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ToggleBernardo del Carpio: una tradición temática en sí misma
En este artículo realizamos un trazado intertextual e histórico-literario de la extraordinaria presencia y calado que la temática relacionada con la figura de Bernardo del Carpio y la batalla de Roncesvalles ha tenido en las literaturas hispánicas y europeas. En efecto, la versión poética del desastre de Roncesvalles fue pronto divulgada en España, no solo a través de la crónica del Pseudo-Turpín, tan vinculada a Santiago de Compostela, sino también a través del Cantar de Roldán y de sus refundiciones francesas y provenzales.
Al difundirse por tierras castellanas e incorporarse al amplio repertorio juglaresco, esta leyenda experimentó una doble interpretación. Por una parte, se conservó el fondo de la tradición francesa, si bien introduciendo notables cambios y curiosas modalidades (Cantar de Roldán). Por otra parte, se creó un héroe hispánico, entre histórico y fabuloso, que pasó a ser el vencedor de los franceses: Bernardo del Carpio. Se trata, por tanto, de una figura que, por su impacto literario, adquiere singular relevancia en el temario y parte práctica.
La leyenda de Bernardo del Carpio en Castilla dio lugar a numerosos cantares, fablas y estorias, que se recitaban por los cuatro vientos de sus reinos, pero que no han llegado hasta nosotros sino en las prosificaciones y resúmenes contenidos en las obras históricas del Tudense, del Toledano y de la Crónica General.
La historia de Bernardo del Carpio en Lucas de Túy y Rodrigo Ximénez de Rada: similitudes y diferencias
Los relatos de Lucas de Túy y de Rodrigo Ximénez de Rada coinciden en muchos aspectos sustanciales, pero difieren en otros, lo que prueba la diversidad de versiones de la leyenda vigentes en la época.
En uno y otro, Bernardo del Carpio es leonés por ambas líneas, nacido, según el primero, de unos amores ilícitos. Según el segundo, del matrimonio secreto del conde don Sancho con doña Ximena, hermana de don Alfonso el Casto. En ambos, las relaciones íntimas de don Sancho y doña Ximena se castigan con la prisión del conde y con la reclusión de la hermana del rey en un monasterio. En ambos también el rey educa en la corte a su sobrino. Cuando Carlomagno, envanecido por sus triunfos, escribe a don Alfonso para que se haga vasallo o súbdito suyo, Bernardo, lleno de ira, presta auxilio a los sarracenos.
Obsérvase aquí una variante notable: el Toledano afirma que don Alfonso estaba en relación con el emperador francés, a quien llama secretamente a España, ofreciéndole, por carecer de hijos, la sucesión de sus reinos. Los magnates de la corte, al enterarse del mensaje, estallan en indignación. Con Bernardo a la cabeza, obligan al rey a revocar la promesa, amenazándolo con expulsarlo del reino y romper todo lazo de fidelidad. El rey envía nueva embajada a Carlomagno, anulando sus promesas. El emperador, sediento de venganza, cruza los Pirineos y es derrotado en Roncesvalles, no a la vuelta, sino a la ida; no en su retaguardia, sino en su vanguardia; no por los sarracenos de Zaragoza, sino por los cristianos de don Alfonso.
Por el contrario, el Tudense atribuye el triunfo de Roncesvalles al rey Marsilio, en cuyas huestes figuraban algunos navarros y también Bernardo que, peleando por su cuenta, ayuda a los sarracenos en la matanza de cristianos.
En lo sucesivo, ambos historiadores divergen notablemente. El Tudense escribe que Bernardo, después del desastre de Roncesvalles, se reconcilia con Carlomagno, del cual obtiene grandes honores, se hace famoso entre los romanos, galos y germanos, y pelea victoriosamente contra los enemigos del Imperio.
Regreso a España de Bernardo del Carpio: el tema de la rebeldía
De regreso a España, ayuda al nuevo rey Alfonso III el Magno en sus batallas contra los sarracenos, puebla el castillo del Carpio, cerca de Salamanca, y desde allí exige del rey la libertad de su padre. Por entonces, el nuevo rey francés, Carlos el Calvo, invade España y el héroe con la ayuda del renegado Muza, rey de Zaragoza, lo derrota en las gargantas de los Pirineos.
El relato del Toledano es más sencillo que el del Tudense. No dice nada de las aventuras de Bernardo por tierras del Imperio ni de esta segunda invasión de los ejércitos francos. Pero sí de sus hazañas contra los sarracenos en tiempo de Alfonso III, de la fundación del Carpio y de la rebeldía contra el rey, en la cual Bernardo devasta las fronteras del reino hasta que Alfonso III le otorga la libertad de su padre, ciego y decrépito. El relato de la Crónica General concilia las diferencias del Tudense y del Toledano, y a su vez, incorpora numerosos detalles de los cantares de gesta, con lo que las aventuras del héroe se enriquecen de pormenores dramáticos.
Tres temas fundamentales coincidentes con las gestas
Según algunos cantares, tal vez los más antiguos, la madre del héroe era doña Thíber, hermana de Carlomagno, la cual, yendo en romería a Santiago, se había rendido a los amores del conde de Saldaña. Asimismo, estos cantares atribuían, a Bernardo, grandes hazañas en Francia e incluso algunos daban por campo principal de sus aventuras el Pirineo aragonés. Vemos, pues, tres temas básicos:
- el tema del vasallo en lucha con su señor, tan característico de la épica románica, tanto francesa como castellana;
- el tema del conde de Saldaña, orgullo nacional encarnado por el Bernardo vencedor de Carlomagno -tema de Roncesvalles -;
- y el tema de la lucha contra los sarracenos, que es común a franceses y castellanos -tema de la Reconquista-.
Durán reúne hasta cuarenta y seis romances relativos a Bernardo del Carpio, de los cuales todos, menos uno, son eruditos y artísticos. El tema de Bernardo fue de los más decantados en el siglo XVI, «en noches no áticas, sino de invierno, entretenidas al son de las tijeretas de los barberos, al fin en cuentos de mujercillas», según dice el cronista catalán Pujades.
El único romance que la crítica ha considerado primitivo es el que, en una de las versiones (núm. 13 de la Primavera), empieza con el verso: “Las cartas y mensajeros / del rey a Bernaldo van”, y en otra versión, que, por el cambio de asonante, parece más antigua (núm. 14), con el verso: «Con cartas y mensajeros el rey al Carpió envió». Los demás romances que Wolf incluyó en la Primavera son meras versificaciones de la Crónica General o de factura moderna. Algunos romances del ciclo son de autor conocido: Lorenzo de Sepúlveda extractó en verso la Crónica General publicada por Florián de Ocampo. Lucas Rodríguez inventó una serie de aventuras caballerescas, tomando por modelo los Amadises; Gabriel Lobo y Lasso de la Vega se muestra contaminado por los romances moriscos; un romancista anónimo creó la amistad entre Bernardo y Muza el de Granada; etc.
Raigambre y propagación de la leyenda hispánica de Bernardo del Carpio
La leyenda hispánica relativa a Bernardo y Roncesvalles, al llegar al Renacimiento, se cruzó, a través de Boyardo y Ariosto, con las tradiciones rolandianas vigentes en la Italia de la época, dando lugar a una serie de poemas épicos, el primero de los cuales es el del poeta valenciano Nicolás de Espinosa: Segunda parte de Orlando, con el verdadero suceso de La famosa batana de Roncesvalles, fin y muerte de los doze Pares de Francia, publicado en Zaragoza en 1555 y reeditado en Amberes en 1556 y 1557 y en Alcalá de Henares en 1579.
El héroe del poema es ya un verdadero caballero andante, como lo pueden ser los héroes de los fabulosos libros de caballerías de la época. Las situaciones, a través de cuyo laberinto el héroe demuestra su valor, son las típicas del género. Son comunes los combates singulares y encantamientos, etc. Roldán, invulnerable como Sigfrid, muere ahogado por Bernardo. En el escrutinio de la librería de don Quijote. Se condenan al fuego un Bernaldo del Carpio y un Roncesvalles, que no son otros que los poemas El verdadero sucesso de la famosa batalla de Roncesvalles, con La muerte de Los doze Pares de Francia, aparecido en Valencia en 1555 y reimpreso en Toledo en 1583, obra del caballero valenciano Francisco Garrido de Villena, conocido también por una mediocre versión del Orlando enamorado de Boyardo; y la Historia de las hazañas y hechos del invencible caballero Bernardo del Carpio, compuesto en octavas por Agustin Alonso y publicado, en Toledo, en 1585.
España defendida (1612)
Unos años más tarde, en 1612, apareció en Madrid la España defendida del poeta, novelista y preceptista Cristóbal Suárez de Figueroa (1571-1639), que puede ser considerada como una seguida imitación de la Jerusalén de Tasso. El mismo autor lo confiesa en el prólogo: «A este [al Tasso]. pues … imité en esta obra, y con tanto rigor en parte de la traza y en dos o tres lugares de la batalla entre Orlando y Bernardo, que casi se puede llamar versión de la de Tancredo y Argante, supuesto me valí hasta de sus. mismas comparaciones». Pero el poema épico más importante sobre Bernardo del Carpo escrito en el Siglo de Oro es el Bernardo de Bernardo de Balbuena.
Bernardo o la Victoria de Roncesvalles (1624)
El Bernardo o la Victoria de Roncesvalles de Bernardo de Balbuena (1568-1627), aunque publicado en Madrid en1624, corresponde a «los primeros trabajos de mi juventud, fábrica y compostura del calor y que por su gran aparato estructural y temático, por sus aciertos de detalle: «Y en cristalinos tumbos de agua fría», «con bellas alas de oro y pasos tardos», «plantar banderas y armas contra el cielo», etc. Su sentido del barroco es externo, estructuralmente ornamental. Su obra no es más que una pirotécnica, tensa y brillante, de imágenes sutiles y rotundas sonoridades.
La casa de los celos y selvas de Ardenia (1585)
La comedia caballeresca La casa de los celos y selvas de Ardenia de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) fue impresa en 1615, pero parece notoriamente anterior a esta fecha.
Por lo todavía caótico de su construcción dramática, por el empleo de figuras alegóricas (como en El Tratado de Argel y La Numancia ) la situamos hacia 1585. Procede de los libros de caballerías del ciclo carolingio, y en parte del Orlando furioso de Ariosto (coincidiendo en personajes como Roldán, Angélica, etcétera), y probablemente del Orlando enamorado de Boyardo, pero siguiendo la tradición española que opone al tema de la invasión de España por Carlomagno, la figura de Bernardo del Carpio, que aparece en la escena.
Interesa, por ser la vez primera en que Cervantes se enfrenta con un tema caballeresco, adoptando el autor una actitud de ironía y acaso de parodia. El giro caricaturesco que da a personajes solemnes, los versos de efectos cómicos, la evidente versión grotesca de un motivo pastoril, en la especie de égloga de Clori – que prefiere Rústico, el tonto y rico, a los discretos Lauso y Corinto -, lo confirman.
Por otra parte, el empleo excesivo de la magia, que transforma las cosas reales y crea motivos de ilusión (como la supuesta muerte de Angélica), es el antecedente de las explicaciones que en su locura se dará el propio Don Quijote al chocar con la hiriente realidad de los molinos que creyó gigantes, rebaños ejércitos, etc. También es un precedente remoto de la dualidad Quijote-Sancho, la pareja de Bernardo del Carpio y su escudero el Vizcaíno, grotesco y realista. En la obra hay bellos momentos líricos, como las lamentaciones de Reinaldos, al creer muerta a Angélica, y dos sonetos que recogió el autor en la I Parte del Quijote. Intervienen figuras simbólicas como la buena y la mala Fama, España ( que anuncia las grandezas futuras de su historia), el Temor, los Celos, etc., y mitológicas como Venus y Cupido. La obra resulta desigual y un tanto extravagante. Se interesa más por las razones ya apuntadas. Creemos con Cotarelo Valledor – contra el criterio superficial en este caso de Menéndez Pelayo – que fue Lope de Vega el que imitó esta obra en Las pobrezas de Reinaldos. Pueden proceder también de Cervantes (aunque se explicarían por las fuentes comunes de Ariosto y Boyardo.
Las Mocedades de Bernardo del Carpio
Es la primera de las dos comedias que Lope de Vega (1562-1635) dedicó al tema de Bernardo. En ella se introducen por primera vez unos personajes y unas situaciones que harán fortuna en la trayectoria posterior del tema. Las escenas de la crianza de Bernardo, en la segunda jornada, recuerdan las de la infancia de Ciro en Contra valor no hay desdichas. Don Rubio, de quien Bernardo pasaba por hijo, riñe un día con él, le llama bastardo y provoca en el héroe una reacción en la que se advierte su orgullo y arrogancia: «Y así digo que me ha dado / honra ver que no habéis sido / el padre que me ha engendrado; / que sé que soy bien nacido / de otro padre mas . honrado / . . . / y pues ni padre ni madre / no puedo conocer hoy, / yo he de ser mi propio padre: / hijo de mis obras soy».
El rey le reconoce por sobrino y se lo lleva a la corte, en donde le arma caballero. Llega Ben-Jusef, gobernador del Carpio, con una embajada del rey Almanzor de Toledo. Benardo le injuria en presencia de su tío. Creyéndose postergado a su primo don Ramiro, presunto heredero del trono, derriba la mesa en que comían, desmiente y afrenta a todos los presentes y se dirige al castillo del Carpio a implorar la hospitalidad de Ben-Jusef. Bernardo, después de salvar una celada preparada por el vengativo alcaide sarraceno, se apodera de las tierras del Carpio. Emprende la aventura del castillo de Luna, que pasaba por encantado, y en sus subterráneos encuentra a su padre, ciego y decrépito. La agnórosis de padre e hijo es de una notable calidad dramática. Las Mocedades de Bernardo del Carpio, que se nos han conservado en un texto muy corrompido, es muy inferior a El casamiento en la muerte.
El casamiento en la muerte (1604)
En El casamiento en la muerte de Lope de Vega (1562-1635), impresa en su Primera Parte (1604), se unen el tema heroicocaballeresco de la defensa de España por Bernardo del Carpio, contra el intento de cesión de su territorio a Carlomagno por Alfonso II el Casto, y el tema de la legitimación del protagonista, intentando casar a sus padres (la Infanta doña Jimena, castigada en un convento por el rey, y el conde de Saldaña, preso en un castillo). Respecto a lo primero, Lope deriva, lejanamente, de las gestas y romans franceses, y de modo inmediato de la Crónica general y romances sobre Bernardo del Carpio. Destaca el carácter indomable del español que no admite la soberanía extranjera: “¡El que fuera español no lo consienta, y más el que ha nacido castellano!”. Intervienen al modo de los libros de caballerías de asunto carolingio (además del Emperador), Roldán, Oliveros, Montesinos, Durandarte, etc. Se pone en acción la batalla de Roncesvalles, y la busca de cadáveres en el campo de batalla, por los supervivientes franceses, con gran dramatismo, catástrofe presentida en el sueño de Belerma.
En cuanto al tema que da título a la obra, Lope realiza una original y atrevida situación trágica. Concedida por el rey la libertad de su padre, Bernardo, al llegar al castillo, encuentra al viejo conde de Saldaña que acaba de expirar. Entonces va al convento en que está su madre, la lleva junto al cadáver y la obliga a estrechar su mano. Mientras Bernardo hace bajar la cabeza del conde para simular el sí: “Padre, apretad bien la mano; / supuesto que muerto estéis. / Decid si, que bien podéis. / Sí, dijo: no ha sido en vano”.
Leamos un fragmento de la Primera Crónica General de Alfonso X, en que trata este asunto con su singular técnica historiográfica.