¿Contextualizamos? 21-2-2020

He aquí un nuevo poema del que debemos extraer los rasgos fundamentales de época y estilo.

  La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?


¿De dónde, donosa,
el lindo lunar
que sobre tu seno
se vino a posar?

¿Cómo, di, la nieve
lleva mancha tal?
      La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?


¿Qué tienen las sombras
con la claridad,
ni un oscuro punto
con la alba canal

que un val de azucenas
hiende por mitad?
      La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?


Premiando sus hojas,
el ciego rapaz
por juego un granate
fue entre ellas a echar;

mirolo y riose,
y dijo vivaz:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


En él sus saetas
se puso a probar,
mas nunca lo hallara
su punta fatal.

Y diz que picado,
se le oyó gritar:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


Entonces su madre
la parda señal
por término puso
de gracia y beldad,

do clama el deseo
al verse estrellar:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


Estréllase, y mira,
y torna a mirar,
mientra el pensamiento
mil vueltas le da,

iluso, perdido,
ansiando encontrar,
      la noche y el día
      ¿qué tienen de igual?


Cuando tú lo cubres
de un albo cendal,
por sus leves hilos
se pugna escapar.

¡Señuelo del gusto!
¡dulcísimo imán!
      La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?


Turgente tu seno
se ve palpitar,
y a su blando impulso
él viene y él va;

diciéndome mudo
con cada compás:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


Semeja una rosa
que en medio el cristal
de un limpio arroyuelo
meciéndose está,

clamando yo al verle
subir y bajar:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


¡Mi bien!, si alcanzases
la llaga mortal
que tu lunarcito
me pudo causar,

no así preguntaras,
burlando mi mal:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


Esta composición pertenece a Juan Meléndez Valdés , nacido en 1754 en Ribera del Fresno (Badajoz). En 1772 llega a Salamanca a estudiar humanidades y derecho, y pronto se asoció al grupo de poetas conocidos como la segunda Escuela de Salamanca: Fr. Diego González, José Iglesias de la Casa, Fr. Juan Fernández de Rojas. También conoció a Cadalso en 1773.
La carrera poética de Meléndez se volvió pública en 1780 cuando la Academia Española premió su égloga Batilo (también era su seudónimo). Un año después se fue a Madrid, donde conocerá personalmente a Jovellanos. Fue nombrado catedrático de humanidades. Luego entró en la magistratura y fue fiscal. A pesar de haber escrito dos romances exhortando a la resistencia contra los franceses, en 1808 juró fidelidad al rey José I.
La obra poética de Meléndez entra en las principales corrientes poéticas de su época: la rococó, la neoclásica y la que para unos es prerromántica, para otros romántica. Lo rococó abunda más en sus poesías de metros cortos y el llamado Prerromanticismo en las escritas en endecasílabos sueltos. La poesía de sensibilidad se halla en todas las clases de composiciones, más frecuente en las odas, elegías y las epístolas.

En el texto apreciamos la estética rococó en varios motivos:

.-El carácter sensual y refinado.

.-El carácter agradable, dulce y sencillo de la composición.

.-El juego conceptual y semántico, en línea con la búsqueda del entretenimiento y el deleite.

.-El equilibrio y la armonía compositiva.

Este estilo inicia su declive hacia 1760 por desgaste y hartazgo de la recepción.

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