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Introducción: ejercitar a fondo el análisis literario
Analicemos esta nueva composición que nos dará una buena oportunidad para seguir preparando este bloque de la mejor manera posible en la parcela de la parte práctica de las oposiciones de lengua.
La mejor forma de preparar este ejercicio literario es considerar el valor conjunto que asumen la lengua y el significado. Desde la perspectiva lingüística y gramatical de la morfología derivativa es muy significativa. Los procedimientos de sufijación abrupta y despectiva dan cuenta del profundo agror con que el poeta concibe la realidad, triste y desamparada del ser humano y se llevan hasta el extremo del sarcasmo y del ridículo determinadas actitudes. Notemos cómo se anticipa en siglos al existencialismo posterior. El simplismo que presenta la realidad vital se pone de relieve con dos procedimientos: la linealidad y el conceptismo.
La vida empieza en lágrimas y caca, Luego viene la mu, con mama y coco, Síguense las viruelas, baba y moco, Y luego llega el trompo y la matraca. En creciendo, la amiga y la sonsaca, Con ella embiste el apetito loco, En subiendo a mancebo, todo es poco, Y después la intención peca en bellaca. Llega a ser hombre, y todo lo trabuca, Soltero sigue toda Perendeca, Casado se convierte en mala cuca. Viejo encanece, arrúgase y se seca, Llega la muerte, todo lo bazuca, Y lo que deja paga, y lo que peca.
Algunas peculiaridades estilísticas
Notemos en la composición el valor gramatical de la palabra /se/ y la semántica de la sufijación. Esta composición pertenece, como ya se ha comentado, a Francisco de Quevedo. La visión amarga y decepcionada de la existencia se impone una vez más. Jauralde Pou sitúa estas composiciones dentro de la producción metafísica quevediana, junto con composiciones tan pesimistas como la que vimos en otra entrada.
Particularidades textuales de la obra literaria de Quevedo
Hasta los cincuenta y cinco años, en 1635, con la aparición del Epicteto y Phocílides en español, Quevedo no se sintió atraído por el halago de publicar alguna edición de sus obras en verso. Solo diez años después, en enero de 1645, convertido casi en su monumento funeral, habla de sus versos: «A pesar de mi poca salud -escribe- doy fin a la vida de Marco Bruto, sin olvidarme de mis obras en verso, en que también se va trabajando». Unos días más tarde, vuelve a escribir: «me voy dando prisa, la que me concede mi poca salud, a las obras de versos». Estas dos secas y casi desabridas noticias son las únicas que poseemos de su preocupación poética, salvo las dedicatorias del Heráclito cristiano y de las Lágrimas de Hieremías, donde habla de su estado de ánimo en relación con la poesía, y estas tampoco se refieren concretamente a lo que pudiéramos llamar su Obra poética.
Ediciones: el maestro Pedro de Espinosa y sus Flores de poetas ilustres (1605)
Sin embargo, hacía más de cuarenta años que era un poeta admiradísimo, puesto que ya en 1603 Pedro Espinosa había escogido numerosos poemas para su antología de las Flores de poetas ilustres, publicada en Valladolid en 1605. En este mismo año figura con unos cuantos romances, muy pocos, en la Segunda parte del Romancero general, de Miguel de Madrigal, comenzando poco después a ser editado en pliegos sueltos. En pequeños romancerillos, «en librillos sabandijas que bárbaramente brotan de ordinario para auditorio muy vulgo», como dice González de Salas.
A partir de estos años, Quevedo será un poeta explotado por todos los editores de romances. Así figura en los Romanceros de Arias Pérez, Pinto de Morales, Pedro de Lanaja, Antonio Díez, etc., etc. A lo cual hay que añadir las numerosísimas copias manuscritas de romances y sátiras. Sobre todo, las que inician un curioso proceso de tradicionalización, de un Quevedo para las masas. (No se olvide que el romance y la letrilla se cantan, y hasta González de Salas habla de recurrir a los músicos, como recurrieron muchos colectores de romances.).
Expresión, talante y estilo de Quevedo
La expresión de Quevedo llega a una extraña condensación de contenido, que nos parece límite no ultrapasable en lo humano, a una represada violencia eruptiva, que está formada, se diría, de dos elementos: lo compacto del pensamiento y un giro sombríamente afectivo. Fuerza desgarrada, pues, del lado afectivo; condensada intensidad del lado conceptual. Esta suma creemos que es lo que hace el estilo de Quevedo.
¿Un pensador, Quevedo? Quevedo está en una línea de pensamiento estoico (entiéndase: en lo moral), largamente fecunda en las letras españolas. Esta es la dimensión fundamental de su pensamiento De ella sale una actitud ética frente a la realidad del mundo. Es un estoicismo pesimista. Que el poeta es sinceramente cristiano no ofrece duda. Pero había manejado demasiado los filósofos paganos, y esto se ve en esa serie de sonetos a la muerte, toda como de ceniza gris en un vacío absoluto.
Raíces filosóficas del pensamiento quevediano
Ya hemos mencionado la idea de «pensamiento compacto». ¿Lo hemos de entender como pensamiento compactamente original? No, no pensemos que cada uno de esos pensamientos, tan ceñidos. A través del verso de Quevedo penetran casi como materia sólida, compacta, en nuestra inteligencia. Deben al poeta su interna estructura formal. Aun esta misma procede muchas veces ya de Séneca, ya de Juvenal o de Persio, ya de Marcial, ya de Epicuro o Demetrio.
¿Originalidad de Quevedo?
A veces hasta la misma forma exterior, hasta el moldeamiento sintáctico estaba fraguado ya. El editor del siglo XVII, González de Salas, en algunas ocasiones lo anota.
Entonces, la originalidad de Quevedo está ante todo en la fijación en castellano, en la repartición de materia en el verso, en la intuitiva troquelación en unidades rítmicas de las partes de más interna cohesión del pensamiento mismo, de tal modo que ritmo exterior resalte cohesión interna. Pero su más profunda originalidad consiste en la incorporación de los elementos allegadizos al sistema de su poderosa expresión afectiva. Por esta razón nada toca que no quede resellado como suyo.
En algunas composiciones, Quevedo adapta máximas antiguas a condiciones nuevas. En nuestra composición, constatamos la advertencia de un Quevedo filósofo que ve los rápidos signos de extinción humana.
La lengua literaria de Quevedo
El lenguaje de Quevedo tiene dos extraordinarias características que le sitúan señero dentro del panorama de nuestra lírica. Una es la increíble -sí, se diría increíble porque es límite- capacidad de
condensación. No una condensación ocasional, como la puede conseguir quien aquí y allá burila y aprieta una frase, sino seguida, en casi todo lo que brota de la pluma, es decir, característica casi constante. La otra nota es una ocasional capacidad afectiva, un hincharse súbito de la expresión, que nos agarra, que nos zarandea, porque detrás de aquellas palabras de hombre del siglo XVII sentimos que bulle sangre y que quieren reventar ya ira, ya lágrimas. Pero estas dos condiciones peculiares del lenguaje de Quevedo se dan en la lírica más noble de un modo no escandaloso. Queremos decir que comprendemos que ese estilo es extremado, pero no sentimos que rompa o deshaga ninguna norma de la lengua común.
Bibliografía básica de Quevedo
He aquí un breve trazado de referencias bibliográficas fundamentales sobre Quevedo:
- Blecua, J.M.,«Introducción» a Francisco de Quevedo, Obras completas, I, Planeta, Barcelona, 1963, y a la Obra poética de Quevedo, Castalia, Madrid, 1969-1971, 4 vols.
- Crosby, James O., En torno a la poesía de Quevedo, Castalia, Madrid, 1967.
- González Palencia, Angel, «Quevedo, Tirso y las comedias ante la Junta de Re formación», Boletín de la Real Academia Española, XXV (1946), pp. 43-84.
- Lázaro Carreter, Fernando, Estilo barroco y personalidad creadora (Góngora, Quevedo, Lope de Vega),
Anaya, Salamanca, 1967; nueva ed. aumentada, Cátedra, Madrid, 1974.