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¿Contextualizamos? 12-1-2020

    En este aparado, los periodos literarios, al igual que las épocas lingüísticas, considerados de siglo en siglo para Menéndez Pidal eran una verdadera enormidad. Diría Pidal en «El lenguaje del siglo XVI, Cruz y Raya,6,15 de septiembre de 1933, pp. 7-63:

    Sin embargo para actualizar razonablemente cualquier exposición histórica, el primer cuidado, creo, debe ser el de quebrar ese mecánico y descomunal molde para ver cómo la materia en él encerrada se nos presenta dividida en otras porciones, cuajadas por sí mismas, mejor que unidas por el caer de las centenas en el calendario.

    No obstante, el criterio que seguimos se hace adecuado a la hora de entender la historia literaria en tanto establecida en periodos ya institucionalizados y sancionados por la totalidad de los críticos.

    Os dejo un nuevo texto para proceder con nuestra labor de periodización.

    Esta invasión terrible e importuna
    de contrarios sucesos nos espera
    desde el primer sollozo de la cuna.

    Dejémosla pasar como a la fiera
    corriente del gran Betis cuando airado
    dilata hasta los montes su ribera.

    Aquél entre los héroes es contado,
    que el premio mereció, no quien le alcanza
    por vanas consecuencias del estado.

    Peculio propio es ya de la privanza
    cuanto de Astrea fue, cuando regía
    con su temida espada y su balanza.

    El oro, la maldad, la tiranía
    del inicuo procede y pasa al bueno.
    ¿Qué espera la virtud o qué confía?

    Ven y reposa en el materno seno
    de la antigua Romúlea, cuyo clima
    te será más humano y más sereno.

    Adonde por lo menos, cuando oprima
    nuestro cuerpo la tierra, dirá alguno:
    «Blanda le sea», al derramarla encima;

    donde no dexarás la mesa ayuno
    cuando te falte en ella el pece raro
    o cuando su pavón nos niegue Juno.

    Busca, pues el sosiego dulce y caro,
    como en la oscura noche del Egeo
    busca el piloto el eminente faro,

    que si acortas y ciñes tu deseo
    dirás: «Lo que desprecio he conseguido,
    que la opinión vulgar es devaneo.»

    Más precia el ruiseñor su pobre nido
    de pluma y leves pajas, más sus quejas
    en el bosque repuesto y escondido,

    que halagar lisonjero las orejas
    de algún príncipe insigne, aprisionado
    en el metal de las doradas rejas.

    Triste de aquel que vive destinado
    a esa antigua colonia de los vicios,
    augur de los semblantes del privado.

    Cese el ansia y la sed de los oficios,
    que acepta el don y burla del intento
    el ídolo a quien haces sacrificios.

    Iguala con la vida el pensamiento,
    y no le pasarás de hoy a mañana,
    ni quizá de un momento a otro momento.

    Casi no tienes ni una sombra vana
    de nuestra antigua Itálica, ¿y esperas?
    ¡Oh error perpetuo de la suerte humana!

    Las enseñas grecianas, las banderas
    del senado y romana monarquía
    murieron, y pasaron sus carreras.

    ¿Qué es nuestra vida más que breve día
    do apenas sale el sol cuando se pierde
    en las tinieblas de la noche fría?

    ¿Qué más que el heno, a la mañana verde,
    seco a la tarde? ¡Oh ciego desvarío!
    ¿Será que pueda ver que me desvío

    de la vida viviendo, y que está unida
    la cauta muerte al simple vivir mío?
    Como los ríos, que en veloz corrida

    se llevan a la mar, tal soy llevado
    al último suspiro de mi vida.
    De la pasada edad, ¿qué me ha quedado?

    ¿O qué tengo yo, a dicha, en la que espero
    sin ninguna noticia de mi hado?
    ¡Oh, si acabase, viendo como muero,

    de aprender a morir antes que llegue
    aquel forzoso término postrero,
    antes que aquesta mies inútil siegue

    de la severa muerte dura mano,
    y a la común materia se la entregue!
    Pasáronse las flores del verano,

    el otoño pasó con sus racimos,
    pasó el invierno con sus nieves cano;
    las hojas que en las altas selvas vimos

    cayeron, ¡y nosotros a porfía
    en nuestro engaño inmóviles vivimos!
    Temamos al Señor, que nos envía

    las espigas del año y la hartura
    y la temprana pluvia y la tardía.
    No imitemos la tierra siempre dura

    a la aguas del cielo y al arado,
    ni la vid cuyo fruto no madura.
    ¿Piensas acaso tú que fue criado

    el varón para rayo de la guerra,
    para surcar el piélago salado,
    para medir el orbe de la tierra

    y el cerco donde el sol siempre camina?
    ¡Oh, quien así lo entendiese cuánto yerra!
    Esta nuestra porción, alta y divina,

    a mayores acciones es llamada
    y en más nobles objetos se termina.
    Así, aquella que al hombre sólo es dada,

    sacra razón y pura, me despierta,
    de esplendor y de rayos coronada;
    y en la fría región dura y desierta

    de aqueste pecho enciende nueva llama,
    y la luz vuelve a arder, que estaba muerta.
    Quiero, Fabio, seguir a quien me llama

    y callado pasar entre la gente,
    que no afecto los nombres ni la fama.
    El soberbio tirano del Oriente,

    que maciza las torres de cien codos
    del cándido metal puro y luciente,
    apenas puede ya comprar los modos

    del pecar; la virtud es más barata,
    ella consigo mesma ruega a todos.
    ¡Pobre de aquel que corre y se dilata

    por cuantos son los climas y los mares,
    perseguidor del oro y de la plata!
    Un ángulo me basta entre mis lares,

    un libro y un amigo, un sueño breve,
    que no perturben deudas ni pesares.
    Esto tan solamente es cuanto debe

    Naturaleza al simple y al discreto,
    y algún manjar común, honesto y leve.
    No, porque así te escribo, hagas conceto

    que pongo la virtud en ejercicio;
    que aun esto fue difícil a Epicteto.
    Basta al que empieza aborrecer el vicio

    y el ánimo enseñar a ser modesto;
    después le será el cielo más propicio.
    Despreciar el deleite no es supuesto

    de sólida virtud, que aun el vicioso
    en sí propio le nota de molesto.
    Mas no podrás negarme cuán forzoso

    este camino sea al alto asiento,
    morada de la paz y del reposo.
    No sazona la fruta en un momento

    aquella inteligencia que mensura
    la duración de todo su talento.
    Flor la vimos primero hermosa y pura,

    luego materia acerba y desabrida,
    y perfecta después, dulce y madura;
    tal la humana prudencia es bien que mida

    y dispense y comparta las acciones
    que han de ser compañeras de la vida.
    esos inmundos, trágicos, atentos

    al aplauso común, cuyas entrañas
    son infaustos y oscuros monumentos.
    ¡Cuán callada que pasa las montañas

    el aura, respirando mansamente!

    ¡Qué redundante y llena de ruido
    por el vano, ambicioso y aparente!
    Quiero imitar al pueblo en el vestido,

    en las costumbres sólo a los mejores,
    sin presumir de orto y mal ceñido.
    No resplandezca el oro y los colores

    en nuestro traje, ni tampoco sea
    igual al de los dóricos cantores.
    Una mediana vida yo posea,

    un estilo común y moderado,
    que no note nadie que lo vea.

    La epístola literaria de tono pesimista

    Esta composición es la famosa «Epístola moral a Fabio» y condensa muchos de los topos barrocos. Pertenece Andrés Fernández de Andrada. Fue escrita en torno a 1610 y tiene garantizado un lugar de honor en nuestra historia literaria. El poema adopta la forma de una carta dirigida a Fabio, nombre fingido bajo el que se esconde un amigo real del poeta. Confiado en obtener un puesto oficial, Fabio se ha trasladado a Madrid para servir a un poderoso señor de la corte, pero el tiempo pasa y el cargo no llega. Decidido a liberar al amigo de su comprensible frustración, el poeta le escribe aconsejándole que olvide sus pretensiones y vuelva a la vida humilde de su ciudad, Sevilla, donde no habrá de someterse a los caprichos de señor alguno y onde podrá consagrarse a la amistad, la lectura y la necesaria meditación sobre el sentido de la existencia.

    La escuela literaria del «aurea mediócritas»

    En sus consejos a Fabio, el poeta recrea el tópico de «menosprecio de corte y alabanza de aldea» que ya vimos, tan característico del Siglo de Oro. En concreto, rechaza las esperanzas cortesanas, propias de quienes acuden a la corte buscando poder, riqueza y fama. Para el poeta, la felicidad solo se puede obtener cuando uno renuncia a las ambiciones y se conforma con lo que tiene.

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