¿Contextualizamos?

He aquí un nuevo texto para mejor preparar el análisis literario de la contextualización, elemento clave en el comentario de textos literarios de la parte práctica de las oposiciones. Como venimos indicando, es preciso leer y releer las antologías y fragmentos en prosa de diferentes autores y obras, de tal forma que lleguemos a captar y aprehender las invariantes de tipo estilístico, temático y genérico propias de estos periodos o movimientos. He aquí un pasaje inconfundible.


Los periódicos no decían más que necedades y bravuconadas; los yanquis no estaban preparados para la guerra; no tenían ni uniformes para sus soldados. En el país de las máquinas de coser el hacer unos cuantos uniformes era un conflicto enorme, según se decía en Madrid.

Para colmo de ridiculez, hubo un mensaje de Castelar a los yanquis. Cierto que no tenía las proporciones bufograndilocuentes del manifiesto de Víctor Hugo a los alemanes para que respetaran París ; pero era bastante para que los españoles de buen sentido pudieran sentir toda la vacuidad de sus grandes hombres. Andrés siguió los preparativos de la guerra con una emoción intensa. Los periódicos traían cálculos completamente falsos. Andrés llegó a creer que había alguna razón para los optimismos.

Días antes de la derrota encontró a Iturrioz en la calle.
—¿Qué le parece a usted esto? —le preguntó.
—Estamos perdidos.
—¿Pero si dicen que estamos preparados?
—Sí, preparados para la derrota. Sólo a ese chino, que los españoles consideramos como el colmo de la candidez, se le pueden decir las cosas que nos están diciendo los periódicos.
—Hombre, yo no veo eso.

—Pues no hay más que tener ojos en la cara y comparar la fuerza de las escuadras. Tú fíjate, nosotros tenernos en Santiago de Cuba seis barcos viejos, malos y de poca velocidad; ellos tienen veintiuno, casi todos nuevos, bien acorazados y de mayor velocidad. Los seis nuestros, en conjunto, desplazan aproximadamente veintiocho mil toneladas; los seis primeros suyos sesenta mil. Con dos de sus barcos pueden echar a pique toda nuestra escuadra; con veintiuno no van a tener sitio donde apuntar.

—¿De manera que usted cree que vamos a la derrota?
—No a la derrota, a una cacería. Si alguno de nuestros barcos puede salvarse será una gran cosa. Andrés pensó que Iturrioz podía engañarse; pero pronto los acontecimientos le dieron la razón. El desastre había sido como decía él: una cacería, una cosa ridícula.

A Andrés le indignó la indiferencia de la gente al saber la noticia. Al menos él había creído que el español, inepto para la ciencia y para la civilización, era un patriota exaltado y se encontraba que no; después del desastre de las dos pequeñas escuadras españolas en Cuba y en Filipinas, todo el mundo iba al teatro y a los toros tan tranquilo; aquellas manifestaciones y gritos habían sido espuma, humo de paja, nada.


Este texto pertenece, como ya habéis identificado, a El árbol de la ciencia (1911) de Baroja. En esta secuencia concreta identificamos rasgos de contextualización claros como las alusiones al denominado desastre del 98, a la despreocupación del pueblo ante la catástrofe (véase el estado de “ataraxia” ya imperante y que se irá acentuando en el clímax de la obra, el pesimismo (“No a la derrota, a una cacería…”), el personaje de Andrés y el inconfundible Iturrioz, la caracterización del estilo y del género,etc.

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