¿Contextualizamos? 19-4-2020

Os dejo un nuevo texto para concluir la semana. En él se revuelve uno de los temas fundamentales del autor al que pertenece.

El universo visible, el que es hijo del instinto de conservación, me viene estrecho, esme (= “me es”) como una jaula que me resulta chica, y contra cuyos barrotes da en sus revuelos mi alma; fáltame en él aire que respirar. Más, más y cada vez más; quiero ser yo, y sin dejar de serlo, ser además los otros, adentrarme a la totalidad de las cosas visibles e invisibles, extenderme a lo ilimitado del espacio y prolongarme a lo inacabable del tiempo. De no serlo todo y por siempre, es como si no fuera, y por lo menos ser todo yo, y serlo para siempre jamás. Y ser todo yo, es ser todos los demás. ¿O todo o nada!

¡O todo o nada! ¿Y qué otro sentido puede tener el «ser o no ser!» To be or no to be sespiriano, el de aquel mismo poeta que hizo decir de Marcio en su Coroliano (V, 4) que sólo necesitaba la eternidad para ser dios: he wants nothing of a god but eternity? ¡Eternidad! ¡eternidad! Este es el anhelo; la sed de eternidad es lo que se llama amor entre los hombres; y quien a otro ama es que quiere eternizarse en él. Lo que no es eterno tampoco es real.

Gritos de las entrañas del alma ha arrancado a los poetas de los tiempos todos esta tremenda visión del fluir de las olas de la vida

¡Todo pasa! Tal es el estribillo de los que han bebido de la fuente de la vida, boca al chorro, de los que han gustado del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal.

¡Ser, ser siempre, ser sin término, sed de ser, sed de ser más! ¡hambre de Dios!, ¡sed de amor eternizante y eterno!, ¡ser siempre!, ¡ser Dios!

En el texto observamos uno de los temas fundamentales del pensamiento existencial de Unamuno en línea con el vitalismo influido por Kierkegaard. Se trata de un “pensamiento vivo” frente a lo que llamó la ideocracia racionalista. En Del sentimiento trágico de la vida (1913) aparecen algunas de las formulaciones más intensas de tal pensamiento. Arranca de la realidad del “hombre de carne y hueso” y de sus anhelos. Ante todo, las ansias contradictorias de “serse” y de “serlo todo” (“sed de ser”; “sed de ser más”), es decir, entre escoger en una sola dirección la propia personalidad y ahondar en ella o volcarse hacia todas las posibilidades, hacia Todo o el Todo. Es el anhelo de “ser cada uno lo que es, siendo a la vez todo lo que es”, pretensión que él llama “la divinización de todo”.

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