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¿Contextualizamos?

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    Inicio: textos representativos de la época lingüística y literaria

    Os dejo el nuevo texto para una mejor preparación del ejercicio práctico de contextualización literaria. En esta ocasión hemos de apreciar los rasgos formales más característicos en función de su relevancia para el sentido global del mensaje, tal y como determinan los criterios de valoración de las diferentes convocatorias.

    ¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
    al paso de los tristes y errantes soñadores?
    ¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
    tiránico a las aguas e impasible a las flores?
    
    Yo te saludo ahora como en versos latinos
    te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
    Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
    y en diferentes lenguas la misma canción.
    
    A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
    A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez…
    Soy un hijo de América, soy un nieto de España…
    Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez…
    
    Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
    den a las frentes pálidas sus caricias más puras
    y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
    de nuestras mentes tristes las ideas oscuras.
    
    Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
    se mueren nuestras rosas, se agotan nuestras palmas,
    casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
    y somos mendigos de nuestras pobres almas.
    
    Nos predican la guerra con águilas feroces,
    gerifaltes de antaño revienen a los puños,
    mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
    ni hay Rodrigos, ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni Nuños.
    
    Faltos de los alientos que dan las grandes cosas,
    ¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
    A falta de laureles son muy dulces las rosas,
    y a falta de victorias busquemos los halagos.
    
    La América española como la España entera
    fija está en el Oriente de su fatal destino;
    yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
    con la interrogación de tu cuello divino.
    
    ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
    ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
    ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
    ¿Callaremos ahora para llorar después?
    
    He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros
    que habéis sido los fieles en la desilusión,
    mientras siento una fuga de americanos potros
    y el estertor postrero de un caduco león…
    
    …Y un Cisne negro dijo: «La noche anuncia el día».
    Y uno blanco: «¡La aurora es inmortal, la aurora
    Es inmortal!» ¡Oh, tierras de sol y armonía,
    aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!

    El modernismo literario «al hispánico modo».

    Ya hemos comentado en más de una ocasión la importancia literaria del símbolo del cisne en Rubén Darío. Años después Enrique González Martínez , considerado uno de los últimos poetas modernistas, daría por finiquitado el movimiento. Así lo manifestó en su famoso soneto: «Tuércele el cuello al cisne…». Es importantísimo y muy relevante entender el simbolismo del cisne en la poética rubeniana tal y conforme estuvimos viendo en una entrada reciente.

    Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
    que da su nota blanca al azul de la fuente;
    él pasea su gracia no más, pero no siente
    el alma de las cosas ni la voz del paisaje.
     
    Huye de toda forma y de todo lenguaje
    que no vayan acordes con el ritmo latente
    de la vida profunda... y adora intensamente
    la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.
     
    Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
    desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
    y posa en aquel árbol el vuelo taciturno...
     
    Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
    pupila, que se clava en la sombra, interpreta
    el misterioso libro del silencio nocturno.

    Bases para la comprensión de los textos literarios modernistas

    Pedro Salinas, en un ensayo singular afirma al examinar la posible equivalencia entre las denominaciones «generación del 98» y «modernismo»: «el mo­dernismo, a mi entender, no es otra cosa que el lenguaje generacio­nal del 98». Exacto. Por tal razón los escritores españoles del perio­do se inscriben en el amplio cuadro de lo que es, no ya un vasto movimiento literario, sino una época marcada precisamente por esa renovación del lel}guaje, indicio del cambio en la sensibilidad y en las actitudes. [ … ]

    Precursores: los autores románticos

    Palabras como «intrahistoria» o «agonía», por ejemplo, fueron puntos de partida para la elaboración de una obra y hasta de una teoría que parecieron nuevas porque los signos verbales pertenecían a un sistema distinto del vigente hasta entonces. Las palabras son el contenido y se recordará cuánto insistió Unamuno en la importancia de estas cuestiones.

    «La palabra te traerá la idea», decía. Y más: la palabra será la idea, y el ritmo la visión, la creación. Quizá podemos citar a Bécquer y a Rosalía como precursores (en España): la «negra sombra» de Rosalía ya no es un espectro romántico sino otra cosa sustancialmente distinta: la sombra que asombra y así se presenta como fatalidad y destino.

    Bécquer y Rosalía, representantes del postromanticismo

    Estoy hablando de Bécquer y de Rosalía para asociarlos con Una­muno, como pudiera hacerlo con Antonio Machado. Caen las barre­ras generacionales y otro tipo de afinidades se afirma en el tiempo y en el espacio: en Rosalía hallamos ya giros expresivos y cadencias del lenguaje que Salinas llamaba «modernismo», y con el nuevo len­guaje todo va a parecer -y a ser- diferente.

    De no fijarse suficientemente en la creación misma, de exaltar el españolismo frente al universalismo y de subrayar lo negativo con preferencia a lo positivo arranca el error llamado «generación del 98».

    El maestro Azorín y la plasmación del pesimismo frente a la melancolía modernista

    Para describir la sustancia generacional Azorín enumera los hechos contra los cuales se alzaron los escritores de la promoción noven­tayochista: «las corruptelas administrativas, la incompetencia, el chan­chullo, el nepotismo, el caciquismo, la verborrea, el «mañana», la tra­pacería parlamentaria, el atraco en forma de discurso grandilocuen­te … , todo el denso e irrompible ambiente» del país. Protesta nece­saria que acreditó a los protestantes de ciudadanos virtuosos y ejem­plares, pero no excepcionales, pues bajo el signo de la rebeldía se instituye en todas partes el modernismo.

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