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Introducción: una nueva mirada a los textos de la Edad Media
Continuamos con la serie de monográficos, que pretende suscitar la reflexión sobre los rasgos, características y peculiaridades de los textos medievales y su relevancia en la preparación, definición y entrenamiento del ejercicio práctico de las oposiciones de lengua.
Reflexionamos ahora sobre la importancia de los aspectos relacionados con técnicas y procedimientos comunes, con ejemplificaciones y pautas para identificar el fondo temático y estético compartido de estos textos y explicar su significado a la luz de la cultura y la mentalidad de época. Empezamos.
La alegoría como método y técnica presente en casi todos los textos medievales
En el estudio de la lengua y la literatura medievales hay que contar en primer término con la función del simbolismo, rasgo común a todos los textos medievales. El origen de la palabra símbolo se documenta en la literatura religiosa al menos desde el siglo IV. En sus orígenes fue un signo de reconocimiento o forma sencilla con que los cristianos se identificaban entre ellos.
En los primeros siglos del Cristianismo, al comienzo de la Edad Media, la literatura de significación religiosa obtuvo el cultivo más importante. Se manifestó en práctica obras de que tenemos noticia por ser la que representaba el sentido cultural de la época. Las manifestaciones de una literatura profana fueron escasas, y las de carácter folklórico no llegaban al documento. Desde el siglo IV al siglo X, antes de que hubiese una literatura poética en lengua vernácula, la literatura religiosa fijó una línea continua de obras simbólcias. Con diversos contenidos, reunían tradición y experiencia en la unidad de la palabra (“al principio era el verbo”). La tradición escrita, la Biblia, sus comentarios y exégesis, los dogmas y la teología, y cuanto se situaba a su servicio. Se consideraba la expresión de la experiencia humana.
Omnipresencia del símbolo: impresión y pensamiento
Tal experiencia aludida se adquiría mediante la interpretación y reconocimiento de los signos. Signo era lo que, además de la impresión que nos causa en los sentidos, nos hace conocer algo más.
San Agustín reconoce varias categorías de signos. Los naturales, y los intencionales, que son de condición animal (por ejemplo, el arrullo del palomo), humana, y divina, a través de los escritores de la Biblia. Llama símbolos a los humanos y divinos. Y de entre ellos la palabra es el medio más adecuado para servir como símbolo a través del cual se percibe la realidad del mundo, visible e invisible, presente, pasado y futuro, y su transcendencia divina.
Esta interpretación conecta con la literatura simbólica de la antigüedad (Pitágoras, Platón y Plotino). Además, va estableciendo una red de símbolos tipificados que acaba por encerrar una concepción del universo. Desde lo más inmediato (piedras, flores, animales, etc.) alcanza lo más lejano (planetas y signos del cielo, etc.), relacionando el macrocosmos con el microcosmos mediante una interpretación metafísica de carácter esotérico.
El ejercicio intelectual de la numeración adopta esta transcendencia: 3 (Trinidad, los Magos); 4 (puntos cardinales, brazos de la Cruz); 12 (los apóstoles, los profetas, los signos del zodíaco), etc. El simbolismo, asegurado sobre todo en la literatura religiosa, obtuvo una vigorosa proyección en la literatura profana, convirtiéndose en una forma del pensamiento medieval.
Como dice H. F. Dunbar: «El simbolismo, consciente o no, siempre fundamental en el pensamiento, llegó a ser en la Edad Media tanto el medio natural de pensamiento y de expresión, como un instrumento conscientemente desarrollado para penetrar, de la mejor manera, en el misterio de la realidad»
Alegoría y signo: interpretación de la verdad humana
Junto al simbolismo aparece la alegoría, en ocasiones con los límites confundidos y aun como análogos. La alegoría se encuentra definida y con sus funciones declaradas en la Retórica de la antigüedad. En los tratados medievales se menciona de diversas maneras.
En sus orígenes fue una figura retórica mediante la cual el emisor otorgaba una segunda significación a las palabras. Se mentaba alto y con ello se daba entender un sentido trascendente, mucho más complejo e importante. Su uso fue creciendo gracias al pensamiento de raíz simbólica antes referido. De esta forma se matizaron alegoría y símbolo con el uso de una alegoría simbólica y un símbolo alegórico.
Interesa señalar que la aplicación de estos procedimientos creó un orden de exposición y un hábito de pensamiento que alternó con el razonamiento dialéctico, y al que en ocasiones se prefería por su claridad de recepción. La función de la analogía fue muy amplia, y una de sus más importantes manifestaciones fue la personificación. En ella, el hombre y su disposición y actividades son el elemento figurativo de la expresión. La facilidad de la abstracción personificada hizo que fuese un medio muy común de representar los movimientos del alma. Los sentimientos se expresaron mediante figuras abstractas de condición humana, como si fueran personajes con voluntad propia de acción. De esta manera se mostraban los combates interiores del alma, las dudas, la oposición de vicios y virtudes, las cualidades y losatributos del hombre.
La significación mediante analogías en las fuentes textuales medievales
Autores como Boecio, en su Consolatio philosophiae, y Prudencio, en su Psychomachia, se revelaron como los modelos preferidos en esta corriente de expresión. El procedimiento alegórico, con toda la variedad y riqueza de analogías establecidas, sirvió tanto para los asuntos religiosos (sobre todo, de carácter moralizador), como para expresar cualquier situación de la vida secular y profana que requiriese una exposición de orden espiritual.
La alegoría, a través de su uso reiterado, resultó comprensible para un público amplio. En conjunción con el símbolo, aseguró la estructura unitaria del arte medieval (la iglesia levantada sobre la planta en cruz, la cúpula como cierre perfecto, etc.).
En relación con el símbolo y la alegoría, la visión representó una disposición literaria que permitió un libre trato de la experiencia percibida en la realidad. Posibilitó, asimismo, la creación de un sistema poético en el que la realidad puede cambiar y se instaura la fantasía. También fue posible establecer alegorías prolongadas, la forma de los sueños, las apariciones y los éxtasis, existentes en la antigüedad. En estos momentos entran en juego, y adoptan un gran número de formas, culminantes en la Divina Comedia de Dante y en la Amorosa Visione de Boccaccio.
La visión se establece por medio de diversas especies de expresión. Documentamos los Triunfos de amor, los Infiernos de enamorados, la Cárcel de amor, los Testamentos de amor, etc. El Humanismo medieval dio variedad a estas alegorías utilizando también el rico material de la mitología. Los mismos nombres de los personajes dejan de ser designaciones y buscan denotar alguna significación. Se produce una concordancia con el lugar de donde proceden, el carácter o alguna peculiaridad personal, etc. De esta manera se apura la capacidad significativa de las palabras.
| Leamos el CANTO I de la Divina Comedia, en el que apreciaremos signos inequívocos de sus alegorías y símbolos con prolongada influencia a lo largo de toda la Edad Media y el humanismo. En el primer verso, en efecto, documentamos un ejemplo representativo. Se trata de una metáfora imagístico-esquemática de origen remoto, que ha llegado hasta nuestros días: «la vida como encrucijada de caminos». |