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La responsabilidad ética del preparador al preparar las Oposiciones de Lengua

    Introducción: la alteridad como principio ético fundamental

    En algún momento de su vida,  un opositor/a decide invertir uno, dos o tres años en preparar las oposiciones de Lengua y Literatura. Es entonces cuando la búsqueda del mejor preparador de oposiciones de lengua se convierte en un asunto capital.

    Advierte el opositor novel la abundancia de propuestas, preparaciones, métodos, etc. En ocasiones, la espesura interior del bosque le impide ver la realidad más amplia desde fuera; contemplarlo con una perspectiva global y objetiva: ¿Cómo elijo al mejor preparador de oposiciones de lengua que me acompañe en mi travesía opositora?

    El primer cometido del opositor novel es hacerse con un buen temario de oposiciones. Piensa que “comprando”, primero, y estudiando, después, un temario actualizado, tiene la mitad del proceso ganado. En estos momentos, está depositando su tiempo, su estabilidad económica y, en muchos casos, su proyecto vital en manos de otra persona: el preparador. De cara a afrontar las oposiciones de lengua, con una oferta creciente de plazas por parte de las administraciones convocantes y un mercado de academias y preparadores privados muy amplio, conviene detenerse a reflexionar sobre un aspecto  que no solemos abordar con el rigor y objetividad que merece: la responsabilidad ética de quien prepara a los opositores y opositoras para superar el duro proceso selectivo de la función pública docente.

    En este artículo no pretendemos pontificar con un decálogo de principios éticos y moralizantes acerca de las funciones del buen preparador de oposiciones de lengua, sino, más bien, realizar un trazado fundamental, basado en un análisis técnico y riguroso de las dimensiones de la preparación en las que esa responsabilidad entra a formar parte del conjunto y del contrato ético que, de manera implícita y explícita, firman tanto preparadores de oposiciones como opositores en pro de conseguir un objetivo mutuo: ganar la plaza de profesor de lengua.

    Un cometido muy serio: qué está en juego en las oposiciones de Lengua y Literatura

    Las oposiciones al cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria en la especialidad de Lengua Castellana y Literatura incluyen una prueba de conocimientos específicos, compuesta de dos ejercicios: parte práctica y temario, una programación didáctica y una unidad didáctica  que habrán de defenderse. Es un proceso selectivo exigente, en el que, casi siempre, quedan plazas desiertas, con una gran carga memorística, una no desdeñable carga legislativa y didáctica y un fuerte componente emocional. Además, la mayoría de los opositores y opositoras compagina la preparación con el trabajo docente como interinos/as y la crianza.

    En este escenario, el preparador —ya trabaje de forma independiente, ya lo haga en colaboración con una academia— ostenta una posición de autoridad académica y emocional sobre el opositor u opositora. Es precisamente esa asimetría la que convierte la ética profesional en una cuestión central, y no accesoria, de la ciencia y arte de preparar oposiciones.

    La dimensión ética del preparador de oposiciones

    La honestidad, tan infrecuente en los días que corren, deviene en un principio fundamental que ha de guiar y conducir la preparación de oposiciones de lengua y literatura, desde una perspectiva empática y honesta. El preparador, antes que nada, ha de ser un guía genuino, con sello personal propio. Todas sus actitudes y decisiones tendrán impacto y alcance en el buen o mal desempeño de los opositores y opositoras en las pruebas de oposición.

    Rigor científico y actualización disciplinar

    La primera obligación ética del preparador es que sea profesor de Lengua Castellana y Literatura. Es muy importante que posea una trayectoria preparando a aspirantes procedentes de distintas disciplinas académicas y que conozca a fondo las materias implicadas en las oposiciones de Lengua. La lingüística, la gramática, la teoría literaria y la Didáctica de la lengua son disciplinas vivas: sus marcos teóricos evolucionan, las corrientes críticas se revisan y los currículos educativos cambian con las sucesivas reformas legislativas. Preparar las oposiciones de Lengua con materiales desactualizados, sin contrastar el estado actual del currículo (LOMLOE y sus desarrollos legislativos autonómicos) o sin revisar bibliografía especializada, constituye una suerte de negligencia profesional del lado de la preparación.

    El rigor científico implica también racionalizar y acotar el conocimiento transmitido y enfocado a conseguir una capacitación de nivel que permita superar holgadamente todas las pruebas. La Administración aplica un filtro ciego en las oposiciones, seleccionado a los aspirantes por su mérito y capacidad. Los posibles cambios a la vista en las Oposiciones de Secundaria reclaman una actualización constante por parte de la preparación.

    Honestidad en las expectativas y en la previsión de resultados

    Una de las dimensiones de mayor riesgo ético en el campo de la preparación de oposiciones es la gestión de las expectativas. Las tasas de éxito reales en oposiciones de Lengua y Literatura varían según la comunidad autónoma, el número de plazas convocadas y la ratio de aspirantes por plaza, y suelen ser sensiblemente más bajas de lo que pregona el marketing de algunas academias.

    Un preparador éticamente responsable:

    • Comunica con claridad las probabilidades reales de éxito, sin inflarlas o adulterarlas para conseguir matrículas.
    • Explica el esfuerzo temporal y personal en términos razonables,  que exige el proceso selectivo, en lugar de vender fórmulas de Fierabrás o atajos inexistentes.
    • No confunde la promoción de «plazas conseguidas» con una representación fiel del porcentaje de éxito sobre el total de alumnado.

    Asimismo, la honestidad publicitaria no es un matiz estético: es una cuestión de justicia hacia personas que a menudo comprometen sus ingresos y su futuro laboral para dedicarse a la preparación en cuerpo y alma.

    Trato justo y no mercantilización de la vulnerabilidad del opositor

    El opositor se encuentra, con frecuencia, en una posición de vulnerabilidad laboral y emocional. La presión temporal, la ansiedad ante la incertidumbre laboral, la comparación constante con compañeros y compañeras. Un preparador ético no explota esa vulnerabilidad para generar dependencia comercial —alargando innecesariamente la preparación, generando alarmismo sobre la complejidad de las pruebas o desincentivando la autonomía del opositor/a para fidelizarlo económicamente.

    Muy al contrario, la relación pedagógica sana se incardina en el marco de la progresiva autonomía académica del opositor. Aportar materiales y recursos de calidad abonan el terreno de la seguridad y de la confianza. Se trata de recursos con los que muchos opositores han conseguido sobresalientes. ¿Por qué, pues, no van a ayudar a otros opositores a lograr las mismas metas?

    Respeto a la propiedad intelectual

    El mercadeo de las oposiciones de Lengua y Literatura en muchas ocasiones, lamentablemente, se basa en la circulación de temarios, programaciones didácticas y unidades didácticas entre generaciones de opositores y opositoras. Esta tradición de intercambio plantea un problema ético de primer orden cuando el preparador:

    • Vende como propio material elaborado por terceros.
    • Fomenta que el opositor memorice y presente ante el tribunal programaciones idénticas a la de otros aspirantes, sin adaptación al marco normativo propio de la comunidad autónoma por la que se oposita.
    • No advierte sobre los límites legales y deontológicos del uso de materiales protegidos por los derechos de autor.

    La originalidad, rigor, profundidad legislativa y la coherencia interna de la programación y de la unidad didáctica son las evidencias de que el opositor/a ha interiorizado un criterio pedagógico propio.

    Adaptación a la diversidad de opositores y opositoras

    No todos los aspirantes a las oposiciones lengua  parten del mismo punto. Hay opositores que, en su primera convocatoria, obtienen plaza. Otros docentes interinos con años de experiencia en el aula, compaginan la preparación con su jornada laboral completa y aspirantes provenientes de titulaciones ajenas a las ramas de la Filología. Un preparador éticamente responsable diseña —o al menos ofrece— itinerarios de estudio realistas, evitando un enfoque único que penalice sistemáticamente a quienes no encajan en el perfil de opositor «ideal» en lo referente a ritmo de trabajo y estilo de aprendizaje.

    Esta atención a la diversidad de los opositores es una exigencia que emana del propio planteamiento de las opositores que se preparan. Los preparadores que enseñamos la didáctica de la lengua y la literatura hemos de hacerlo aplicando principios inclusivos de atención a distintos perfiles académicos.

    Gestión responsable de la relación entre preparador y opositor

    La relación entre preparador y opositor es, por definición, asimétrica: el preparador evalúa, corrige y valida. El aspirante se encuentra a la expectativa de ese juicio para calibrar su avance y progreso en la preparación. Favorecer evidencias de progreso desde el primer momento pasa por propiciar relaciones claras de:

    • Retroalimentación (feedback) continua, específica y basada en criterios objetivos, no en juicios genéricos o desmoralizantes.
    • Transparencia sobre los criterios de corrección utilizados, alineados con los que aplicarán los tribunales calificadores.
    • Rigor y honestidad en la transmisión de juicios sobre el nivel de logro, ajustados a la realidad formativa del opositor/a.

    ¿Qué consecuencias tiene para el opositor/a una preparación carente de ética?

    Las malas prácticas en la preparación de oposiciones no son un problema abstracto: tienen consecuencias mensurables y claras.

    1. Consecuencias académicas en el nivel que no se ajusta al exigido en las pruebas. Aquí radica la “ilusión del conocimiento”, que consiste en hacer creer al opositor/a que sabe mucho -cuando no es así- para que no se desmoralice y continúe abonando la matrícula.
    2. Consecuencias económicas: inversión de tiempo y dinero en preparaciones que no procuran la debida capacitación para ganar la plaza.
    3. Consecuencias psicológicas: desgaste emocional derivado de expectativas faltas y de una relación basada en intereses económicos más que personales y humanos.
    4. Consecuencias para el sistema educativo: en última instancia, los opositores que superen las oposiciones se convertirán en los protagonistas que formen a ciudadanos del siglo XXI. Una preparación de oposiciones de calidad tiene una correlación directa con una enseñanza de la Lengua y la Literatura en las aulas de calidad.

    Buenas prácticas: hacia un código deontológico del preparador de oposiciones

    Aunque no existe en España un colegio profesional que regule específicamente la actividad de preparador de oposiciones, es posible sistematizar un conjunto de principios de buena práctica aplicables de cara a las oposiciones de lengua:

    • Actualización del temario y la bibliografía con referencias explícitas al marco legal vigente en cada comunidad autónoma.
    • Manejo y uso de una bibliografía adecuada.
    • Ofrecer información veraz y contrastable sobre tasas de éxito, duración media de la preparación, nivel de esfuerzo personal y posibles dificultades.
    • Proporcionar retroalimentación constante orientada a la mejora, y no genérica o engañosa.
    • Respetar la Ley de protección de datos al custodiar la información personal y académica compartida por el opositor u opositora.
    • Adaptar el ritmo y el itinerario formativo a las circunstancias reales del alumnado, evitando un modelo único de dedicación horaria.

    Cómo evaluar la ética de un preparador durante la preparación de oposiciones

    Durante la preparación de oposiciones Lengua Castellana y Literatura, conviene que el opositor observe algunos aspectos clave:

    • ¿El preparador explica con claridad la metodología y los criterios de preparación que utiliza?
    • ¿Ofrece testimonios reales y ciertos sobre los resultados obtenidos, o utiliza opiniones faltas?
    • ¿Es honesto en la descripción fiel del nivel de conocimientos del opositor o les hace creer que saben mucho para que se animen y continúen?
    • ¿Adapta su propuesta a las circunstancias personales del opositor, o aplica un modelo rígido y estandarizado?

    Estas preguntas no sustituyen, evidentemente, a la valoración del rigor académico del preparador, pero sí permiten detectar señales tempranas de una praxis preparadora éticamente cuestionable.

    Conclusiones: hacia la dimensión intersubjetiva de la preparación de Oposiciones de Lengua

    La capacitación para superar las oposiciones de Lengua y Literatura  no es solo una cuestión académica relacionada con el dominio disciplinar y didáctico. De consuno, se funda en una relación intersubjetiva y empática yo-en-ti. El preparador, que asume tal responsabilidad con honestidad, entiende que su labor no termina en la transmisión de conocimientos; también se extiende a la responsabilidad de las expectativas que genera, a la intersubjetividad plena, a la justicia en el trato y al fomento del criterio pedagógico propio del futuro docente.

    El proceso selectivo selecciona por capacitación y no por titulación. Es en este contexto en el que se dilucidará al profesor que guíe a las próximas generaciones en el uso reflexivo y crítico de la lengua y en el placer y la comprensión de la literatura. La exigencia de rigor ético a quienes preparan a los aspirantes no es una cuestión baladí. En última instancia, es una garantía indirecta de la calidad del sistema educativo, proclamada por la LOMLOE en su artículo 1.

    Preguntas frecuentes sobre la ética en la preparación de oposiciones de Lengua

    Temario desactualizado respecto al currículo vigente, ausencia de referencias bibliográficas válidas, carencia de recursos que eviten a los opositores la elaboración, promesas de resultados poco realistas y falta de retroalimentación personalizada son indicadores habituales de una preparación de baja calidad.

    El desarrollo legislativo básico de la LOMLOE varía entre comunidades autónomas. Las programaciones didácticas deben ajustarse al marco normativo vigente de la autonomía por la que se decide opositar.

    Las evidencias se traducen en tangibles de evolución y han de materializarse desde los primeros momentos. Las alarmas se activan cuando hay una constatación fehaciente de que te están enseñando “naderías” y estás muy lejos del verdadero nivel exigido en las oposiciones de lengua.

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