
- Diccionario crítico etimológico, de J. Corominas, con evoluciones etimológicas, glosarios y concordancias de obras literarias.
Problemas con las grafías consonánticas
La dificultad más importante es la variedad de signos de s (s|s| = [z], s|, |s, |ss| = [s]) y la posible confusión entre los signos de s con los de z [z], unido a las vacilaciones de orden fonético. En alguna ocasión la que se denomina s alta fue confundida por inadvertidos editores con la letra f. Por otra parte, en los códices e incunables no aparece la unidad gramatical de las palabras tal como se halla establecida en la escritura actual; o no existen los signos de puntuación o son diferentes.
Tampoco se encuentra una división en párrafos clara. Este factor dificulta la lectura para los que no están al tanto de estos conocimientos. Por esto, aun salvando la dificultad de las ediciones facsímiles, pues en las paleográficas existe una lectura establecida con las letras de la imprenta actual, resulta, sin embargo, un tipo de ediciones que sigue requiriendo lectores especializados en el conocimiento de la lengua y literatura de la Edad Media.
Vacilaciones e inestabilidades en las grafías vocálicas
Más delicado y complejo es el criterio aplicable para la unificación o separación de determinadas vocales y consonantes. En este sentido, hemos de aplicar suficientes reservas del caso, contando con que el editor establezca su criterio con el mayor rigor, según el propósito que lo guíe, puede valer como término medio el siguiente:
- Adscribir a i y a u los valores fonológicos de vocal.
- Uso de la letra s para cualquier signo gráfico que la denote en sus variantes, respetando la identidad de valores fonológicos en los casos de la correspondencia con las modalidades sordas o sonoras o en los de su confusión.
- Uso de la letra j para el valor fonológico de la consonante medieval [z].
- Uso de la letra v para el valor consonántico que se halle en confluencia con u consonante, dejando que u asuma el valor vocálico.
- Correcta distinción de la letra z a través de sus variantes, unificándolas siempre que esto resulte claro y conveniente para el valor fonológico. Si no se alcanza una diferenciación neta, indicar los casos en que pueda confundirse con los signos de s con el fin de evitar los falsos aspectos de un seseo.
- Uso de ce, ci, ça, ço,çu en los casos correspondientes en que se use la cedilla de otra manera.
Grupos cultos y valores consonánticos
Otros elementos de complejidad es que el atañe a los grupos consonánticos cultos y semicultos. Hay una tendencia – connatural a la propia lengua – a la estabilidad. El cambio lingüístico es siempre lento y se genera, las más de las veces, por analogía.
- Se mantiene el mismo aspecto del texto en los grupos cultos o semicultos de consonantes o en cualquier palabra de origen diferente del latín.
- Se procura unificar los signos de los sonidos nasales en el sentido de reproducir m, n y ñ con las letras de la ortografía moderna, eliminando los signos de abreviación nasal que son inoperantes. No obstante, se ha de cuidar de que no desaparezca cualquier indicio fónico que pudiera ser de interés (como por ejemplo una posible pronunciación “muncho”, hoy vulgar). También hay que mencionar, aunque sea en nota, los signos de la palatal que se aparten del general nn = ñ.
- Se eliminan otros signos gráficos que no tienen una significación explícita, como los que se presentan en ch en función de c.
- Cualesquiera otras modificaciones que el editor establezca han de quedar cuidadosamente indicadas en la declaración previa de la edición. Su justificación ha de poseer un fundamento lingüístico, de tal manera que quede bien claro el conjunto del sistema gráfico utilizado en la obra, hasta el grado en que sea posible establecerlo.
La teoría de los tres estilos
La Edad Media conoció también una teoría del «estilo» que tuvo relevancia en la conciencia del arte literario medieval. La etimología del término castellano «estilo» es la palabra latina stilus, cuyo uso más general fue con la significación de ‘punzón’, en especial el que se destinaba para escribir sobre las tablillas de cera. En su empleo en las escuelas retóricas llegó a ser sinónimo de scriptio, scriptura; stilus exercitatus. Era el ejercicio escrito, de donde ‘manera peculiar de escribir’, por un proceso de metonimia.
El término retórico en uso, empleado para designar las diferentes clases de escritura ( en cuanto que cada modo pudo representar una determinada combinación artística de elementos lingüísticos) fue genus (‘género’). Cicerón defiende que el buen orador (el elocuente) es el que sabe expresarse con sencillez refiriéndose a cosas poco importantes. Lo hace, además, de manera templada en lo referente a las cosas de importancia media. Las tres maneras tienen usos distintos, y también se relacionan con los fines del orador. Cuando expone las pruebas, debe mostrarse preciso, cuando quiere deleitar a los oyentes, se ha de manifestar templado, y vehemente a la hora de conmover.
Retóricas en número 3: su simbolismo en la Edad Media
La Retórica a Herenio recoge también las tres maneras fundamentales llamándolas grave, media y atenuada o leve. Se establece una distinción según la clase de palabras y la construcción usadas: para la grave se utilizan las palabras elevadas y la construcción ornada. Para la media se usan palabras menos altas, pero que no sean ínfimas o vulgares, y para la manera leve valen expresiones de uso común. Desde los antiguos pasó a los Padres de la Iglesia. San Agustín recoge esta concepción en su célebre triada. El genus submissum o tenue (propio para enseñar), genus temperatum (propio para entretener), y genus grande (propio para conmover), combinando cada modalidad con un propósito.
Conclusiones: la presencia de textos medievales en los exámenes de oposiciones
En el examen práctico, la presencia de diferentes textos medievales es regular y frecuente. Con esto, los tribunales pretenden, entre otros criterios, examinar las dotes filológicas y lingüísticas de los opositores y opositoras. Como acabamos de ver, los textos de la Alta y Baja Edad Media tienen peculiaridades uniformes, pero no exentas de dificultades paleográficas y filológicas. En los ejercicios prácticos, el factor texto es muy importante. En efecto el material textual, manifestación singular de una época o periodo, es el que determina el enfoque del comentario o análisis.
La unidad cultural, semántica y formal de época, emerge en manifestaciones textuales de variado tipo, que, pese a su indisoluble unidad, evidencia los distintos rasgos que se agrupan en isomorfismos estilísticos, temáticos o estéticos.
| Leamos una muestra textual adaptada desde su escritura original. En este ejercicio apreciaremos las dificultades de contraste en la interpretación y transcripción desde el punto de vista paleográfico y filológico, del manuscrito original del Libro de Buen Amor llamado de Gayoso. |