¿Está bajando el nivel académico en la Enseñanza secundaria y el Bachillerato?

Dedicamos esta entrada a un asunto más que menos inquietante en la labor y profesión docente, cual es el de la bajada gradual del nivel académico en las etapas de Enseñanza secundaria y Bachillerato. Los que cursamos B.U.P. , antiguo Bachillerato Unificado Polivalente evidenciamos, nada más desembarcar en la profesión docente, la asimetría entre los sistemas educativos, en la forma y en el fondo. Tendemos a comparar la experiencia, representación mental del mundo, pasado y vivido, con la experiencia vivencial inmediata. No diré que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero es evidente que la educación ha cambiado, y mucho, a conforme la conocimos. Definitivamente: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

Recuerdo una anécdota bastante ilustrativa de cuanto voy a relatar aquí. Un día, paseando por la Feria del libro de Madrid, me paré en una librería de viejo y me entretuve ojeando una edición del clásico manual de Literatura española de Lázaro Carreter y Vicente Tusón con el que nos empapamos en el saber literario y que tanto estudiamos y repasamos hasta transformarlo en un libro manido y deslucido (¡los libros son para eso!). Cuando el librero vio que me interesaba por él me dijo que se trataba de uno de los mejores libros de texto de Literatura española que se habían publicado . Debió verme joven. Le contesté que era profesor y que precisamente yo había cursado COU con aquel manual. Intenté explicarle cómo las sucesivas ediciones habían ido “adelgazando” y descafeinándose , perdiendo mucho texto y albergando cada vez más fotografías y que, precisamente en ese cambio , de manera palpable y fehaciente, podíamos constatar la evolución paralela de la educación desde aquellos años. El librero asentía con una sonrisa en los labios.

Pero aún más, aquel manual, como otros muchos, se había ido “desinflando” en el devenir de sucesivas leyes educativas hasta quedar descatalogado y dar paso a los libros de texto que actualmente conocemos, pues él, como los demás, en el momento en el que nos encontramos, se alejan en todo punto del actual desarrollo curricular. Y no solo porque la ley haya cambiado, sino porque también, junto a ella, lo hayan hecho muchas más cosas, entre ellas el nivel y el diseño académico parejos a los nuevos rumbos de la educación y la sociedad. Cuando hablo con los compañeros de profesión constato un consenso generalizado en afirmar la certeza de este hecho. La educación ha cambiado como también lo ha hecho la sociedad en que vivimos. El nivel de exigencia se desmorona por momentos y son muchos los factores que a ello contribuyen. Quizá uno de los más importantes sea el de la mercantilización de la enseñanza que ya explicaré en otra entrada y que sitúa nuestra labor dentro del paradigma trabajo-producto. Las alarmas del drama del fracaso académico han puesto de relieve el rol del docente en este fracaso. Un profesor con un alto índice de suspensos dispara las alarmas y ofrece indicios , a los ojos de varias instancias educativas, de que las cosas no se han acabado de hacer como deberían haberse hecho. Y en este lugar de mediación hay que adaptarse en la gestión, a veces con un nudo en la garganta, de la transición a un sistema de exigencias y de mínimos que contemplamos en su desmoronarse, ya no en intervalos quinquenales, sino de un curso para otro, aunque parezca exagerado. Donde mejor se puede apreciar este fenómeno es en los primeros cursos de la E.S.O.

¿Y en las enseñanzas universitarias está bajando el nivel?

Yo estudié dos carreras. La primera me llevó 6 años y la segunda, Filología hispánica, cinco, con una nota de expediente de 8,4. Me embarqué después en un Máster de un año. No dejaré de agradecer la impagable herencia del nivel de exigencia y la excelencia académica que en mí sembraron profesores como don Antonio Quilis, Victoria Escandell, Abad Nebot, Juan Victorio o Suárez Miramón, por citar a algunos de ellos. Pasé un total de 12 años en diferentes facultades.

Decía el filósofo Antonio Escohotado en una entrevista que, a medida que el nivel de las Enseñanzas secundarias siga cediendo, también lo hará el de los estudios universitarios, opinión que suscribo y comparto. En ciertos casos, el afán por maximizar la matriculación de algunas facultades o escuelas impulsa a ofrecer todo un catálogo de grados combinados (¡ En 5 años serás economista o abogado, pero no las dos cosas! ), a relajar el nivel de exigencia , a adelgazar y descafeinar los planes de estudio, etc. Nos hemos ido instalando en una “zona de confort” en la que el trabajo, el esfuerzo y la excelencia se están convirtiendo en principios cuya importancia se difumina poco a poco, habiendo sido ellos mismos los pilares tradicionales y fundamentales del avance y del progreso.

En las oposiciones a diferentes cuerpos y escalas de la Administración hemos contemplado cómo en muchos casos quedan plazas desiertas. Lo que no acaba de casar es la dimensión de la brecha entre el nivel de exigencia de las oposiciones para el acceso a los cuerpos de EEMM, por ejemplo, y en cuyos procesos selectivos no se revela como insólito el hecho de que queden plazas desiertas y el desempeño posterior de la labor docente.

A pesar de todo es esta una profesión que merece la pena. El papel del profesor, como bien vieron los ilustrados, es el motor y el factor determinante del progreso y el avance de un país. No creo que el “mal du siècle” se encuentre solamente en las leyes educativas. Habría que buscar los problemas más bien en los efectos confluyentes de una serie de factores globales como puedan ser la evolución de la economía, el rumbo de la sociedad actual, la globalización, el avance técnico, etc. A menos de dos meses para los exámenes, pensad en que muchos de vosotros obtendréis plaza y será entonces cuando os comprometeréis con la responsabilidad que implica la impagable y hermosa profesión de PROFESOR (así, con mayúsculas).

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