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¿Contextualizamos? 15-2-2021

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    Introducción: entrenar con textos literarios del Barroco

    He aquí una nueva composición para preparar la parte práctica de las oposiciones de Lengua. Es muy importante que consideremos las características del género literario. Los rasgos de la taxonomía genérica nos pondrán en la senda de una justificación más profunda y certera de nuestra hipótesis. Recordemos siempre los cuatro pilares óptimos de la proyección de la contextualización que nos sirven para preparar esta prueba.

    ¿Fuego en mi corazón? No, no lo creo.
     Siendo de mármol, ¿en mi pecho helado
     pudo encenderse? No, miente el cuidado.         2560
     Pero ¿cómo lo dudo, si lo veo?
    
     Yo deseé vencer, por mi trofeo,
     un desdén. Pues si es quien me ha abrasado
     fuego de amor, ¿qué mucho que haya entrado
     donde abrieron las puertas al deseo?                2565
    
     Deste peligro no advertí el indicio,
     pues para echar el fuego en otra casa
     yo le encendí, en la mía hizo su oficio.
    
     No admire, pues, mi pecho lo que pasa;
     que quien quiere encender un edificio             2570
     suele ser el primero que se abrasa.

    Calderón y el culteranismo en el drama barroco

    Es propio de la peculiar psicología lingüística de Calderón introducir o interponer, en el discurso de una persona, una petición dirigida a una actividad espiritual. El pensamiento es el mejor instructor y guiador del proceso de intriga y trama, tal y conforme estuvimos viendo en el trazado de la panorámica del drama calderoniano. Fijémonos en el metro y su adecuación al discurso o estructura latente. Decimos que el Barroco revitaliza el Romancero nuevo, como pudimos ver con la «Historia de Hero y Leandro» en una entrada anterior.

    Posturas ideológicas y literarias

    Conviene tener en cuen­ta que los autos sacramentales de Calderón se proponían entre otros fines devolver a la fe verdadera a aquella parte de su público que podía haberse apartado de ella. Los autos reconocen implícitamente que el dominio de la Iglesia sobre la conciencia de los españoles no era monolítico. El teatro era un importante medio de propagar el status quo no solo en la Iglesia, sino también en el Estado.
    Al igual que la Iglesia, el Estado a primera vista parece haber tenido una estructura jerárquica muy definida. La aristocracia estaba claramente dividida en nobles, caballeros e hidalgos, todos ellos gozando de los pri­vilegios de esperar el respeto de los inferiores sociales y de no pagar im­puestos (Domínguez Ortiz, 1973). Los que trabajaban en pobla­ciones y ciudades también estaban organizados en tres grupos: maestros, oficiales y aprendices (Herrero, 1977). Los labradores, tanto ricos como pobres, eran su equivalente rural . El clero y los reli­giosos formaban una parte muy visible de esta sociedad, lo mismo en la ciudad que en el campo.

    Lecciones literarias del teatro calderoniano

    En relación al texto que analizamos, señalar que los estudios sobre Calderón y su obra se desarrollan coincidiendo con la revalorización general de la literatura española del Barroco, impul­sada fundamentalmente por los románticos alemanes.

    Hasta 1881, fecha del segundo centenario de la muerte de Calderón, no se realiza un trabajo de entidad en España, aunque los frutos de este segundo centenario hayan sido valo­rados de diversas maneras, lo cierto es que hubo contribuciones impor­tantes. En cualquier caso, es todavía básica la interpretación que de Calderón realiza Menéndez Pelayo (1881). Plantea de manera directa la mayoría de los problemas que han ocupado hasta hoy a los estu­diosos. Si bien es cierto que las soluciones propuestas por el erudito san­tanderino suelen ser rechazadas por la crítica moderna

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