Saltar al contenido

¿Contextualizamos? 18-1-2020

    Nuevos textos para nuevos entrenamientos

    Os dejo un nuevo texto para centrar el comentario de textos literarios de Góngora. En este artículo también profundizaremos en los comentarios literarios de las Soledades de Góngora, analizando sus diferentes aspectos. Se trata de extraer los distintos topoi, significación, semántica, y ahondar en el sentido inicial del fragmento. ¿Qué otros autores han tratado el mismo tema? ¿Qué figura retórica aparece al final del fragmento? Suele citarse como ejemplo paradigmático en los manuales de estilo y figuras retóricas.

    Antes de nada tenemos que intentar «traducir» lo que se nos dice.

     Guarnición tosca de este escollo duro
    troncos robustos son, a cuya greña 
    menos luz debe, menos aire puro
    la caverna profunda, que a la peña;
    caliginoso lecho, el seno obscuro
    ser de la negra noche nos lo enseña
    infame turba de nocturnas aves ,
    gimiendo tristes y volando graves.

    La caverna del Cíclope: la hipérbole tremendista

    Se trata, Virginia, de un fragmento del Polifemo de Góngora, un poemario complejo y que sentó cátedra. No olvidemos que Góngora será el máximo guiador de la mejor Escuela poética culterana. En primer lugar es preciso realizar una descripción (algo así como una interiorización semántica del sentido del fragmento).

    Podemos interpretar que al escollo duro (en que está la caverna del cíclope Polifemo) le sirven de tosca guarnición o adorno ( y, al mismo tiempo, protección) unos robustos troncos.

    Su robusta y densa enramada (greña) es tan espesa, que la caverna tiene aún menos luz y menos aire por culpa de ellos que por la peña que tapa su entrada. Las aves (cuyo semántica las aproxima a los córvidos, asociados tradicionalmente con el reflejo de la muerte, los malos augurios y la oscuridad), «gimiendo tristes» y «volando graves» (lentas y pesadas), enseñan o muestran que aquel lugar es el lecho caliginoso (oscuro, tenebroso) donde se retira a descansar durante el día la noche misma («seno oscuro de la negra noche»). No cabe, pues, mayor oscuridad.

    La «descriptio» como técnica obedece al mensaje profundo que conforma la técnica pictórica del poeta: el lugar inhóspito (infernal) y oscuro (no cabe mayor oscuridad. Véase, en este sentido, la hipérbole) en el que habita el Cíclope. La imagen monstruosa que se nos forma de Polifemo aumenta en tanto en cuanto conocemos el lugar en el que habita.

    La visión del paraje infernal nos recuerda la descripción del círculo primero del Limbo en la Divina comedia:

    Rompió mi sueño un trueno estrepitoso, 
    que sacudió con fuerza mi cabeza,
    y desperté, mi cuerpo tembloroso;
    y el ojo reposado, con sorpresa,
    me levanté, miré en contorno mío,
    por conocer el sitio con fijeza;
    y vi, que estaba en el veril sombrío,
    del valle del abismo doloroso,
    y ayes sin fin subían del bajío:
    era oscuro, profundo y nebuloso,
    que aun hundiendo de fijo la mirada,
    no alcanzaba su fondo tenebroso.

    Dificultades en la lectura de Góngora

    Ya hemos indicado antes que parece haber sido claro propó­sito de Góngora la formación de una lengua poética. A la abundancia de designativos metafóricos triviales tomados de la antigüedad —ya directamente, ya modificados y bellamente refundidos— y a las imágenes insignes creadas por el genio del poeta, habría que añadir otros muchos tropos usados por sistema a todo lo largo de la obra: Vulcano, por el fuego; Baco, por el vino; Ceres, por las mieses; Febo, por el Sol; fresno, por venablo; tálamo, por matrimonio; roble, pino,haya, abeto, por navio, etc….

    Pongamos ahora, junto a estas traslaciones, limitaciones y extensiones retóricas, las alusio­nes —con frecuencia apenas iniciadas— a la Mitología, a la Geografía antigua y moderna, a la Historia, a la Historia Na­tural, en una palabra, a casi todas las ramas del saber huma­no. Unas veces desde el punto de vista grecolatino; otras, desde el del siglo XVII.

    Añadamos, por último, las audacias de léxico y sintaxis: cultismos, transposiciones, acusativos grie­gos, empleo singular de los relativos, complicación y longi­tud del período gramatical, lleno de incisos de valor diferen­te, de paréntesis enteramente desligados, de aposiciones, de gerundios y ablativos absolutos…

    La lectura de las Soledades es ciertamente —sería necio el negarlo— muy difícil. Pero una cosa es la dificultad y otra la incomprensibilidad o la carencia de sentido. Es verdadera­mente vergonzoso que haya todavía en España personas que escriben y discuten de cosas de literatura y siguen creyendo que las Soledades son un simple galimatías, un engendro sin pies ni cabeza. Puesto que estos son partidarios de la claridad, ponga­mos las cosas en claro.

    El comentario literario de los textos gongorinos

    En el comentario de textos gongorinos hemos de partir de la dificultad innegable de las Soledades, Pero tener en cuenta que de esas dificultades la inmensa ma­yoría son vencibles. Siempre que el poeta ha sido señor de los materiales técnicos, apenas se han traspuesto los obstácu­los de lenguaje, aparecen en el fondo de aquello que parecía inconexo a primera vista, una perfecta trabazón lógica, una absoluta cohesión gramatical.

    Frente a esta inmensa mayoría de dificultades vencibles, queda el reducido número de las que todavía no se han resuelto y que tal vez nunca se podrán resolver. Son los fracasos del poeta. Fracasos expresivos. Unas veces, porque la imagen, sin asidero ninguno del lado de lo real, queda tan vaga que podría cubrir a multitud de objetos. En otras ocasiones la alusión es tan velada que nadie la podrá perse­guir. Fracasos gramaticales, otras veces, porque, forzado el idioma, ha venido a caer en la anfibología o el anacoluto.

    Pero estas caídas son absolutamente excepcionales. ¿Qué poe­ta no las tiene? Aunque se trate del más sencillo, sobre todo si hay tres siglos de por medio, ¿cuánto no revuelven y se afanan los eruditos para poner en claro si quiso decir a o b, cuántos lugares no toman del revés y del derecho para sacar­les un sentido que a veces no resulta por ninguna parte? ¿Qué tiene de particular que en un poeta tan apretado como Góngora haya escollos, y aun en alguna mayor proporción que en los demás? ¿Vamos a dejar por eso de leerle? ¿Con qué derecho tildar a las Soledades de incomprensibles por­que haya unos cuantos pasajes que lo sean?

    La oscuridad de las Soledades es una idea que solo ha podido abrirse paso dentro del estrecho y sórdido ámbito de rutina en que da vueltas a la noria la crítica literaria oficial de España. Esta crítica ha sido tan desgraciada que ha ido a elegir el califi­cativo que peor convenía a la poesía de Góngora: oscura. No oscuridad; sí dificultad. Pero tras estas dificultades, la más rutilante iluminación, el más intenso, el más nutrido acopio de temas de belleza.

    1 comentario en «¿Contextualizamos? 18-1-2020»

    1. Yo diría que el tema es la descripción de la muerte, simbolizada en una gruta a la cual accedemos a ella y en la que todo está oscuro y hay poca luz. Es una descripción algo grotesca, o me lo parece, produce temor, soledad. La figura retórica del final el paralelismo y sinestesia.

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.