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¿Contextualizamos 15-1-2021

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    Introducción: la continuidad de los textos literarios y su hibridismo en el Barroco

    Continuamos con nuestra labor continua y lineal de lectura e identificación lingüística y literaria. En este caso, nos enfocamos en el comentario de texto de «El Criticón» de Gracián, con posibilidad de su aparición en el examen práctico de la oposición de lengua. El comentario de texto de Gracián requiere atención por los matices filosóficos y morales.

    A menudo, en los comentarios de textos es muy necesario establecer parámetros, herramientas y mecanismos de identificación genérica, acordes a la naturaleza del texto. En las épocas literarias en las que se produce un hibridismo de las manifestaciones lingüísticas y literarias es necesario adoptar una postura amplia. La observación científica directa en la explicación de rasgos y peculiaridades del género es una herramienta muy útil. He aquí una nueva muestra para abundar en esta labor.


    —¡Oh vida, no habías de comenzar, pero ya que comenzaste no habías de acabar! No hay cosa más deseada ni más frágil que tú eres, y el que una vez te pierde, tarde te recupera: desde hoy te estimaría como a perdida. Madrastra se mostró la naturaleza con el hombre, pues lo que le quitó de conocimiento al nacer le restituye al morir: allí porque no se perciban los bienes que se reciben, y aquí porque se sientan los males que se conjuran.

    ¡Oh tirano mil veces de todo el ser humano aquel primero que con escandalosa temeridad fió su vida en un frágil leño al inconstante elemento! Vestido dicen que tuvo el pecho de aceros, mas yo digo que revestido de yerros. En vano la superior atención separó las naciones con los montes y los mares si la audacia de los hombres halló puentes para trasegar su malicia. Todo cuanto inventó la industria humana ha sido perniciosamente fatal y en daño de sí misma: la pólvora es un horrible estrago de las vidas, instrumento de su mayor ruina, y una nave no es otro que un ataúd anticipado.

    Parecíale a la muerte teatro angosto de sus tragedias la tierra y buscó modo cómo triunfar en los mares, para que en todos elementos se muriese. ¿Qué otra grada le queda a un desdichado para perecer, después que pisa la tabla de un bajel, cadahalso merecido de su atrevimiento? Con razón censuraba el Catón aun de sí mismo entre las tres necedades de su vida el haberse embarcado por la mayor. ¡Oh suerte oh cielo oh fortuna!, aun creería que soy algo, pues así me persigues; y cuando comienzas no paras hasta que apuras: válgame en esta ocasión el valer nada para repetir de eterno.

    Desta suerte hería los aires con suspiros, mientras azotaba las aguas con los brazos, acompañando la industria con Minerva. Pareció ir sobrepujando el riesgo, que a los grandes hombres los mismos peligros o les temen o les respetan; la muerte a veces recela el emprenderlos, y la fortuna les va guardando los aires: perdonaron los áspides a Alcides, las tempestades a César, los aceros a Alejandro y las balas a Carlos Quinto.

    Mas ¡ay!, que como andan encadenadas las desdichas, unas a otras se introducen, y el acabarse una es de ordinario el engendrarse otra mayor: cuando creyó hallarse en el seguro regazo de aquella madre común, volvió de nuevo a temer que enfurecidas las olas le arrebataban para estrellarle en uno de aquellos escollos, duras entrañas de su fortuna; Tántalo de la tierra, huyéndosele de entre las manos cuando más segura la creía, que un desdichado no sólo no halla agua en el mar, pero ni tierra en la tierra.

    Localización literaria

    Una de las obras con mayor calado e importancia dentro del periodo barroco de los Siglos de Oro- como quería el maestro Menéndez Pidal) es El Criticón (1951-1957). Esta obra, de carácter moral y filosófico, contiene claves únicas para la diferenciación de la lengua y estilos barrocos. En esta obra se define, con toda magnitud y grandeza, el nuevo tipo humano, «El discreto». Se trata de un ser proteico, que moldea su personalidad a las características de la época. Por tanto, no olvidemos que Gracián perteneció a varias Academias en las que fluía el aprendizaje de una Poética de corte idealista. Esta preceptica se basaba en la originalidad del aforismo y subtendida por el conceptismo puro.

    No podemos obviar la influyente figura de Gracián dentro del conceptismo literario. Por tanto, Quevedo, buen lector de Agudeza y Arte de ingenio (1648), revelará una preferencia muy marcada y singular por el legado literario de Baltasar Gracián. El sentido filosófico y moral en los sonetos quevedianos bebe de manera directa de las fuentes de este autor. A su vez este miró más lejos, allá en la Patrística, el Dogma filosófico de S. Agustín o las fuentes bíblicas.

    Peculiaridades del comentario de textos de El Criticón (1651)

    En El criticón (1651), Gracián pone en boca de un personaje la observación de que no existen «verdaderos colores en los objetos : que el verde no es verde, ni el colorado co­lorado, sino que todo consiste en las diferentes disposiciones de las superficies y en la luz que las baña». Es un ejemplo claro para un comentario de texto de Gracián.

    En el tercer capítulo de Sobre los colores, de Aristóteles, se indica claramente esa inseguridad de las facultades visuales humanas. Se afirma: «nosotros no vemos ninguno de los colores en toda su pureza real, sino en combinación con otros. O cuando no, mezclados con sombras y rayos luminosos. Así, apare­cen diferentes de cómo son. Por lo mismo, se ven distintas las cosas según se miren en la penumbra o a la luz del sol, a una luz fuerte suave. Según el ángulo desde que se contemplen».

    Algunas muestras del escepticismo en la literatura barroca

    El supuesto «escepticismo» del soneto de Argensola no refleja sino una convicción normal en la época. Aprueba el poeta los cosméticos en contraposición a la » complexión» natural?. El maestro Menéndez Pidal aclara el soneto recordando que en épocas anteriores se había condenado el que las mujeres realzasen sus encantos recurriendo a medios artificiales.

    Pero la verdad es que en todos los tiempos y en todas las épocas han condenado la cosmética los poetas que escriben como moralistas. Otra cosa totalmente dis­tinta es cuando escriben como poetas por el puro placer de crear una obra literaria. De hecho, nuestro mismo poeta, en una epístola poé­tica a don Nuño de Mendoza, afirma que todos los cosméticos son «risa a la vista, hedor a las narices,/ mentira aborrecible a todo el cielo / y a los que dél cayeron infelices». De todo lo que antecede podemos concluir que el soneto de Argensola es un juguete literario, un alarde español de «agudeza y arte de ingenio».

    La filosofía y su plasmación literaria en El Criticón (1651)

    Gracián afirma su visión del mundo basada en la tensión entre extremos. Afirma: «Todos van por extremos». El caos se hace patente, pues «La virtud es perseguida, el vicio aplaudido, la verdad muda, la mentira trilingüe. El derecho es tuerto.»

    Aduce razones para observar tales contradicciones: » reparad en un ministro de la justicia -uno cualquiera-: «Con nadie se ahorra y con todos se viste, a todos les va quitando las ocasiones del mal para quedarse con ellas … Destierra los ladrones por quedar él solo» .

    Muy similar, en pesimismo y crítica, como jalón de esta trayectoria, nos viene a la cabeza el texto de Quevedo: «Para ser rico habéis de ser ladrón, y no como quiera . . . Si queréis ser honrado, habéis de ser adulador y mentiroso..:»
    Apenas habrá en la literatura española un libro de más extraño atrac­tivo que El criticón, en que de sorprendente manera se van entrelazando los más diversos temas. El de Andrenio -estado de naturaleza frente a estado social- aún ha de mostrar más adelante, en la literatura europea, fecundas posibilidades de desarrollo. Aún no tiene Gracián la ecuanimi­dad, la frialdad satírica necesaria para hacer de Andrenio un hurón amable en medio de una sociedad de frívolos y corrompidos.

    La vacuidad moral y existencial

    Su crítica se mueve entre vaguedades morales generalizadoras, y reales, sentidos rencores que agudizan su visión y envenenan sus palabras. No bastan unas leyes, un poco de educación para remediar males que arrancan de la misma natu­raleza humana. Todo el mundo, todo el siglo se va mostrando a sus ojos de resentido para recibir dicterios indignados. «Siglo de lodo» el suyo. Como los autores de las rencorosas danzas de la muerte y de otros tardíos frutos del Desengaño, Gracián contempla el mundo -el gran teatro del mundo, dice, con frase que no debe ser una mera coincidencia-, y en él el fin de la ilusión humana. Comentario de texto de Gracián se puede centrar en las críticas a la ilusión humana de su época. ¿Qué es la vida del hombre? «El mundo le engaña, la vida le miente, la fortuna le burla, la salud le falta, la edad se pasa … , el bien se le ausenta, los años huyen, los contentos no llegan, el tiempo vuela, la vida se acaba, la muerte le coge, la sepultura le traga, la tierra le cubre, la pudrición le deshace …»

    Visión desolada del mundo y la vida

    Coincide Gracián con los picarescos en su visión desolada del mundo y de la vida, como coincide en muchos aspectos de su técnica. Un buen comentario de texto de Gracián explora su novela de peregrinación, de camino, de andanzas incesantes remansadas en pocas peripecias. Relato asolado en que el camino determina la marcha, y de la que está ausente la libertad. Más que crear estilos y formas, en la vida como en el arte, los hombres de letras del siglo XVII fueron grandes acopladores y combinadores de formas y estilos. Suele llamarse barrocas obras que, lejos de repre­sentar una nueva ley, rectora de los elementos del estilo, no suponen en realidad sino un sincretismo temático o estilístico. Difícil sería encontrar mejor ejemplo de lo que ese sincretismo -maridaje y des­virtuación- tan significativo como en Gracián.

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