¿Contextualizamos? 7-4-2020

Analicemos una nueva composición esta vez de variado signo en la preparación con textos literarios.

¿Seríamos capaces de extraer algunos topoi que nos llevaran al encuadre más acertado?

Bastábale al clavel verse vencido
del labio en que se vio, cuando esforzado
con su propia vergüenza lo encarnado,
a tu rubí se vio más parecido.

Sin que en tu boca hermosa dividido
fuese de blancas perlas granizado,
pues tu enojo, con él equivocado,
el labio por clavel dejó mordido.

Si no cuidado de la sangre fuese,
para que a presumir de tiria grana,
de tu púrpura líquida aprendiese.

Sangre vertió tu boca soberana,
porque roja victoria amaneciese,
llanto al clavel, y risa a la mañana.

Uno de los subgéneros poco apreciados en Quevedo, autor de esta magnífica composición, es el de la poesía erótica. Uno de los elementos en la correlación erótica del autor son los labios. El color rojo intenso tan propio del amor cortés. La recreación sensorial apunta a los labios de la dama. La dama, por morder con sus dientes de granizo el clavel, equivocada, muerde con fuerza el labio, metáfora del clavel de su rostro (observamos aquí el conceptismo puro quevediano y el juego de referentes). He aquí que el autor se recrea en el color puro de la sangre que brota de los labios de la dama y que no pueden equiparar el rojo de los labios ni del clavel. Una imagen bastante inaudita la de la dama riendo por su victoria sobre el clavel con la propia boca ensangrentada. El clavel sustituye en esta erótica a la rosa (como vimos en otra composición) y desencadena la erotización de los labios.

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