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¿Contextualizamos?

    Como dejamos dicho en la clase de ayer, ofrecemos un nuevo texto para entrenar el análisis y comentario lingüístico-literario, centrado en justificar su contextualización en el periodo concreto al que pueda pertenecer.

    Sirva como orientación crítica la opinión de Marcelino Menéndez Pelayo ( Antología de poetas líricos castellanos, X, Santander, Aldus, MCMXLV, p. 69.) respecto a las innovaciones de los decenios de Carlos V. En lo que se refiere al verso él decía que “una revolución total en las formas de la poesía lírica no es materia de poca consideración en la historia literaria de un pueblo”.

    En esta línea subrayaba el papel “precursor” de Juan Boscán. Considera que, en efecto, se trató de una revolución total, es decir, de la acusada ruptura con el paradigma anterior y su sustitución por otro. A unas formas se opusieron y sucedieron otras formas, y en ese contraste inherente en las sustancias de contenido habita gran parte de la novedad. La lengua de la lírica de la primera modernidad (alejada en todo de lo medieval), es la de la revolución llevada a su mejor grado por el autor de esta composición.”

    TEXTO:

    Si quejas y lamentos pueden tanto
    que enfrenaron el curso de los ríos,
    y en los diversos montes y sombríos
    los árboles movieron con su canto;

    si convertieron a escuchar su llanto
    los fieros tigres y peñascos fríos;
    si, en fin, con menos casos que los míos
    bajaron a los reinos del espanto:

    ¿por qué no ablandará mi trabajosa
    vida, en miseria y lágrimas pasada,
    un corazón conmigo endurecido?

    Con más piedad debría ser escuchada
    la voz del que se llora por perdido
    que la del que perdió y llora otra cosa.