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¿Contextualizamos?

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    Inicio: los límites entre la filosofía y la literatura

    Arrancamos el calendario semanal con un nuevo texto dedicado a preparar de la mejor manera posible el ejercicio de encuadre filológico y literario. En él apreciaremos indicios evidentes que justificarán nuestra «hipótesis contextualizadora». Especialmente, nos centraremos en el comentario literario sobre textos de Unamuno, lo que incluye análisis de estilo y contenido.


    ¿Por qué el diminutivo es señal de cariño? —iba diciéndose Augusto camino de su casa—. ¿Es acaso que el amor achica la cosa amada? ¡Enamorado yo! ¡Yo enamorado! ¡Quién había de decirlo… ! Pero ¿tendrá razón Víctor? ¿Seré un enamorado ab initio? Tal vez mi amor ha precedido a su objeto. Es más, es este amor el que lo ha suscitado, el que lo ha extraído de la niebla de la creación. Pero si yo adelanto aquella torre no me da el mate, no me lo da. ¿Y qué es amor? ¿Quién definió el amor? Amor definido deja de serlo… Pero, Dios mío, ¿por qué permitirá el alcalde que empleen para los rótulos de los comercios tipos de letra tan feos como ese? Aquel alfil estuvo mal jugado. ¿Y cómo me he enamorado si en rigor no puedo decir que la conozco? Bah, el conocimiento vendrá después. El amor precede al conocimiento, y este mata a aquel. Nihil volitum quin praecognitum, me enseñó el padre Zaramillo, pero yo he llegado a la conclusión contraria y es que nihil cognitum quin praevolitum. Conocer es perdonar, dicen. No, perdonar es conocer. Primero el amor, el conocimiento después. Pero ¿cómo no vi que me daba mate al descubierto? Y para amar algo, ¿qué basta? ¡Vislumbrarlo! El vislumbre; he aquí la intuición amorosa, el vislumbre en la niebla. Luego viene el precisarse, la visión perfecta, el resolverse la niebla en gotas de agua o en granizo, o en nieve, o en piedra. La ciencia es una pedrea. ¡No, no, niebla, niebla! ¡Quién fuera águila para pasearse por los senos de las nubes! Y ver al sol a través de ellas, como lumbre nebulosa también. ¡Oh, el águila! ¡Qué cosas se dirían el águila de Patmos, la que mira al sol cara a cara y no ve en la negrura de la noche, cuando escapándose de junto a san Juan se encontró con la lechuza de Minerva, la que ve en lo oscuro de la noche, pero no puede mirar al sol, y se había escapado del Olimpo!


    Pensamiento y literatura en Unamuno

    Ya estuvimos tratando en otra entrada el concepto de la nivola, género inventado e impulsado por Miguel de Unamuno (1864-1936). Incluir un comentario literario sobre textos Unamuno requiere entender las características que él mismo da a entender en Niebla (1914). No olvidemos que se trata de un autor que podría aparecer en la parte práctica de las oposiciones. En los exámenes de la PAU ha llegado a aparecer hasta 27 veces.

    Para Don Miguel de Unamuno la nivola incluye mucha secuencia dialogada, poca acción narratológica, dinamismo, personajes bien retratados, con interioridad, redondos, etc. Se trata de un hallazgo narratológico inspirado en Joyce, lo cual ofrece un interesante desafío al realizar un comentario literario sobre textos Unamuno.

    El contexto del Madrid del 98, su influencia en la novela de Unamuno

    En un ensayo de 1902 recuerda Unamuno la impresión de su pri­mera llegada a Madrid, el año 1880, a los dieciséis de su vida: «una impresión deprimente y tristísima, bien lo recuerdo. Al subir, en las primeras horas de la mañana, por la cuesta de San Vicente, parecía­me trascender todo a despojos y barreduras. Fue la impresión penosa que produce un salón en que ha habido baile público, cuando por la mañana siguiente se abren las ventanas para que se oree, y se empieza a barrerlo». Descubre inmediatamente «rostros macilentos,espejos de miseria, ojos de cansancio y esclavos de espórtula». «Fui a parar -añade- a la casa de Astrarena. Recuerdo el desánimo que me invadió al asomarme a uno de los menguados balconcillos que dan a la calle de Hortaleza y contemplar desde allí arriba el hormi­gueo de los transeúntes por la red de San Luis…Estas emociones reviven en mí cada vez que entro en Madrid.»

    Para muchos madri­leños y para no pocos de los provincianos llegados a la Corte, Madrid tenía acaso la superficial alegría del salón de baile. Unamuno, apenas llegado, ve inmediatamente el reverso directo de esa imagen. Madrid es un salón de baile, pero a la hora triste y sucia en que comienzan a barrerlo.

    La aportación literaria de Unamuno: la «nivola»

    Como decimos más arriba, la mayor parte de la producción de Una­muno se desgranó en la casi diaria colaboración periodística, cuyo cono­cimiento por parte de la crítica no es aún ni completo ni sistematizado. Al hacer un comentario literario sobre los textos de Unamuno, uno debe considerar cómo contribuyó decisivamente a la plasmación de la retórica particular del ensayismo español contemporáneo que en su caso -y más que en ninguno de sus contemporáneos- tenía un punto de partida autobiográfico que desarrolla la reflexión por una suerte de círculos concéntricos.

    Hacia una literatura impresionista y filosófica

    El recuerdo de la infancia (tan importante en Unamuno ), la vivencia del paisaje, su peculiar entendimiento de la lectura, una mínima fabulación (como su­cedía en el cuento clariniano, tan bien conocido por el escritor), son los pretextos más usuales de esa desperdigada autobiografía espiritual que conforman los ensayos del autor vasco, a menudo agrupados por él mismo en volúmenes de cierta unidad temática. Su más renovadora y perdurable aportación lo fue, sin embargo, a la narrativa, con una innovación: la «nivola».

    1 comentario en «¿Contextualizamos?»

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