Introducción: una muestra representativa de un universo poético particular
Pese a su hermetismo y dificultad hermenéutica este texto ofrece elementos que nos pueden orientar en su localización literaria. El poema «Las personas mayores/ a qué hora volverán…» es una muestra muy significativa de la poética del autor que nos ocupa. Las cuestiones que debemos plantearnos a propósito del texto son las siguientes:
- ¿Qué visión de la existencia humana exhibe?
- ¿Cómo ejercita la técnica poética?
- ¿Ante qué tipo de literatura estamos?
- ¿Hay signos de vanguardia?
- ¿Qué técnica métrica utiliza?
Las personas mayores
¿a qué hora volverán?
Da las seis el ciego Santiago,
y ya está muy oscuro.
Madre dijo que no demoraría.
Aguedita, Nativa, Miguel,
cuidado con ir por ahí,
por donde acaban de pasar gangueando
sus memorias dobladoras penas,
hacia el silencioso corral, y por donde
las gallinas que se están acostando todavía,
se han espantado tanto.
Mejor estemos aquí no más.
Madre dijo que no demoraría.
Ya no tengamos pena. Vamos viendo los barcos
¡el mío es el más bonito de todos!
con los cuales jugamos todo el santo día.
sin pelearnos, como debe ser: han quedado
en el pozo de agua, listos,
fletados de dulces para mañana.
Aguardemos así, obedientes y sin más
remedio, la vuelta, el desagravio
de los mayores siempre delanteros
dejándonos en casa a los pequeños,
como si también nosotros
no pudiésemos partir.
Aguedita, Nativa, Miguel?
Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.
No me vayan a haber dejado solo,
y el único recluso sea yo.
El hermetismo vanguardista: la nota predominante
A pesar del hermetismo que podáis apreciar en la composición, es una de las menos herméticas de Trilce (1922) de Vallejo. La voz del poema es la de un adulto que rememora el doble miedo infantil a la ausencia de personas mayores y a la oscuridad, principalmente la madre. El poeta adulto rememora su imagen del miedo infantil, en un presente en el que parece haberse quedado solo.
Es inevitable pensar en la muerte: la oscuridad, el miedo, la desorientación por la ausencia de los mayores que se han ido «siempre delanteros»,»dejándonos en casa a los pequeños», la llamada a seres que probablemente ya se han ido: «Aguedita, Nativa, Miguel?», el verso final: «y el único recluso sea yo» (interpretado este último verso por su alusión a la existencia como forma de encierro y cárcel). Imagen de desolación, desesperación y muerte. Comparemos el tratamiento sereno y resignado de un hecho tan luctuoso en «Requiem», elegía por Manuel del Río en José Hierro con la desorientación y el caos que provoca el sentimiento en esta otra composición.
Rasgos de la literatura de vanguardia
La literatura de vanguardia irrumpe con fuerza a la altura de 1940. Alcanza su punto culminante con el surrelatismo, tendencia de máxima expresión y desconcertante sentido. En la composición con la que entrenamos el comentario literario, aparecen rasgos de sinsentido kafkiano, incoherencias en la expresión dislocada de la realidad extralingüística y un halo general de ilogicidad envuelve el conjunto poemático.
Mas, preguntémonos: ¿qué intención y sentido quiere trasladarnos César Vallejo? Precisamente, en esta clave se encuentra una de las respuestas. El poeta quiere contagiarnos, impregnarnos, en este poema, del sinsentido de la existencia humana. Para lograr tal objetivo, nos invita a adentrarnos en el laberinto lírico de la expresión poética, prosaica y desconcertante.
Lectores in fábula del poema «Las personas mayores/ a qué hora volverán…»
Como quería Umberto Eco, nos convertimos en lectores colaborativos, partícipes de la extracción de sentido último. El poema «Las personas mayores…a qué hora volverán…» es un verdadero entresijo de sensaciones, impulsos y aproximaciones al significado mediante la intución. He aquí que la zona de contagio a la que nos somete impulsa semas de concordancia existencialista: «la partida», «el vacío», «la soledad»…. destellan en los versos. Estallan en suma en chirriantes y punzantes impresiones que llaman al desconcierto.
Tras los primeros versos, el silencio del campanario, la inocencia de los niños, apreciamos el desamparo de la inocencia. Va más allá incluso en la terca impresión de la soledad humana, el nihilismo y la amenaza de la partida, la propia muerte, el final de esas «dobladoras penas», que atraviesan «gangeando sus memorias» las calles de la existencia individual y humana en general.