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Arte poética: pensamiento y tradición

    Arte poética: intertextualidad

    Continuamos con nuestra sección del Diccionario de Literatura Universal con el objetivo de dar a conocer las corrientes y tendencias de las literaturas en diferentes épocas y lugares. Este ejercicio nos permitirá trazar intertextualidades y puntos de contacto entre los géneros, temáticas y afinidades estéticas de distintas obras y autres.

    En este artículo exponemos las diversas concepciones del arte poética en la obra de distintos autores, desde el clasicismo hasta la modernidad literaria.

    ¿Qué es el Arte Poética?

    El arte poética se sitúa en el contexto de la especulación teórica de carácter literario. Adquiere corporeidad en los diferentes tratados de preceptiva literaria en los que se ha venido explicando la función de la literatura y las técnicas literarias, estéticas y formales, preponderantes en un determinado momento histórico.

    Los autores expresan sus ideas sobre la belleza, los sentimientos, el lenguaje, la inspiración o el propósito estético de escribir, estilo o métrica.

    Podemos delimitar dos definiciones del Arte Poética.

    1. En sentido literario amplio, como conjunto de ideas y principios sobre cómo debe ser la creación literaria en general y la poesía, en particular.

    2. Acotada al campo del género poético en forma de reflexión sobre el propio arte de escribir poemas.

    La acuñación del término se debe a Horacio. En el crisol del clasicismo y la atemporalidad de su Arte poética documentamos las bases para la reflexión sobre cómo escribir y la descripción de las cualidades de una buena obra literaria.

    Los orígenes: Arte poética de Horacio

    [Ars poética]. Con este nombre se suele entender la más larga de las epístolas (Sátiras y epístolas) – la tercera del segundo libro – que Quinto Horacio Flaco (65-8 a. de C.) compuso hacia el año 14 a. de C., y dedicó a los Pisones: al padre y a sus dos hijos.

    Desde la antigüedad fue separada de las demás epístolas, también porque, dada su extensión, constituía un librito aparte. No es fácil trazar una línea constante que ligue entre sí las partes de esta carta. Su sustrato es áridamente filológico y gramatical, mientras las digresiones, las observaciones personales del poeta, los juicios literarios, y las polémicas se muestran de cuando en cuando independientes y caprichosas.

    Horacio al escribir esta carta tenía a la vista los preceptos que, desde hacía siglos, habían penetrado en la tradición de las escuelas. Estos se remontaban en cuanto a su teoría a la Poética de Aristóteles, mientras que en lo relativo a la crítica literaria de los poetas romanos adquiere el carácter de franca polémica contra los arcaizantes, esto es, contra los que habían formado la precedente literatura latina.

    Los límites de la verosimilitud en Horacio

    El poeta comienza con esta observación: la fantasía de los poetas debe ser refrenada y corregida por la verosimilitud. Son necesarios orden, mesura y cautela al escribir. De otro modo se incurre en excesos y se pierde de vista la esencia de la poesía. Un tratado preciso y escolar se había de proponer explicar ese aserto. De este modo se introduce en él una historia literaria de Grecia, ordenada con un criterio métrico e ideográfico, como era costumbre exponerlo en las bibliotecas de Grecia y de Roma, clasificando a los autores según cánones determinados.

    Se comienza por Homero, cantor de las gestas épicas, que se sirvió del hexámetro. A este verso se emparejó el pentámetro. Se originó de ello el dístico, llamado elegíaco porque era usado por poetas elegíacos con propósitos bélicos, eróticos o gnómicos.

    Arquíloco inventó el yambo, que por su prosaica facilidad lo convirtió, gracias al florecer de la tragedia ática, en el verso recitado del drama.  Como el metro de la poesía mélica coral pasó a las partes líricas y cantadas de la  tragedia y de la comedia.

    Estos esquemas sirven indudablemente para no desviarse de un género a otro. Convienen a la comedia los caracteres cómicos, y a la tragedia fluctuosas vicisitudes. Y puesto que la Poética  de Aristóteles había inaugurado como género literario perfecto el de la tragedia, también Horacio escogió la dramática como el campo experimental de sus estudios estilísticos y técnicos. He aquí para estos nuevos preceptos : no busque en un drama el perfecto final, no se dé al coro una función diversa de la de un actor, apláudase la virtud, y sea  deprecado el vicio.

    Fue compañero de la tragedia el drama satírico, farsa bufonesca poblada de obscenos sátiros que no deben dejar sus orígenes selváticos.

    Hasta aquí la preceptiva escolar y puramente dirigida a sistematizar la literatura griega, basándose en el prejuicio de que Sófocles alcanzó el ápice de la tragedia, y que las más tardías innovaciones, sobre todo por parte de Eurípides, deben considerarse como obra de áridas invenciones de un excelente ingenio al que le falta fuerza poética.

    Pasando luego del ámbito de lo helénico al de lo latino, esta miopía crítica se hace cada vez más intransigente. Ninguno de los poetas antiguos de Roma, llámense Ennio, Cecilio, Plauto o Accio halla perdón a los ojos de Horacio; porque no conocieron el trabajo de la lima.

    Epístola a los Pisones

    A la poesía y a la poética de los arcaicos Horacio opone el gusto de su sociedad literaria. Precisamente esos Pisones a los cuales va dedicada la epístola pertenecen a la nueva generación de refinados críticos. Pero en esta búsqueda perfección hay el peligro de caer en el defecto de mediocridad. De la mediocridad, pues, hay que guardarse, porque siendo espiritualmente la poesía toda del alma y para el alma, o sube al cielo o se precipita bajo tierra, pero no puede jamás hallar un término medio. Debe divertir e instruir; debe ser inspirada. En suma, para ser verdaderamente poeta es necesario estar en posesión de la “furor poiesis”.

    ARTE POÉTICA de Ronsard.

    Publicada en 1565 con el título Resumen del arte poética francesa [Abregé de l’art poétique françoise] y dedicada a Alfonso del Bene, lionés, de origen italiano, autor ya olvidado de un poema, Amédeide, en honor de Amadeo de Saboya, el Conde Verde. Consciente de su importancia de poeta en su propia época, Pierre Ronsard (1524-1585) expone algunas normas para enriquecer el idioma, recogiendo palabras de artesanos y obreros, creando nuevas expresiones al estilo de los griegos, o por derivación, y elogia los adornos fantásticos y mitológicos.

    Recomienda la lectura de los grandes poetas antiguos, la armonía y la finura del estilo. Para comprender bien este ensayo, que tiene valor literario, hay que situarlo en la atmósfera crítica suscitada desde 1549 por la Defensa e ilustración de la lengua francesa  de Du Bellay.

    Arte poética en romance castellano

    Se trata de un breve tratado de arte métrica del portugués hispanizado Miguel Sánchez de Lima, publicado en Alcalá de Henares en 1580.

    Cronológicamente es la primera poética castellana del siglo XVI. Dividida en tres diálogos en prosa, cuyo corte clásico de estructura ciceroniana armoniza perfectamente con su método de exposición fácil y amena, el Arte Poética de Sánchez de Lima está muy lejos de ser una codificación métrica o preceptiva de verdadera importancia.

    Su estructura dialogada, característica de las primeras poéticas del humanismo, su carácter sencillo, su carencia de originalidad por lo que respecta a las ideas, y su escasa erudición grecolatina, indican bien a las claras las limitaciones de su autor.

    Frente a la vasta erudición de las poéticas clásicas del siglo XVI, el Arte Poética de Sánchez de Lima no es más que un manual de versificación castellana asequible a los profanos. Exento del rigor especulativo y de la profundidad doctrinal de los grandes preceptistas aristotélicos, Sánchez de Lima representa la actitud certera del romancista o escritor en lengua romance, que quiere divulgar en forma sencilla los preceptos de la poética clásica válidos para la poesía vulgar. Probablemente aprendió los modelos estróficos y las leyes de la versificación italiana en el famoso comentario de Antonio da Tempo al Cancionero de Petrarca, que asimiló a la poesía castellana.

    Arte poética española de Rengifo

    Tratado de arte métrica del jesuita Diego García Rengifo, natural de Ávila, publicado en Salamanca en 1592, bajo el nombre de su hermano Juan Díaz Rengifo que pasa comúnmente por su verdadero autor.

    Fue desde el primer momento de su aparición el insustituible breviario de los poetas legos, el mejor manual de métrica castellana publicado en su tiempo y sobre todo el mejor repertorio de modelos estróficos de la escuela italiana y tradicional.

    Inspirada en los preceptos de Antonio da Tempo, la obra de Rengifo es fundamentalmente una adaptación a la poesía castellana de los preceptos métricos y estróficos de la poesía italiana petrarquista que codifica por vez primera con exigencia y rigor, sustituyendo los ejemplos toscanos por fragmentos de nuestros mejores poetas renacentistas.

    Por otra parte, su detallado estudio de las combinaciones estróficas de la escuela tradicional castellana, pese a los antecedentes de Nebrija, Encina y Sánchez de Lima, supera en mucho a sus modelos anteriores y constituye una aportación absolutamente original. Si a esto se añade la utilísima silva de consonantes o diccionario de rimas que enriquece la última parte de la obra, será fácil comprender que el Arte Poética Española de Rengifo alcanzase en su tiempo una extraordinaria popularidad que mantuvo hasta el siglo XVIII gracias a la refundición del sacerdote y preceptor barcelonés José Vicens, publicada en 1703.

    Mérito literario de Rengifo

    En rigor estricto, el Rengifo carece de autoridad preceptiva por su absoluta carencia de ideas originales y de pensamiento estético, pero fue, en cambio, el mejor manual de versificación de romancistas y poetas publicado en España en los siglos XVI y XVII. Su verdadero mérito estriba en haber codificado por vez primera de manera sistemática y completa las doctrinas métricas que los poetas españoles de su tiempo habían tenido que aprender hasta entonces a través de la imitación de los modelos italianos y deducir de una manera puramente empírica.

    Aun cuando la gloria de haber intentado por vez primera con la poética lo que Nebrija había hecho con la gramática corresponde sin duda alguna a Miguel Sánchez de Lima, preciso es reconocer que la plena realización de este propósito se debe casi exclusivamente a Díaz Rengifo, quien con todos sus defectos y limitaciones escribió el primer manual completo de métrica castellana y el único exclusivamente consagrado a esta materia que aparece en España desde los últimos años del siglo XVI hasta la publicación de la Rhytmica de Caramuel.

    ARTE POÉTICA de Boileau

    [L’Art poétique].  Se trata de un poema breve en cuatro cantos de Nicolas Boileau (1636-1711), que fue publicado en 1674.

    El primer canto, después de recordar que solo se puede ser poeta por don de la naturaleza, recomienda el obsequio a la razón, al sentido común a una variedad comedida, concluyendo con una rápida historia de la poesía francesa, que solo con Malherde ha encontrado el camino preciso de la expresión clara y la belleza ordenada.

    En el segundo canto da normas para el idilio, la elegía, la oda, el soneto y algunas composiciones menores, extendiéndose luego sobre la sátira. El tercero trata ampliamente de la tragedia, la comedia, el poema épico, para el cual condena los asuntos cristianos. El cuarto vuelve a los consejos generales, expone las ventajas de una recta crítica, lo útil que en la poesía ha de acompañar a lo agradable, y la moralidad necesaria del artista, que no se debe dejar llevar a la obra solo por el deseo de lucro. El autor enlaza de una manera clara o Arte poética de Horacio, mientras trata de recoger las ideas críticas repartidas en las Sátiras y epístolas.

    ARTE POÉTICA de Menzini

    Escrita en tercetos y dedicada al cardenal Decio Azzolino, está dividida en cinco libros y se publicó en 1690.

    En el primero, que puede considerarse una introducción, Benedetto Menzini (1646-1704) examina las dificultades que se presentan a quien se dispone a escribir poesía. Considera elemento indispensable el estudio de los clásicos latinos e italianos. En el segundo, tras haberse referido al poema heroico, cuyo principal mérito considera que es la coherencia, y haber reconocido a Ariosto y a Tasso como maestros en este género literario, pasa a examinar la tragedia y la comedia, lamentando que en esta última sus contemporáneos se hayan alejado de los ejemplos clásicos, descuidando el verso.

    El tercer libro habla de la dificultad de la poesía satírica, refiriéndose especialmente al «ditirambo», que debe estar sostenido por mucho ingenio de las elegías y églogas que tuvieron como poetas insuperables a Virgilio y Sannazaro.

    En el cuarto desea que la poesía sacra encuentre por fin un poeta digno que no mezcle los mitos cristianos con las antiguas fábulas paganas. Reconoce el mérito de la canción de la escuela toscana; reprocha a sus contemporáneos el abuso del tratado filosófico en las composiciones poéticas y exalta el «soneto», cuya brevedad permite al lector un juicio rápido.

    En el quinto compendia su doctrina estética, que no se aleja de la acostumbrada posición clasicista, afirmando que lo sublime es más a menudo don de la naturaleza que del arte, pero advirtiendo, sin embargo, que incluso con el arte puede algunas veces conseguirse.

    ARTE POÉTICA. Diálogos familiares

    en que se enseña la poesía a qualquiera de mediano talento de qualquiera sexo y edad.

    Obra del jesuita español Juan Francisco de Masdeu (1744-1817), publicada en Valencia en 1801. La obra consta de nueve diálogos entre un maestro, Metrófilo (El Amante del Metro), y una discípula, Sofronia (La Discreta), sobre el fenómeno poético.

    “La afición de los hombres a la poesía -advierte el autor -puede llamarse casi general, porque, fuera de algunas almas insensatas, todos se deleytan con la dulzura y armonía del verso, por más que no sepan en qué consiste”. Lo único que puede entorpecer su estudio es la oscuridad del maestro. “Dense las reglas con buen orden, con estilo fácil, con palabras que todos entiendan; y, en poco tiempo, los que no saben qué cosa es poesía, se formarán poetas”. Eso es lo que pretende el autor con esta obra, típica de todo un momento. Los diálogos tratan de la naturaleza y utilidad de la poesía, del arte de leer (I) y escribir bien (II), de la armonía y tejido del verso (III), de la armonía y construcción del consonante (IV), de las composiciones poéticas en general.

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