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Prepara el tema. Una cuestión palpitante

Continuamos con el desarrollo de nuestra sección de preparación del tema. Pretendemos aprehender las claves del pensamiento de la época de la mano de los únicos protagonistas de los diferentes movimientos o escuelas literarias.

Este planteamiento nos ayudará a entender mejor la literatura realista y naturalista que estudiamos en el curso VII. Aplicamos los conceptos a los temas 58 y 59. De igual manera, este trazado nos será de gran utilidad a la hora de planificar el análisis histórico-literario de textos realistas y naturalistas.

En esta ocasión, centramos el ejercicio en la disección de las opiniones críticas de Emilia Pardo Bazán recogidas en sus artículos publicados en la revista La Época en 1882 bajo el título de La cuestión palpitante, un ensayo que proyecta y anticipa lo mejor de la escuela realista posterior.

Las enseñanzas de Clarín sobre la naturaleza del concepto

El prólogo a la edición alberga claves fundamentales para entender el fenómeno ante el que nos encontramos. Asistimos a un conjunto de concepciones e ideas distorsionadas y alejadas de la verdadera naturaleza del término.

No es lo peor que el naturalismo no sea como sus enemigos se lo figuran, sino que se parezca muy poco a la idea que de él tienen muchos de sus partidarios, llenos de una fe tan imprudente como todas las que son ciegas. [….]

El naturalismo literario, que en España han admitido muy pocas personas formales, hasta ahora, cunde fácilmente, como un incendio en un almacén de petróleo, […]. Es claro que el naturalismo no es como esos entusiastas, más simpáticos que juiciosos, lo comprenden y predican. El naturalismo, según ellos, lo puede derrotar el idealismo cinco veces en una hora: el naturalismo, según él, no lo ha entendido el Sr. Alarcón todavía, y lo que es más doloroso, el Sr. Campoamor tampoco. Para éste es la imitación de lo que repugna a los sentidos; para Alarcón es… la parte contraria.

En este párrafo habla de los autores más importantes dentro de la Escuela del Realismo literario, uno de ellos Pedro Antonio de Alarcón. Este autor nos alerta del sentido que ya inicialmente se atribuyó al naturalismo idealista: “la poetización e idealización de la realidad narrada”. En su primera obra, El final de Norma (1855), casi 30 años antes de darse a conocer La cuestión palpitante ya defendía este planteamiento. Como vemos, la condesa identifica la obra de este autor con una forma de hacer naturalismo mal entendido.

Derribando algunas concepciones erróneas del naturalismo: definición del naturalismo por negación

¿Qué es el naturalismo? El que lea […] con algún entendimiento los capítulos que siguen, preparado con el conocimiento de las obras principales, podrá contestar a esa pregunta exactamente.

[…]

El naturalismo no es la imitación de lo que repugna a los sentidos, Sr. Campoamor, queridísimo poeta; porque el naturalismo no copia ni puede copiar la sensación, que es donde está la repugnancia. Si el naturalismo literario regalase al Sr. Campoamor los olores, colores, formas, ruidos, sabores y contactos que le disgustan, podría quejarse, aunque fuera a costa de los gustos ajenos . [….]

El naturalismo no es tampoco la constante repetición de descripciones que tienen por objeto representar ante la fantasía imágenes de cosas feas, viles y miserables.[…] Si alguna vez un autor naturalista ha exagerado […] la libertad de escoger materia, perdiéndose en la descripción de lo insignificante, esta culpa no es de la nueva tendencia literaria.

El naturalismo no es solidario del positivismo, ni se limita en sus procedimientos a la observación y experimentación en el sentido abstracto, estrecho y lógicamente falso en que entiende tales formas del método el ilustre Claudio Bernard. Es verdad que Zola en el peor de sus trabajos críticos ha dicho algo de eso; pero él mismo escribió más tarde cosa parecida a una rectificación; y de todas maneras, el naturalismo no es responsable de esta exageración sistemática de Zola.

El naturalismo no es el pesimismo[…] Y aunque se pudiera demostrar, que lo dudo, que de las novelas de Zola y de Flaubert se puede sacar en consecuencia que estos autores son pesimistas, no se prueba así que el naturalismo, escuela, o mejor, tendencia pura y exclusivamente literaria, tenga que ver ni más ni menos con determinadas ideas filosóficas acerca de las causas y finalidad del mundo. […] el naturalismo encierra enseñanzas, como la vida, pero no pone cátedra: quien de un buen libro naturalista deduzca el pesimismo, lleva el pesimismo en sí; la misma conclusión sacará de la experiencia de la vida. Pintar las miserias de la vida no es ser pesimistas. Que hay mucha tristeza en el mundo, es tal vez el resultado de la observación exacta.

El naturalismo no es una doctrina exclusivista, cerrada, como dicen muchos: no niega las demás tendencias. Es más bien un oportunismo literario; cree modestamente que la literatura más adecuada a la vida moderna es la que él defiende. El naturalismo no condena en absoluto las obras buenas que pueden llamarse idealistas; condena, sí, el idealismo, como doctrina literaria, porque éste le niega a él el derecho a la existencia.

El naturalismo no es un conjunto de recetas para escribir novelas, como han creído muchos incautos. Aunque niega las abstracciones quiméricas de cierta psicología estética que nos habla de los mitos de la inspiración, el estro, el genio, los arrebatos, el desorden artístico […]; aunque concede mucho a los esfuerzos del trabajo, del buen sentido, está muy lejos de otorgar a los necios el derecho de convertirse en artistas.

Transcribimos el párrafo entero por su relevancia. Clarín desmonta aquí algunas concepciones erróneas del naturalismo como su asociación con la descripción pura o su equiparación con el positivismo.

No acepta la ecuación naturalismo=pesimismo. La pintura de una experiencia triste y mísera es un factor que ha contribuido a que se le haya otorgado este rótulo.

El naturalismo no es exclusivista ni excluyente y no se atiene a un método fijo y sistematizado.

Declara los orígenes clásicos del realismo y del naturalismo y su importancia en el programa ideológico de la nueva Escuela

Tras ofrecer un trazado de las significaciones de ambos términos en los Diccionarios, llega a la conclusión de que ambos términos poseen una raigambre muy antigua:

En filosofía, ambos términos se emplean desde tiempo inmemorial: ¿quién no ha oído decir el naturalismo de Lucrecio, el realismo de Aristóteles? En cuanto al sentido más reciente de la palabra naturalismo, Zola declara que ya se lo da Montaigne […]

Una cuestión polémica: la renovada concepción del determinismo

Atribuye un nuevo significado al determinismo, uno de los puntos de confrontación con las ideas preconcebidas de la moral católica.

Según el Diccionario, natural es «lo que pertenece a la naturaleza»; real «lo que tiene existencia verdadera y efectiva».

Y es muy cierto que el naturalismo riguroso, en literatura y en filosofía, lo refiere todo a la naturaleza: para él no hay más causa de los actos humanos que la acción de las fuerzas naturales del organismo y el medio ambiente. Su fondo es determinista, como veremos.

Por determinismo entendían los escolásticos el sistema de los que aseguraban que Dios movía o inclinaba irresistiblemente la voluntad del hombre a aquella parte que convenía a sus designios.

Hoy determinismo significa la misma dependencia de la voluntad, sólo que quien la inclina y subyuga no es Dios, sino la materia y sus fuerzas y energías. De un fatalismo providencialista, hemos pasado a otro materialista. Y pido perdón al lector si voy a detenerme algo en el asunto; poquísimas veces ocurrirá que aquí se hable de filosofía, y nunca profundizaremos tanto que se nos levante jaqueca; pero dos o tres nocioncillas son indispensables para entender en qué consiste la diferencia del naturalismo y el realismo.

Nos ofrece una visión conciliadora entre el libre albedrío y el determinismo del ser humano, reconocido por la propia tradición escolástica.

Pero tampoco ignora nadie que no siempre sucede así, y que hay ocasiones en que, como dice San Agustín, «por la resistencia habitual de la carne… el hombre ve lo que debe hacer, y lo desea sin poder cumplirlo». Si en principio se admite la libertad, hay que suponerla relativa, e incesantemente contrastada y limitada por todos los obstáculos que en el mundo encuentra. Jamás negó la sabia teología católica semejantes obstáculos, ni desconoció la mutua influencia del cuerpo y del alma, ni consideró al hombre espíritu puro, ajeno y superior a su carne mortal; y los psicólogos y los artistas aprendieron de la teología aquella sutil y honda distinción entre el sentir y el consentir, que da asunto a tanto dramático conflicto inmortalizado por el arte.

El importante ejercicio de comprensión de la realidad interior

Zola defiende que todo novelista ha de seguir un especial método de conocimiento literario : el que se ajusta al planteamiento científico de Claude Bernard (Introducción al estudio del método experimental).

Si al hablar de la teoría naturalista la personifico en Zola, no es porque sea el único a practicarla, sino porque la ha formulado clara y explícitamente bajo el título : La Novela Experimental. Declara allí que el método del novelista moderno ha de ser el mismo que prescribe Claudio Bernard al médico en su Introducción al Estudio de la Medicina Experimental; y afirma que en todo y por todo se refiere a las doctrinas del gran fisiólogo, limitándose a escribir novelista donde él puso médico.[…] Dice que así en los seres orgánicos como en los inorgánicos hay un determinismo absoluto en las condiciones de existencia de los fenómenos.

He aquí uno de los puntos a favor del apoyo en la visión psicologicista a la que la literatura ha de echar mano:

Tocamos con la mano el vicio capital de la estética naturalista. Someter el pensamiento y la pasión a las mismas leyes que determinan la caída de la piedra; considerar exclusivamente las influencias físico-químicas, prescindiendo hasta de la espontaneidad individual, es lo que se propone el naturalismo y lo que Zola llama en otro pasaje de sus obras «mostrar y poner de realce la bestia humana».

Por lógica consecuencia, el naturalismo se obliga a no respirar sino del lado de la materia, a explicar el drama de la vida humana por medio del instinto ciego y la concupiscencia desenfrenada. Se ve forzado el escritor rigurosamente partidario del método proclamado por Zola, a verificar una especie de selección entre los motivos que pueden determinar la voluntad humana, eligiendo siempre los externos y tangibles y desatendiendo los morales, íntimos y delicados: lo cual, sobre mutilar la realidad, es artificioso y a veces raya en afectación […]

¿Cómo dudar que si la psicología, lo mismo que toda ciencia, tiene sus leyes ineludibles y su proceso causal y lógico no posee la exactitud demostrable que encontramos, por ejemplo, en la física? En física el efecto corresponde estrictamente a la causa: poseyendo el dato anterior tenemos el posterior; mientras en los dominios del espíritu no existe ecuación entre la intensidad de la causa y del efecto, y el observador y el científico tienen que confesar, como lo confiesa Delboeuf (testigo de cuenta, autor de La Psicología Considerada como Ciencia Natural) «que lo psíquico es irreductible a lo físico».

El realismo engloba al naturalismo: el realismo espiritual

En varios de los planteamientos más instructivos y juiciosos de su manifiesto programático, pero, a la vez, polémicos y controvertidos, la condesa se muestra partidaria de entender la vivencia interior, lírica y sentimental del creador como algo real; lo interpreta como un fenómeno que tiene cabida y relevancia dentro de la técnica y escuela realistas.

Nos resultan muy curiosas las reflexiones sobre Byron y Heine, pues revelan que la evolución de la Historia literaria no debe concebirse como un mecanismo de movimiento pendular de acción-reacción, sino como una transición de continuidad emergente. Las mejores escuelas literarias asientan su base en la tradición y el folclore literarios, como bien observamos en este caso concreto.

Si es real cuanto tiene existencia verdadera y efectiva, el realismo en el arte nos ofrece una teoría más ancha, completa y perfecta que el naturalismo.

Comprende y abarca lo natural y lo espiritual, el cuerpo y el alma; concilia y reduce a unidad la oposición del naturalismo y del idealismo racional. En el realismo cabe todo, menos las exageraciones y desvaríos de dos escuelas extremas, y por precisa consecuencia, exclusivistas.

Un hecho solo basta a probar la verdad de esto que afirmo. Por culpa de su estrecha tesis naturalista, Zola se ve obligado a desdeñar y negar el valor de la poesía lírica. Pues bien; para la estética realista vale tanto el poeta lírico más subjetivo e interior como el novelista más objetivo. Uno y otro dan forma artística a elementos reales. ¿Qué importa que esos elementos los tomen de dentro o de fuera, de la contemplación de su propia alma o de la del mundo? Siempre que una realidad -sea del orden espiritual o del material- sirva de base al arte, basta para legitimarlo.

Citemos cualquier poeta lírico, el menos exterior, lord Byron o Enrique Heine. Sus poesías son una parte de ellos mismos; esas quejas y tristezas y amarguras, ese escepticismo desconsolador, lo tuvieron en el alma antes de convertirlo en lindos versos. No hay duda que es un elemento real, tan real, o más, si se quiere, que lo que un novelista pueda describir de las acciones y pensamientos del prójimo: ¿quién refiere bien una enfermedad sino el enfermo? Y aun por eso resultan insoportables los imitadores en frío de estos poetas tristes; son como el que remedase quejidos de dolor, no doliéndole nada.

La importancia de la citación bibliográfica en el desarrollo del tema y del ejercicio práctico

Hasta aquí algunas reflexiones vivas de Clarín y Emilia Pardo Bazán, indiscutibles protagonistas del periodo que estamos estudiando. Podéis incluir la mención a la Cuestión palpitante, de forma esquematizada y sintética, en el desarrollo del tema y del ejercicio práctico de oposiciones como una de las referencias fundamentales de la nueva escuela naturalista.

Estas lecturas complementarias nos ayudan a entender el sentido genuino de la literatura, superando la barrera de reelaboraciones críticas posteriores. Algunas veces en las historias literarias (como pasa con la propia Historia) pesa una excesiva carga de subjetividad que impide la aprehensión de la verdadera realidad literaria de los movimientos o escuelas literarias. Acudir a las fuentes literarias e interpretar su sentido es un ejercicio que nos permitirá paladear y conocer de primera mano el fondo ideológico, cultural y literario del periodo.

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