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Textos del realismo literario: la presencia señera de rasgos identificativos de verosimilitud
Vamos preparando uno de los textos que abordaremos en el ejercicio práctico de contextualización del próximo plan de trabajo semanal.
Para mejor situar este texto, centrémonos en la identificación las «cuatro patas de la contextualización», como siempre hacemos. También hemos de ser capaces de construir un trazado de la intertextualidad con otros textos pertenecientes al mismo periodo, en los planos estético y temático.
Mi traje de céfiro gris sembrado de anclitas rojas, era de buen gusto en una excursión matinal como aquella; mi sombrero negro de paja me sentaba bien, según comprobé en el vidrio delantero de la berlina; el calor aún no molestaba mucho; mi acompañante me agradaba, y la calaverada, que antes me ponía miedo, iba pareciéndome lo más inofensivo del mundo, pues no se veía por allí ni rastro de persona regular que pudiese conocerme. Nada me aguaría tanto la fiesta como tropezarme con algún tertuliano de la Sahagún, o vecina de butacas en el Real, que fuese luego a permitirse comentarios absurdos. Sobran personas maldicientes y deslenguadas que interpretan y traducen siniestramente las cosas más sencillas, y de poco le sirve a una mujer pasarse la vida muy sobre aviso, si se descuida una hora… (Sí, y lo que es a mí, en la actualidad, me caen muy bien estas reflexiones. En fin, prosigamos.) El caso es que la pradera ofrecía aspecto tranquilizador. Pueblo aquí, pueblo allí, pueblo en todas direcciones; y si algún hombre vestía americana, en vez de chaquetón o chaquetilla, debía de ser criado de servicio, escribiente temporero, hortera, estudiante pobre, lacayo sin colocación, que se tomaba un día de asueto y holgorio. Por eso cuando a la subida del cerro, donde ya no pueden pasar los carruajes, Pacheco y yo nos bajamos de la berlina, parecíamos, por el contraste, pareja de archiduques que tentados de la curiosidad se van a recorrer una fiesta populachera, deseosos de guardar el incógnito, y delatados por sus elegantes trazas.
En fuerza de su novedad me hacía gracia el espectáculo. Aquella romería no tiene nada que ver con las de mi país, que suelen celebrarse en sitios frescos, sombreados por castaños o nogales, con una fuente o riachuelo cerquita y el santuario en el monte próximo… El campo de San Isidro es una serie de cerros pelados, un desierto de polvo, invadido por un tropel de gente entre la cual no se ve un solo campesino, sino soldados, mujerzuelas, chisperos, ralea apicarada y soez; y en lugar de vegetación, miles de tinglados y puestos donde se venden cachivaches que, pasado el día del Santo, no vuelven a verse en parte alguna: pitos adornados con hojas de papel de plata y rosas estupendas; vírgenes pintorreadas de esmeralda, cobalto y bermellón; medallas y escapularios igualmente rabiosos; loza y cacharros; figuritas groseras de toreros y picadores; botijos de hechuras raras; monigotes y fantoches con la cabeza de Martos, Sagasta o Castelar: ministros a dos reales; esculturas de los ratas de la Gran Vía, y al lado de la efigie del bienaventurado San Isidro, unas figuras que… ¡Válgame Dios! Hagamos como si no las viésemos.
Zola y etapas del naturalismo: su adopción literaria a la española
Émile Zola, cuyo nombre es para los españoles sinónimo de naturalismo, desde luego no fue un inventor completamente aislado de ideas y actitudes literarias nuevas y completamente desconocidas hasta entonces.
Muchos elementos, tanto literarios como sociales, contribuyeron a la formación de la nueva escuela y de su principal propagandista. El desarrollo de la sociedad burguesa, juntamente con la revolución industrial y comercial del siglo XIX, trajeron consigo un acentuado énfasis en los valores materiales. La filosofía se hizo positivista, centrándose en leyes naturales, y por lo tanto inmiscuyéndose en el terreno de la ciencia.
El positivismo como fuente filosófica de la literatura realista
Los esfuerzos para explicar las grandes líneas de la historia humana por medio de la ley natural condujeron a los tres estadios de la historia del hombre según Comte. Para analizar la personalidad humana, Taine proponía su tríada de race, moment et miliett (raza, momento histórico y medio ambiente).
Los escritores empezaron a dar prioridad a los detalles materiales; la observación de la realidad fue adquiriendo preponderancia sobre la imaginación. Antes de la primera novela naturalista de Zola, los hermanos Goncourt ya habían reunido todos los rasgos naturalistas esenciales de pensamiento y de técnica literaria en Germinie Lacerteux (1865).
El nacimiento de un nuevo género literario: la novela realista o burguesa
Es probable que la primera novela realista sea lectura del proletariado y de la pequeña burguesía de las ciudades , según Iris Zabala. Resta por resumir los diversos puntos de vista sobre su contenido ideológico. Para unos críticos algunas de estas novelas sociales son progresistas y difunden el socialismo democrático. Otros críticos, en cambio, opinan que su contenido refleja el conocido concepto de «literatura de consolación» (Elorza [1972 ]).
El estudio del contenido ideológico continúa como el más controvertido. Un buen remate reciente afirma que esta novelística es lectura del trabajador urbano que hallaba en los novelones un medio de escapar imaginativamente de la monotonía vital creada a raíz del crecimiento del capitalismo y de la industria moderna.
Los estudios de Sherman sobre la literatura realista en Europa
En rigor, esta novelística es literatura de consolación, y su génesis y popularidad surgen a partir del complejo entramado de una sociedad precapitalista entregada al idealismo (Tierno Galván [1977]).
Sherman H. Eoff [1940 ] realizó un pormenorizado estudio sobre la crítica y la recepción de estas novelas entre 1836 y 1886 en las revistas y periódicos de la época. A partir de sus cálculos esta «novela de idea» fue aplaudida por los grupos progresistas, mientras tradicionalistas y conservadores temían su «veneno». Algo semejante ocurría en otros países de Europa (Dickens en Francia, por ejemplo). Este hecho habría de tomarse más en cuenta, al hablar del nido ideológico de esta novelística.