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¿Qué son y cómo intervienen las competencias específicas de Lengua castellana y literatura en nuestra metodología docente?

    Dedicamos este artículo a explicar las implicaciones curriculares de las competencias específicas de nuestra materia en la metodología docente, que se deriva del nuevo paradigma pedagógico LOMLOE.

    En primer lugar, debemos tener claro cuál será el campo de actuación que definirá nuestra acción pedagógica. Como veremos, las competencias específicas están redactadas en clave actitudinal. La LOGSE hablaba de contenidos actitudinales. Posteriormente, la LOE integró esta dimensión en la formulación de las competencias básicas. Con la LOMCE el “saber ser” se encontraba implícito en los criterios de evaluación y estándares de aprendizaje evaluables. Los currículos LOMLOE nacionales (de enseñanzas mínimas) y autonómicos priman, por encima de cualquier otra dimensión conceptual, la esfera actitudinal y afectiva.

    Isabel Solé en el monográfico «Disponibilidad para el aprendizaje y sentido del aprendizaje» (en VVAA (2007): El constructivismo en el aula, Barcelona, Graó) sostiene que en el aprendizaje intervienen múltiples aspectos de tipo afectivo y relacional. Estos componentes desempeñan un papel protagonista en la idea de autoconcepto y autoestima . También, en general, en las capacidades relacionadas con las dimensiones más subjetivas y personales. En realidad, no sabemos con precisión cómo interactúan lo afectivo y lo cognitivo, y tampoco sabemos cómo intervenir para potenciar esa relación en beneficio de una formación integral del alumnado.

    Las competencias clave: el modelo de ciudadano del siglo XXI

    Las competencias clave perfilan un modelo de ciudadano del siglo XXI. Los cambios acontecidos en las últimas décadas y la necesidad de impulsar las destrezas y habilidades necesarias para afrontar los retos de los nuevos tiempos,  adquiriendo las competencias necesarias, son objetivos aptos para fortalecer una educación que asume la importante labor de forjar alumnos/as competentes y capaces de hacer frente a los nuevos retos y desafíos.

    Los decretos curriculares señalan  que de la evaluación de las competencias específicas (a través del nexo de los descriptores operativos) pueda colegirse el grado de adquisición de las competencias clave. Significa, por tanto, que a las competencias clave llegamos de la mano de las específicas del área. Esta interrelación nos recuerda al complejo entramado de objetivos de la LOGSE en el que se relacionaban objetivos de etapa, de área, de materia y de aula.

    Sin embargo, el modelo curricular que perfilan estas competencias clave no es nuevo. Sobre la convivencia entre lo cognitivo y lo afectivo han corrido ríos de tinta. César Coll (op.cit.) defiende que el constructivismo, entendido en toda su amplitud, interviene cuando aprendemos, y a la vez que aprendemos, forjando nuestra forma de vernos, de ver al mundo y de relacionarnos con él.

    El constructivismo en el aula- César Coll-Editorial Graó

    Las competencias específicas beben de un planteamiento actitudinal

    Como hemos dicho, estas competencias ponderan la dimensión ética y moral por encima de la declarativa o conceptual. Podemos identificar esta idea en el preámbulo legislativo del RD 217/2022 , cuando señala lo siguiente:

    el dominio de la lengua debe estar al servicio de la convivencia democrática , la resolución dialogada de conflictos y la construcción de vínculos personales y sociales, en el respeto a la igualdad de derechos de todas las personas.

    Tomemos como ejemplo la competencia específica 1:

    1. Describir y apreciar la diversidad lingüística del mundo a partir del reconocimiento de las lenguas del alumnado y la realidad plurilingüe y pluricultural de España, analizando el origen y desarrollo sociohistórico de sus lenguas y las características de las principales variedades dialectales del español, para favorecer la reflexión interlingüística, para combatir los estereotipos y prejuicios lingüísticos y para valorar dicha diversidad como fuente de riqueza cultural.

    El objetivo, enunciado en infinitivo, es el de “Describir y apreciar la diversidad lingüística del español…” . A partir del gerundio, encontramos una indicación metodológica: ¿cómo debe hacerse?. La clave se encuentra en la finalidad; en el “para”: tras este nexo encontramos dos ejes que podríamos considerar actitudinales de los tres implicados:

    • “Favorecer la reflexión lingüística” (más cognitivo y relacional).
    • “Combatir estereotipos” (finalidad actitudinal y ética).
    • “Valorar dicha diversidad como fuente de riqueza cultural” (actitudinal).

    Así pues, la interfaz entre lo cognitivo y lo afectivo determina el enfoque de las actividades y tareas que aplicaremos en el aula . El planteamiento motivador, debe suscitar un marcado interés por parte del alumnado. En buena medida, como señala Coll (op.cit.), el autoconcepto que el estudiante tenga sobre sus propias capacidades, las expectativas de logro, y el encontrarle el  por qué a la tarea (enfoque genuinamente competencial) son algunos de los ingredientes que deberemos manejar en justa proporción para un buen desarrollo metodológico.

    El carácter activo de la construcción del conocimiento en las competencias específicas

    La construcción de conocimiento por el alumno y  alumna se hace posible gracias a la atribución de sentido a unos contenidos o saberes. En los saberes básicos localizamos un centro de actividad del alumnado, que debe seleccionar la información relevante, organizándola con coherencia e integrándola con sus conocimientos previos.  

    El estudiante participa activamente, por ejemplo, cuando pregunta u observa con atención para comprender cómo narrar o contar, cómo leer determinadas palabras, extraer conclusiones, reflexionar, argumentar, ofrecer una opinión crítica, pero también cuando cuestiona sus vivencias individuales o logra gestionar sus propias emociones y sentimientos, etc.

    El carácter activo de las actividades competenciales

    Los ejemplos anteriores nos sirven para entender que la actividad es una actividad mental intensa y  se caracteriza porque el alumnado establece relaciones muy valiosas desde el punto de vista subjetivo y personal entre lo que personalmente conoce y lo que aspira a aprender. Las actividades les permitirán obtener una representación individual de un contenido social: leer, clasificar, analizar o demostrar determinadas conductas de compromiso o sensibilización.

    En el diseño de actividades debemos prestar atención a la fijación de objetivos, que, en uno u otro sentido (declarativo o conceptual y actitudinal), nos ayudarán a conseguir aprendizajes que demuestren su funcionalidad, practicidad y, además, su validez ética y moral, por encima de su aplicación meramente conceptual o teórica, como quiere el paradigma competencial de la LOMLOE.