¿Contextualizamos? 13-5-2020

He aquí una nueva muestra para preparar el ejercicio habitual de localización lingüística y literaria.

“EL OTOÑADO”
Estoy completo de naturaleza,
en plena tarde de áurea madurez,
alto viento en lo verde traspasado.
Rico fruto recóndito, contengo
lo grande elemental en mí (la tierra,
el fuego, el agua, el aire), el infinito.
Chorreo luz: doro el lugar oscuro,
trasmino olor: la sombra huele a dios,
emano son: lo amplio es honda música,
filtro sabor: la mole bebe mi alma,
deleito el tacto de la soledad.
Soy tesoro supremo, desasido,
con densa redondez de limpio iris,
del seno de la acción. Y lo soy todo.
Lo todo que es el colmo de la nada,
el todo que se basta y que es servido
de lo que todavía es ambición.

En la etapa de pureza, de desprendimiento de los ropajes modernistas, Juan Ramón se acerca ya al concepto de creación pura y encuentro con la belleza absoluta. Esta composición perteneciente a La estación total (1936) apela a todos los elementos de transmisión emocional (la tierra, el fuego, el agua, el aire) como índice que muestra el haber alcanzado la intuición básica: la de embriaguez por haber alcanzado la posesión del universo en el fondo de su conciencia. Este estado de conciencia se alcanza en la “estación total” que contiene las otras estaciones, solamente variaciones de aquella en la expresión de la totalidad y de perfección. El poeta se encuentra “otoñado”, embriagado de otoño, en el fondo de las emanaciones sensoriales que dimanan de la embriaguez otoñal.

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