¿Contextualizamos? 24-11

Os dejo un nuevo texto de cara a practicar en nuestro ejercicio cotidiano de cara a la oposición de lengua y literatura.

La temática destaca por su recursividad y alta frecuencia de aparición a lo largo de este periodo. Es conveniente centrarse en los rasgos. ¿Podéis identificar cuáles son? ¿Qué otros poetas partirán de este mismo motivo y amplificarán su tratamiento con nuevos fines?

Nunca os he visto, aunque muero, 
misericordia, jamás,
y con todo, os quiero más
que al corazón con que os quiero.
Vuestra condición esquiva
mata a mi esperanza, y veo
que tanto crece el deseo
cuanto la ve menos viva.
Y así, deseo y no espero,
por do el daño es sin compás;
con todo, os quiero más
que al corazón con que os quiero.

Gracias, Juan Carlos, por tus claves hermenéuticas, siempre agudas y de gran acierto. Señalas dos hechos: la esquividad y el deseo. ¿ Os imagináis a Grisaldo cansado de los necios desdenes de Galatea? Se corresponden, asimismo, con la consideración de las causas que provocan esta esquividad: bien porque la dama está casada o bien por el rechazo del amante. El deseo es una fuerza irrefrenable en la que deriva la contemplación amorosa. Hacíamos alusión al paradigma mitológico de esquividad en otra entrada.

En esta composición es importante considerar uno de los topoi literario que persistirá a lo largo del periodo. Se trata de la distancia entre la realidad y el deseo. La imposibilidad de dar rienda suelta al deseo amoroso por distintas circunstancias que imposibilitan la unión amorosa.

Esta distancia crea una frustración y dolor vital en el poeta. Sin duda se trata de un sentimiento que tendrá honda tradición literaria. También Garcilaso experimentará este pesaroso sentimiento. Posteriormente, autores como Luis Cernuda escribirán:

 ¿A qué cielo natal, ajeno ausente 
le niega esa inmortal presencia esquiva,
ese contorno tibiamente pleno?
de mármol animado quiere ,y siente;
inmóvil pero trémulo se aviva
al soplo de un purpúreo anhelar lleno.
El dibujo sereno
del desnudo tan puro
en un reflejo duro
copia la luz que mira su reposo.
Y levantando el bulto prodigioso
desde el sueño remoto donde yace,
destino poderoso,
a la fuerza suprema firme nace.

Pero ¿es un dios? el ademán parece
romper de su actitud la pura calma
con un gesto de muda melodía
que luego suspendido no perece;
silencioso más vívido, con alma,
mantiene sucesiva su armonía
El dios que traslucía
ahora olvidado yace;
eco suyo renace
el hombre que ninguna nube cela.

La hermosura diáfana no vela
ya la atracción humana ante el sentido;
y su forma revela
un mundo eternamente presentido.
Qué prodigiosa forma palpitante,
cuerpo perfecto en el vigor primero,
en su plena belleza tan humano.
alzando su contorno triunfante
sólido sí, mas ágil y ligero,
abre la vida inmensa ante su mano.
Todo el horror en vano
a esa firmeza entera
con sus sombras quisiera
derribar de tan fúlgida armonía.
Pero acero obstinado, sólo fía
en sí mismo ese orgullo tan altivo;
claramente se guía
con potencia admirable, libre y vivo.

Esta composición ofrece, por tanto, un rico dialogismo con otras de su época y también posteriores. Pertenece a Gutierre de Cetina, uno de los poetas que abrazarán con fuerza el petrarquismo.

1 comentario en “¿Contextualizamos? 24-11

  • La canción señala, a mi parecer, una condición “esquiva” y el “deseo” por ver a una amada a la que no vio todavía (“nunca os he visto”) que le lleva a una condición (“muero”) propia del “amor loco”, desmedido que, en el plano moral, señalarán la ‘Tragicomedia de Calisto y Melibea’, la ‘Reprobación del Amor Mundano’, el ‘Libro de Buen Amor’…

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