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¿Contextualizamos?

    La importancia de los textos literarios de la Baja Edad Media (Siglo XIV)

    Continuamos con el bloque de análisis y contextualización literaria, ofreciendo en esta ocasión una nueva propuesta que nos servirá para preparar a fondo y de forma óptima este ejercicio tan importante en la parte práctica de las oposiciones.

    El texto es muy peculiar y característico; es por esto que os resultará inconfundible.

    Este texto apareció en la parte práctica de Andalucía en 2004.


    «Madre, vos non podedes conoçer o asmar
     si me ama la dueña, o si me querrá amar
     que quien amores tiene, no los puede çelar
     en gestos, o en sospiros, o en color, o en fablar.»
     «Amigo», dix la vieja, «en la duenna lo veo,
     que vos quiere, e vos ama, e tiene de vos deseo:
     quando de vos le fablo, e a ella oteo,
     todo se le demuda el color, e el deseo.
     Yo a las de vegadas mucho cansada callo,
     ella me dis' que fable, e non quiera dexallo,
     fago que me non acuerdo, ella va començallo,
     óyeme dulçemente, muchas señales fallo.
     En el mi cuello echa los sus brazos entrambos,
     ansí una grand pieça en uno nos estamos,
     siempre de vos desimos, en ál nunca fablamos,
     quando alguno viene, otra raçón mudamos.
     Los labrios de la boca tíembranle un poquillo,
     el color se le muda bermejo e amarillo,
     el coraçón le salta ansí, a menudillo,
     apriétame mis dedos en sus manos quedillo.

    El valor literario del Libro de Buen Amor

    Inconfundible pasaje, «madre vos non podedes…», en el que el Arcipreste desea medir y calibrar el estado de uno de sus amoríos recabando información de la famosa alcahueta Trotaconventos. Apreciemos la técnica compositiva de la narración: esquematismos, simetrías, gradaciones intensificadoras ( «que vos quiere, e vos ama, e tiene de vos deseo»), esquematismo. En el comentario filológico seguimos el guion habitual. Es revelador el sufijo «-illo», ciertos fenómenos de vacilación vocálica en los radicales, la F- , etc…

    Para saber mejor el estado del sentimiento amoroso, Juan Ruiz busca la forma preferible de aproximarse a su amante. Es primordial identificar el proceso de galanteo, propio de las «cortes de amor», cuyas raíces se hunden en la antigüedad de la cultura literaria provenzal. Nos resulta más que menos curiosa la respuesta que, en ocasiones, Don Amor da al emisor, como puede verse en el texto que ofrecimos en otra entrada.

    Quién es la «madre» y por qué el vocativo: «Madre, vos non podedes…»

    En este pasaje es significativa la proximidad íntima y personal del Arcipreste con Trotaconventos. Se dirige a ella en términos afectivos como «madre». No se trata de una madre corriente, tal y conforme lo entendemos. Se trata, más bien, de una fórmula de tratamiento muy propia de la época, sobre todo en el ámbito de la clerecía, entre monjas fundamentamentalmente.

    Non «podedes» se formula en forma de pregunta retórica: «Podrías conocer….?», es decir, podrías intermediar ante la dama para ver en qué situación se encuentra y si tengo posibilidades amorosas con ella? El análisis nos lleva, inequívocamente, a dilucidar el papel intermediador de la alcahueta. Es ella la que trata con la dama y la que tiene acceso a ella, con la firme voluntad de desviar sus afectos amorosos, a favor del Arcipreste.

    La respuesta de Trotaconventos

    En la segunda secuencia dialógica, Trotaconventos tranquiliza al Arcipreste. Le dice que en ella ve inquietud y pasión amorosa hacia él: «en la dueña lo veo». Además aprecia indicios físicos de tal inquietud: en sus gestos y suspiros, en el color del rostro e, incluso, en la forma de hablar. El deseo amoroso se traduce desde la lógica del Libro de Buen Amor en pura apetencia carnal. Esa carnalidad, que va más allá de la aproximación o el acercamiento, impulsa los instintos latentes en el libro.

    Ella dix, es decir, exterioriza y pronuncia sus deseos y apetencias. Se aproxima a ella y le «echa los sus brazos entrambos», es decir, la abraza con gran afecto y efusividad.

    La descriptio puellae del «estado amoroso»

    Otro de los rasgos más sorpresivos es el de la descripción que se desprende del estado, más que del físico de la «dueña». La tiemblan los labios, es decir, el habla le sale temblorosa, cambia de color («el color se le muda bermejo»), es decir, se sonroja o se pone pálida («amarillo») de la impresión amorosa y del fuerte sentimiento. Además, se le acelera el corazón («le salta así, a menudillo») y, finalmente, le aprieta los dedos de la mano. Este estado de alteración y cambio espiritual y físico delata el nerviosismo y la impaciencia de la «dueña» para con el Arcipreste. Se trata, en suma, de una transformación física, provocada por el estado de enamoramiento interno, como luego veremos en La Celestina.

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