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¿Contextualizamos?

    Iniciamos una nueva semana de estudio con nuestra propuesta de contextualización de un texto en su periodo, movimiento o escuela literaria. En la entrada de la semana pasada relacionamos una serie de rasgos esclarecedores de la retórica quevediana. Ahora apreciaremos otros rasgos, que, si bien perpetúan una línea de retórica muy definida, diferenciarán la intencionalidad y el sentido artístico del texto; su finalidad en definitiva.

    Para elaborar el ejercicio es muy recomendable haber leído mucha literatura. Esta labor os permitirá fraguar un campo de visión crítica de los periodos literarios, como individuaciones de estilo, concepciones, representaciones mentales y retóricas de época.

    En esta ocasión nos encontramos ante un texto que posee rasgos inconfundibles del periodo al que pertenece. Se trata de recursos que afectan a la esencia misma del concepto y realzan el valor trópico del lenguaje con metáforas, imágenes y símiles. Destacan otros artificios sintácticos como el hipérbaton o la intensificación de la asimilación directa con la derivación o la concisión estilística de la elipsis, que pone de relieve la intensidad conceptual de la frase o del término, dificultando, en ocasiones su comprensión. Es muy interesante reparar en el esquema entonativo, en las alusiones y su expresividad desbordada, al léxico, al contraste entre la realidad, la apariencia y la fantasía, muy típico de la época.

    Son muy definitorios los rasgos que se sitúan en el plano de análisis estrictamente formal. Forma y fondo se abrazan en una misma unidad semiótica, inmanente y autosuficiente, como defendían los formalistas rusos.

    ¡Oh crueles Hados, Oh Cielos,
    Oh Sol, Oh Luna, Oh Estrellas
    Planetas, Signos, Luceros!
    ¡Cuan en vano solicita
    el humano entendimiento
    torcer de vuestros influjos
    los soberanos decretos!
    Marfisa lo diga, pues
    criada con tanto secreto
    sin ser vista, o ver el vario
    tráfago de los comercios,
    no pudo toda la ciencia
    de mis mágicos desvelos
    ocultarla, hasta que el punto
    de su amenazado riesgo
    cumpla el hado, pues el día
    que a su auge llegó el agüero,
    es el que mi estudio roba,
    y de mí se viene huyendo.
    Bien pudiera yo cobrarla,
    como otra vez hice; pero
    si imperio en Megera tuve,
    en su influjo no me atrevo,
    el día que por vencido
    me doy a mayor imperio:
    y así , lo más que mi amor
    puede hacer (porque no puedo
    dejar de amarla) es venir
    tan otro en su seguimiento,
    a ver en qué para haber
    traído consigo el veneno
    de amor, que amando o amada
    la destina…

    Contextualización histórico-literaria

    El texto propuesto pertenece a la última comedia que escribió Pedro Calderón de la Barca: Hado y divisa de Leonido y Marfisa (dada en el Coliseo del Buen Retiro el día 3 de marzo de 1.680) a cuya representación en la RESAD tuvimos la suerte de asistir.

    Para su correcta localización en el periodo  no nos olvidemos de las coordenadas que nos ofrece Francisco Abad Nebot (Historia general de la lengua española, Valencia, Tirant Humanidades, 2017)  según las cuales, aunque apreciemos una continuidad emergente en los cambios lingüísticos de más larga duración del  segundo Siglo de Oro, podemos acotar tres tiempos de duración intermedia o épocas del idioma: de 1611 a 1647, de 1647 a 1680, y de 1680 a 1713. 

    La época posterior en 1647 entre la segunda mitad del Seiscientos y la segunda responde  a que nos encontramos con la denominada segunda manera de hacer teatro o segunda época de Calderón. La artificiosidad de la lengua, el sentido cósmico, la preeminencia del signo y el azar, la proyección del designio mortal en los astros…son elementos del Calderón repetirá de Saber del mal y del bien: «ni es cielo ni es azul». La confianza en lo natural falta; el nexo con la realidad se difumina y extravía la confianza en la sencilla veracidad del lenguaje, también, como identificó  Menéndez Pidal en su magistral artículo de 1933: “El lenguaje del siglo XVI”. Apreciemos elementos espectaculares y referencias que nos ayudarán a proyectar el sentido a su época: el énfasis declamatorio, el molde versal, las alusiones a los “Signos, Astros, Planetas”, la temática, el estilo conceptuoso, etc.

    1 comentario en «¿Contextualizamos?»

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